La navegación era tan poco practicada entre los israelitas que los marineros vivían respecto al mar en una especie de misterio y su oficio era considerado como singularmente audaz y peligroso. Las historias relacionadas con el mar eran escuchadas con emoción y el que había navegado a Tarsis o a Ofir y había regresado vivo era tenido como un héroe, era considerado un marinero viejo al cual había que escuchar con atención. Los viajes por mar eran vistos como el descender a un abismo (Vers. 26). Era como ir o descender a las profundidades del misterioso mar.
Consideremos los versículos de este salmo, en ellos se compara nuestra relación con Dios con la navegación en el mar. Podemos pensar en navegar y llegar a ver y participar de las maravillas de Dios y de las profundidades de su sabiduría y de sus grandes obras. Pero, no todos tienen la misma experiencia profunda con el Señor. Pero, el que navega a esas profundidades con Dios podrá hacer muchas cosas en nombre de Él. Sería lo mejor para nuestras vidas dejarnos llevar por donde Dios nos quiere llevar a navegar. Llegar a navegar en las profundidades de su gran voluntad para cada una de nuestras vidas. Si nos lanzamos y navegamos en su voluntad nunca vamos a perecer. Las experiencias profundas que vienen de Dios tienen un buen fin o propósito.
El salmo hace alusión al peligro y a las aflicciones. La vida con Dios conlleva enfrentarnos a las luchas, a los peligros, a las tormentas y tempestades. En muchas ocasiones a algunos de los santos Dios los envía al mar de las tribulaciones del alma. ¡Cómo hay que luchar allí para poder salir ilesos! ¡Luchar de tal manera que los golpes no nos destruyan! Cuando hemos podido luchar y salir de la tormenta y de la tribulación y habíamos pensado que nos hundíamos en esas profundidades de las aguas, entonces ahí podemos ver las maravillas de la gracia divina, algo maravilloso que los demás no conocen. Al navegar por los abismos de la depravación interna, por las inmensas aguas de la pobreza, en medio de las olas de la persecución y de las marejadas de la tentación se necesita a Dios por encima de todo lo demás y ciertamente si lo buscamos lo podemos encontrar.
No hay conocimiento que nos pueda ayudar para poder salir del pozo de la desesperación, de las grandes profundidades del peligro y del temor, de las tormentas. Salmos 107: 28 "Entonces claman a Jehová en su angustia, Y los libra de sus aflicciones." Cuando todo recurso se nos ha agotado aun podemos orar con un corazón derretido que se desparrama en gritos pidiendo ayuda. Dios recibe noticias con más frecuencia de las personas afligidas que de las que se hallan en bienestar, tranquilas y fuera de peligro. El hijo pródigo era muy altivo y decidió que no regresaría nunca hasta que la necesidad lo empujó a hacerlo, entonces escuchó palabras de amor de su padre. Agar era orgullosa en la casa de Abraham, pero humilde en el desierto. Dios oyó y vio su aflicción (Génesis 21: 16-17). Manasés reinó en Jerusalén y vivía como un libertino, pero cuando estaba encadenado en Babilonia su corazón se volvió al Señor (2 Crónicas 33:11-13). De igual forma, las enfermedades corporales forzaron a otros muchos a acudir a Cristo como lo hicieron la mujer del flujo de sangre, el ciego, el paralítico cuya cama bajaron por el techo, el leproso y la suegra de Pedro. En tanto que otros que disfrutaban de salud no le reconocieron. Uno podría pensar que al Señor le produciría disgusto escuchar estas oraciones que son impulsadas solo por el deseo de salir del peligro y no por el amor y la sinceridad del corazón. Pero, si no hubiera habido la desgracia de la ceguera, la cojera, la parálisis, la fiebre, etc. en los días de Cristo, no habría habido tantos que acudieran a Él en tropel. ¡Gloria a Él por su gran amor y misericordia!
Salmos 107:29 "Cambia la tempestad en sosiego, Y se apaciguan sus ondas." La imagen es la que los discípulos cuando estaban solos por la noche en medio del mar y el viento, y las olas les eran contrarias! Remaban en vano hasta que Cristo se les acercó andando sobre el mar y mandó a los vientos que cesaran y a las olas que enmudecieran, ante lo cual sobrevino una gran calma, porque los mismos elementos conocían Su voz que les había dado el ser y le obedecieron.
Su palabra es todopoderosa para calmar el mar embravecido y los elementos más furiosos. Y Él es tan Omnipotente en el mundo espiritual como en el natural. Él oye el clamor y ordena que cesen las pasiones discordantes en las vidas de los hombres y reine una calma bendita. Luego sus criaturas se alegran porque se apaciguaron las olas embravecidas. Nadie puede apreciar tanto este versículo como el que ha estado en una tormenta en el mar. No hay música más dulce que el ruido que hacen las cadenas al ser arrastradas por los marineros cuando dejan caer el ancla; no hay lugar que parezca más deseable que la bahía o el puerto en que el barco se halle en reposo. Dios guía a los hombres que de corazón a Él claman al puerto que desean.
Cuanto más dura y peligrosa es la travesía más anhelan los marineros llegar al puerto donde estarán seguros. Solo Dios es para todo hombre la seguridad y confianza. A Él clamaremos, a Él buscaremos y en Él confiaremos en todo el tiempo de nuestra travesía. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Los Que Descienden Al Mar
Salmos 107:23-30
“Entonces claman a Jehová en su angustia, y los libra de sus aflicciones. Cambia la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas.”
El salmo compara nuestra relación con Dios con la navegación: el que se lanza a las profundidades con el Señor ve sus maravillas, pero también pasa por tormentas. Cuando todo recurso se agota, queda el clamor, y Dios cambia la tempestad en sosiego. Estos son los puntos para llevar durante la semana.
- En Israel casi nadie navegaba, y el que volvía vivo de Tarsis era un héroe. Descender al mar era como bajar a un abismo misterioso, y así es adentrarse en las profundidades de Dios.
- No todos tienen la misma experiencia profunda con el Señor. Lo mejor es dejarnos llevar a navegar en su voluntad: el que se lanza en ella nunca va a perecer, porque esas experiencias tienen buen fin.
- La vida con Dios conlleva luchas, tormentas y tempestades; a veces Él envía a los santos al mar de las tribulaciones del alma. Allí hay que luchar para que los golpes no nos destruyan.
- Ningún conocimiento nos saca del pozo de la desesperación: toda la ciencia del marinero es inútil. Cuando todo recurso se ha agotado, aún podemos orar con un corazón derretido que grita pidiendo ayuda.
- Dios recibe más noticias de los afligidos que de los tranquilos. El hijo pródigo, Agar en el desierto y Manasés encadenado se volvieron al Señor cuando la necesidad los empujó, y Él los oyó.
- Su palabra es todopoderosa: como Cristo calmó el mar ante los discípulos que remaban en vano, Él ordena que cesen las pasiones discordantes en las vidas de los hombres y reine una calma bendita.
- Cuanto más dura es la travesía, más se anhela el puerto. Solo Dios es la seguridad del hombre, y guía al puerto deseado a los que de corazón claman a Él.
Cuando llegue la tormenta de esta semana, antes de buscar otro recurso, clama a Jehová en oración y confía en que Él te guía al puerto.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
El Ancla Cae en el Puerto
Salmos 107:23-30
Para leer en voz alta con los niños
“Entonces claman a Jehová en su angustia, y los libra de sus aflicciones. Cambia la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: cuando los marineros tienen miedo y le gritan a Dios, Él calma la tormenta. El salmo cuenta de un barco sacudido por olas enormes, y de marineros que por fin oyen el ruido del ancla al llegar al puerto.
- En tiempos de la Biblia casi nadie viajaba por mar. El que volvía vivo de un viaje largo era como un héroe, y todos querían oír sus historias.
- Seguir a Dios es como navegar con Él. Si dejas que Él lleve el barco de tu vida, vas a ver cosas maravillosas que otros no conocen.
- Pero ojo: seguir a Dios no quiere decir que nunca habrá tormentas. A veces vienen problemas, tristezas y miedos que parecen olas gigantes.
- En la tormenta, los marineros sabían mucho, pero nada de lo que sabían los salvaba. Solo cuando clamaron a Dios, Él los libró.
- Jesús caminó sobre el mar y le habló al viento, y el viento le obedeció. Su voz también puede calmar el miedo dentro de tu corazón.
- No hay sonido más bonito para un marinero que el ancla cayendo en el puerto. Dios lleva a casa, seguros, a los que le llaman de corazón.
¿Qué haces tú cuando tienes miedo?
Esta semana, cada vez que algo te asuste o te preocupe, detente y dile a Dios en oración: «Ayúdame, Señor».
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
