Mega Zoé
Estudio #0739Iglesia en las casas

Los Que Descienden Al Mar

Los Que Descienden Al Mar llama a atender la Palabra de Dios y perseverar en la oración.

Antiguo TestamentoSalmos5 min lectura

La navegación era tan poco practicada entre los israelitas que los marineros vivían respecto al mar en una especie de misterio y su oficio era considerado como singularmente audaz y peligroso. Las historias relacionadas con el mar eran escuchadas con emoción y el que había navegado a Tarsis o a Ofir y había regresado vivo era tenido como un héroe, era considerado un marinero viejo al cual había que escuchar con atención. Los viajes por mar eran vistos como el descender a un abismo (Vers. 26). Era como ir o descender a las profundidades del misterioso mar.

Consideremos los versículos de este salmo, en ellos se compara nuestra relación con Dios con la navegación en el mar. Podemos pensar en navegar y llegar a ver y participar de las maravillas de Dios y de las profundidades de su sabiduría y de sus grandes obras. Pero, no todos tienen la misma experiencia profunda con el Señor. Pero, el que navega a esas profundidades con Dios podrá hacer muchas cosas en nombre de Él. Sería lo mejor para nuestras vidas dejarnos llevar por donde Dios nos quiere llevar a navegar. Llegar a navegar en las profundidades de su gran voluntad para cada una de nuestras vidas. Si nos lanzamos y navegamos en su voluntad nunca vamos a perecer. Las experiencias profundas que vienen de Dios tienen un buen fin o propósito.

El salmo hace alusión al peligro y a las aflicciones. La vida con Dios conlleva enfrentarnos a las luchas, a los peligros, a las tormentas y tempestades. En muchas ocasiones a algunos de los santos Dios los envía al mar de las tribulaciones del alma. ¡Cómo hay que luchar allí para poder salir ilesos! ¡Luchar de tal manera que los golpes no nos destruyan! Cuando hemos podido luchar y salir de la tormenta y de la tribulación y habíamos pensado que nos hundíamos en esas profundidades de las aguas, entonces ahí podemos ver las maravillas de la gracia divina, algo maravilloso que los demás no conocen. Al navegar por los abismos de la depravación interna, por las inmensas aguas de la pobreza, en medio de las olas de la persecución y de las marejadas de la tentación se necesita a Dios por encima de todo lo demás y ciertamente si lo buscamos lo podemos encontrar.

No hay conocimiento que nos pueda ayudar para poder salir del pozo de la desesperación, de las grandes profundidades del peligro y del temor, de las tormentas. Salmos 107: 28 "Entonces claman a Jehová en su angustia, Y los libra de sus aflicciones." Cuando todo recurso se nos ha agotado aun podemos orar con un corazón derretido que se desparrama en gritos pidiendo ayuda. Dios recibe noticias con más frecuencia de las personas afligidas que de las que se hallan en bienestar, tranquilas y fuera de peligro. El hijo pródigo era muy altivo y decidió que no regresaría nunca hasta que la necesidad lo empujó a hacerlo, entonces escuchó palabras de amor de su padre. Agar era orgullosa en la casa de Abraham, pero humilde en el desierto. Dios oyó y vio su aflicción (Génesis 21: 16-17). Manasés reinó en Jerusalén y vivía como un libertino, pero cuando estaba encadenado en Babilonia su corazón se volvió al Señor (2 Crónicas 33:11-13). De igual forma, las enfermedades corporales forzaron a otros muchos a acudir a Cristo como lo hicieron la mujer del flujo de sangre, el ciego, el paralítico cuya cama bajaron por el techo, el leproso y la suegra de Pedro. En tanto que otros que disfrutaban de salud no le reconocieron. Uno podría pensar que al Señor le produciría disgusto escuchar estas oraciones que son impulsadas solo por el deseo de salir del peligro y no por el amor y la sinceridad del corazón. Pero, si no hubiera habido la desgracia de la ceguera, la cojera, la parálisis, la fiebre, etc. en los días de Cristo, no habría habido tantos que acudieran a Él en tropel. ¡Gloria a Él por su gran amor y misericordia!

Salmos 107:29 "Cambia la tempestad en sosiego, Y se apaciguan sus ondas." La imagen es la que los discípulos cuando estaban solos por la noche en medio del mar y el viento, y las olas les eran contrarias! Remaban en vano hasta que Cristo se les acercó andando sobre el mar y mandó a los vientos que cesaran y a las olas que enmudecieran, ante lo cual sobrevino una gran calma, porque los mismos elementos conocían Su voz que les había dado el ser y le obedecieron.

Su palabra es todopoderosa para calmar el mar embravecido y los elementos más furiosos. Y Él es tan Omnipotente en el mundo espiritual como en el natural. Él oye el clamor y ordena que cesen las pasiones discordantes en las vidas de los hombres y reine una calma bendita. Luego sus criaturas se alegran porque se apaciguaron las olas embravecidas. Nadie puede apreciar tanto este versículo como el que ha estado en una tormenta en el mar. No hay música más dulce que el ruido que hacen las cadenas al ser arrastradas por los marineros cuando dejan caer el ancla; no hay lugar que parezca más deseable que la bahía o el puerto en que el barco se halle en reposo. Dios guía a los hombres que de corazón a Él claman al puerto que desean.

Cuanto más dura y peligrosa es la travesía más anhelan los marineros llegar al puerto donde estarán seguros. Solo Dios es para todo hombre la seguridad y confianza. A Él clamaremos, a Él buscaremos y en Él confiaremos en todo el tiempo de nuestra travesía. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz