Mega Zoé
Estudio #1516Iglesia en las casas

Cuando Confías en Hombres

Perseverar en la oración aparece aquí como una marca clara de la vida delante del Señor.

Antiguo TestamentoSalmosDomingo, 29 de junio de 20259 min lectura

La vida se compone de una ley que generaliza el universo completo: toda siembra tiene su cosecha. Si usted no tiene siembra, no tendrá el fruto que debe estar en su existencia; y lo que habla de nosotros no es lo que aparentamos de boca, sino el fruto de nuestra siembra. Sobre ese fundamento el salmista pone una comparación que hay que aprender: mejor es confiar en Jehová que confiar en príncipes. Porque los príncipes son solo hombres, y lo mejor entre los hombres son pobres criaturas; no pueden ayudarnos ni en la enfermedad, ni en la desolación, ni en la muerte, ni una pizca en lo que se refiere a nuestro estado eterno.

I. Mejor es confiar en Jehová que confiar en príncipes (Salmo 118:9).

A. Toda siembra tiene su cosecha.

1. Cada cual tiene que hacer una siembra para recoger una cosecha. Es ley de vida; no se la impongo yo, es la ley de nuestras acciones.

2. La vida no es lo que pretendemos ni lo que plasmamos delante de todo el mundo; usted no está dando lo que usted habla. Siembras poco, tienes poco; siembras mucho, tendrás mucho.

3. Sembramos frialdad, y tenemos de cosecha bloques de hielo. Siembras carne, tienes carne; y la carne se descompone, se pudre y lacera lo que está alrededor.

4. El que teme a Dios cuida cada paso de su vida. Piensa cuántas palabras se hablan al día que no valen la pena, cuántas han de tener consecuencias y con cuántas no edificamos.

5. Y nuestra siembra ha de seguir a la descendencia. La crianza que disciplina no es presumir: es sacrificio, es entrega y es más exigencia, para que vivan de tal manera que si el rapto fuera este momento se levantarían.

B. Arrastramos una naturaleza caída.

1. Adán no tenía por qué caer; no había razón ninguna, porque antes de que Satanás le hablase él vio a Dios directamente y entendió que la vida le vino del Creador.

2. Viene Satanás, le habla, y le fue común y ordinario: se lo aceptó todo. Se olvidó de que el hacedor de su vida era Dios.

3. Y no solo se apoderó de su existencia, sino, por ende, de todos los demás: dos hijos, y uno mata al otro.

4. Adán decidió, y decidió por mí; y al decidir por mí, yo he sido la que ha tenido que luchar. Es un arrastre inmenso.

5. Por mucho que aparentemos ser personas de una sola pieza, en un momento dado demostramos cuál es nuestra naturaleza: vanidosa, prepotente, orgullosa y presumida. Y pretender es el arte más grande que tenemos.

II. Los príncipes son solo hombres, y lo mejor entre los hombres son pobres criaturas.

A. En lo más mínimo no nos pueden ayudar.

1. En la enfermedad, en la desolación, en esa tristeza profunda y en la muerte, nadie te puede ayudar en lo mínimo: uno, como mortal, la tiene que vivir y padecer.

2. Toda nuestra naturaleza es frágil: no tiene poder ni fuerza. Se enferma el cuerpo, se enferma el alma, se nos enferma el espíritu y nos abatimos.

3. ¿Cómo, entonces, vamos a poner nuestra confianza en otro igual que uno? Ni pueden ayudarnos una pizca con referencia a nuestro estado eterno.

4. En la eternidad, la sonrisa de un príncipe no sirve para nada; del político y del artista que llena estadios, nada sirve allí.

5. El cielo y el infierno no prestan el menor homenaje a la autoridad regia; no hay homenaje, por reyes que sean y por posición que se tenga.

B. El favor de los príncipes es voluble.

1. Desgraciado es el hombre de la tierra; y desgraciado no es una mala palabra: es ausencia de gracia.

2. El que tiene gracia solamente es el hombre y la mujer que busca a Dios; y porque le agrada a Dios, Dios le da gracia. No hay otra razón.

3. El que depende del favor de los príncipes suspira por una sonrisa y por una apariencia dulce; y ese dulce favor es su propia ruina. Hay allí más angustias y dolores de los que hallamos en la guerra.

4. Y cuando ese hombre cae, igual que Lucifer, ya no puede esperar levantarse de nuevo.

5. ¿Y quién sale mal? Uno, el que puso su confianza, porque creíste y porque pensaste que podías depender de una fidelidad que no existe.

6. Dijo alguien que las palabras de los grandes hombres son como los zapatos de un muerto: tendrá que ir descalzo el que confía en ellos.

C. David lo conocía por experiencia.

1. Había confiado en Saúl, su rey, y se le sometió completamente; y lo que Saúl quería era matarlo, buscando entramparlo, aun sabiendo que Dios ya lo había desechado a él y que el rey sería David.

2. Aquis, rey de los filisteos, también quería matarlo; y David se hizo el loco para que lo dejara vivir en paz, porque decía: si me matan, no voy a lograr terminar el destino que es para mí.

3. Y Ahitofel, el consejero cercano al rey, conocido por su sabiduría, lo traicionó uniéndose a la rebelión de su hijo Absalón.

4. Fueron tres personas de alta jerarquía que trabajaban juntamente con él las que lo traicionaron; y David en ningún momento llegó a perder: terminó ganando todas sus guerras.

5. Lo que esos tres desconocían es que David amaba con fuerza, amaba con pasión, vivía y se entregaba. Vivió quince años en el desierto huyendo, ya proclamado rey. Por eso en la vida no hay nada que temer: Dios cuida a los suyos.

III. Dejaos del hombre, cuyo aliento está en su nariz (Isaías 2:22); maldito el varón que confía en el hombre (Jeremías 17:5).

A. El soplo que Jehová envía y que Jehová retira.

1. ¿Acaso podrán encontrar protección y refugio en sus amigos, los mismos que los extraviaron apartándolos de Dios? Amigos que provocan que nos apartemos de Dios, ¿podrían ser esos tus amigos?

2. No hay nada en el hombre que pueda servir de sostén y refugio el día del gran juicio de Dios.

3. Cuando Dios hace a Adán, le sopla en la nariz, y ahí le viene el espíritu y el alma. Por ende, tú también tienes ese soplo.

4. El hombre es un ser frágil cuya alma no es sino un soplo que Jehová envía y que Jehová retira. Cuando la persona muere, es que Dios le retiró el soplo de vida.

5. Positivamente, la vida del hombre está en la sangre (Levítico 17:11); negativamente, en las narices, porque cortándole la respiración fallece en un par de minutos. La sangre tiene remedio en una transfusión; el aliento, no.

6. Dios es el que llama a su tiempo, el que salva, el que perdona, el que guía y el que sostiene. ¿Qué tenemos de nosotros mismos? Nada. No hay ninguna maravilla en el ser humano.

B. Descender a Egipto por ayuda (Isaías 31:1, 3).

1. El pueblo escogido descendía a Egipto a buscar suerte y fortuna, como si adorando ídolos hubiesen de tener más éxito que los siervos del Dios vivo y verdadero.

2. No crean que donde hay maldad, contaminación, odio y contienda está Dios: Dios se va. Y ese es el terror, que Dios se vaya; y no es necesario morir físicamente, el asunto es cuánto tú puedes alejar a Dios de ti.

3. Cuando tú vas y te quejas con otra persona en cuestiones de Dios, estás buscando a Egipto para que te libre de Asiria. ¿Y tú crees que los ángeles enfilados a luchar van a salir?

4. Mira a ver hasta dónde has llegado: tú no te gozas en la predicación ni te gozas en un culto. ¿Quién está muerto? Tú, porque estás en Egipto.

5. Con esto hacían de menos al Dios de Israel; porque quien le resta a Dios es uno como creyente. Criticar la iglesia en el trabajo o en la casa es una bomba que no explota en la iglesia, sino en el infierno.

6. Los egipcios son hombres, criaturas mortales, y sus caballos son carne; mientras que Jehová es Dios infinito y eterno, y Dios es espíritu (Juan 4:24).

IV. Confías en este báculo de caña frágil... si alguien se apoyare en él, se le entrará por la mano, y la atravesará (Isaías 36:6).

A. La caña astillada.

1. El que se agarre de ella, porque está hecha astillas, se va a cortar la mano y se va a lacerar; y a la vez que hagas fuerza se va a doblar, porque no es un palo, es una vara.

2. Tal es Faraón: te va a ayudar, pero ya tienes al propio enemigo en lo tuyo, y él se quedará con todo. Pero si Jehová llegaba y los libraba, nadie les podía hacer daño.

3. Estas son las palabras burlonas del comandante asirio: Israel queda en burla por depender de Egipto, comparado con un soporte inestable que perjudica a quien intente apoyarse en él.

4. Le quitaban la autoridad a un pueblo del cual la mano de Dios se había ido, porque estaban en ausencia de fe; perdieron el entusiasmo por Dios, y la tierra se llenó de ídolos.

5. Si alguien puede en tu vida hacerte vencedor y ganar la batalla, es Dios; no es nadie más. Lo que tenemos que hacer es invocar su santo nombre y tener oración.

B. Dios prueba el corazón (Jeremías 17:9-10).

1. Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón.

2. ¿Cuál es el problema de nuestro corazón? Que es vulnerable: hoy siente algo y mañana no; hoy está contento y mañana tiene rabia; hoy ama y mañana odia.

3. ¿Y quién ha dicho: yo tengo que trabajar mi corazón? Busca tu corazón, porque es el corazón de uno el que opina, el que sugiere, el que juzga y el que se cree grande.

4. Nadie a ti te puede sembrar nada: todo nace de la siembra de uno. Uno es quien selecciona lo que deja entrar; y así ha ido desarrollando ciertas personalidades, para sí mismo.

5. El pecado que aquí se condena es hacer de la carne nuestro brazo, ponerla como brazo poderoso en qué apoyarse; y su gran magnitud es que por él el corazón se aparta de Jehová.

6. Dios quiere ser, y Dios es, el brazo de su pueblo. Solamente el valiente arrebata el reino de los cielos; el cobarde no llega a ningún lado. En tus manos está: cuidado en quién recuestas tu cabeza. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz