Mega Zoé
Estudio #1421Iglesia en las casas

Sostenido En La Palabra

Sostenido En La Palabra llama a atender la Palabra de Dios y permanecer firmes en las pruebas.

Antiguo TestamentoSalmos4 min lectura

Para mejorar una vida y por tal razón, toda conducta humana hay que mejorar el hablar y el pensamiento para bien y la justicia. No se puede llegar a bien cuando se le habla a otro si no mejoramos dos palabras: lisonjeros y la lengua jactanciosa.

Cuando se es halagado se es suave, resbaladizo y agradable.

El que busca congraciarse (ganarse, conquistar) con alguien mediante alabanzas.

Aquella persona que le agradará con quien habla.

Busca con la adulación (halago, alabanza), con intención de obtener algún tipo de beneficio. (ventaja, interés, o reconocimiento).

Las personas que son jactanciosas son personas arrogantes, presuntuosas, les encanta glorificarse (hacer glorioso, ensalzar) cuando no lo son.

Les encanta hablar sobre todo de sus propias obras.

Es extraño que el yugo fácil del Señor sea tan duro para "los hombros del orgulloso", en tanto que las cadenas de Satanás que los atan le parezcan de oro.

Uno se imagina generalmente que los halagadores son parásitos despreciables, que se arrastran y lamen y que no pueden ser orgullosos; pero el sabio te dirá que si bien todo orgullo es verdaderamente mezquino (tacaño, ruin) hay mucho orgullo en la mezquindad extrema.

Cuando se es jactancioso (arrogante, engreído) se habla tan solo sobre todas sus propias obras.

(Salmos 12: 4) Todo el que sabe de oratoria, y cuanto más saben hablan cual sea su especialidad de su tema, contra la iglesia.

Los que pretenden saber hablan muy apasionado contra la iglesia.

Nuestros labios por nosotros; ¿Quién va a ser amo nuestro?

Le tenemos que ver con Dios.

Hemos de dejar de decir que somos nuestros.

Entonces considerar (pensar) a Dios como nuestro amo.

(Salmos (12:5) Por la opresión de los humildes.

La pobreza, la necesidad y la miseria deben ser motivos para la compasión.

Los opresores hacen de ellas las piedras afiladoras de su crueldad y severidad.

Los menesterosos (falto, necesitado, carece de mucho) Dios les ayudará de los opresores; sí, Él defenderá su causa con pestilencia y fuego.

(Salmos 12:6) las palabras de Jehová son palabras sinceras, como plata refinada en horno de tierra, purificada siete veces.

Las palabras del hombre son sí y no, pero las promesas del Señor son sí y amén.

En el original hay una alusión (referencia, cita) al proceso purificador más estricto conocido por los antiguos, por medio del cual la plata pasaba al grado de pureza máximo deseado; la escoria era consumida totalmente y solo quedaba el metal precioso y reluciente; así limpio y libre de toda aleación (mezcla) de error o infidelidad es el libro de las palabras del Señor.

La Biblia ha pasado por medio del horno de la persecución, el criticismo literario, la duda filosófica, los descubrimientos científicos y no ha perdido nada sino las interpretaciones humanas que se adhieren a ella como aleación al precioso metal.

Lo que purifica la plata, para conseguirlo la introducían en el fuego una y otra vez, hasta que quedaba totalmente probada.

La doctrina de la gracia gratuita de Dios ha sido puesta a prueba una y otra vez y mil veces.

Pasan muchas pruebas y una y otra vez y mil veces.

Pelagio empieza y mezcla con ella su escoria, luego semipelagiamos los papistas, ramonianos y siguen mezclando escoria; y al día de hoy hay una multitud de escoria que se mezcla.

Dios hace que su verdad sea probada siete veces en el fuego, hasta que puede presentarse pura, como debe ser.

(Thomas Goodwin) Y digo esto porque esta verdad es preciosísima.

La Escritura es el sol; la iglesia es el reloj.

El sol sabemos que es seguro y regular de modo constante en su movimiento; el reloj puede adelantarse o bien atrasarse.

Por ello, hemos de condenar como loco al que profesa confiar en el reloj más bien que en el sol y también no podemos por menos que echar de ver la credulidad de los que prefieren confiar en la iglesia a confiar en las Escrituras.

(Proverbios 30:5) La palabra de Dios es limpia, es escudo a los que en Él esperan; "así como el oro no sufre pérdida al ser sometido al fuego, tampoco las promesas sufren pérdida cuando son puestas a prueba, sino que siguen válidas aún en nuestras mayores tribulaciones. (Thomas Manton). Amén

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz