Objetivo del Estudio: Que todos sepan que nosotros conquistamos para poder repartir a los demás. No se puede bendecir a nadie si yo no tengo para dar. Todo hombre y mujer que levantan altar a Dios lo buscan, lo tocan, lo alcanzan. Están insistiendo tanto hasta que Dios está presto para escuchar. Las oraciones de los justos son las que pueden librar no solo a una o a más personas, sino a las naciones. La oración no es un invento, sino que en ella se conquista. Comienza un hombre y una mujer de Dios a llevar la bendición a todos los que están a su alrededor y se convierte en una fuente de bendición, porque de acuerdo a la bendición que tomen de Dios, así seguirán repartiendo por todos los lugares por donde vayan.
Jacob - un hombre de Dios desprestigiado por todos en ese momento de su vida. Labán - el suegro de Jacob, un hombre muy listo y astuto. Labán por si mismo no estaba tan exitoso como para tomar para él y repartir a otros, así que Jacob comienza a ser fuente de bendición para este hombre, comienza Jacob a producirle bendición. Jacob le cayó como un milagro del cielo a Labán. Jacob le dice sobre esto a Labán en el Cáp. 30:30 - Antes de llegar donde Labán, Jacob estaba bien claro sobre la bendición que a él le seguía por parte de Dios. Porque tuvo un encuentro con Dios y tenía muy pendiente la mano de Dios en todo su andar. Dios se le había revelado y Jacob hizo pacto con Dios, pero estaba bien lejos de saber que iba a ser bendición a una nación entera, la que hoy día todos conocemos como Israel. Así que en un hombre puede estar lejos de su mente y lejos de su capacidad la bendición tan grande que puede llegar a ser para otros. Nos olvidamos que podemos ser bendición para los demás. ¡Qué pena, que no tenemos ese encuentro porque no se ora! Si nosotros no tenemos interés ni queremos ser de bendición a otros trabajamos poco. En cambio, Jacob comenzó a trabajar fuertemente para adquirir, para poseer, para encontrar la bendición de su Dios. Sencillo, era de esperarse, empezó Dios a bendecirle. Pero, más fuerte tuvo Jacob que trabajar. Mientras más dones tenemos, más tenemos que orar. Pero Jacob no tenía nada de perezoso ni de mantenido, ni de "vela güira." Notemos que Jacob no tenía nada de tramposo, porque si Jacob fuese un tramposo, hubiera dejado a Labán en bancarrota. Jacob era un hombre de trabajo, dedicado, un hombre que le creyó a Dios, que supo poner toda su fe en algo. Por eso, Jacob con sus doce hijos se levantó como nación y de ellos se levantó un José que gobernó a Egipto. SE LEVANTAN GRANDES COSAS DE JACOB PORQUE TUVO UNA DETERMINACIÓN Y LE CREYÓ A Dios, Y Dios COMENZÓ UNA GRAN OBRA EN ÉL. JACOB SE CONVIRTIÓ, ¡EN UN HOMBRE DE MILAGROS!
Lo primero es, que Jacob se levanta como fuente de bendición a Labán. Jacob toma de lo que es nada y convierte y hace producir, porque le creyó a Dios. Sería bueno pensar como él cuando llegamos a la iglesia y decir: "Señor, yo quiero ser como Jacob". Pero hoy día muchas de las personas creen que la iglesia es servicios sociales para ellos, y llegan con esos y con otros motivos. Pero si viniéramos a adorar y a buscar a Dios, obtendríamos nuestra bendición y también seríamos bendición a otros. Ser un hombre o mujer de Dios no es una carga sino una gran bendición, eso lo decide uno. El hombre de Dios produce más que nadie, trabaja más que nadie, es más integro que nadie. El hombre de Dios busca y recibe, (Lucas 11: 10 ) y porque tiene puede dar, y por eso mueve la bendición. Yo tengo la bendición y tu tienes que decir: "Yo también quiero la bendición." Jacob le repartió bendición a Labán. En el momento en que Labán oyó a Jacob se quedó mudo, no tenía nada que decirle en contra. Nadie podía acusar a Jacob ni de vago, ni de perezoso, ni de tramposo, sino que Jacob movió con esfuerzo y fe la bendición de Dios. Cáp. 31:38-42 Dios se le había revelado por la noche a Labán y le dijo que tuviera cuidado como le hablaba a un hombre de Dios. Génesis 31: 29 Jacob tenía todo el derecho de hablar así, pues detrás de él había mucha justicia que lo respaldaba. Con una buena conciencia le habló a Labán. No por bobo estaba Labán detrás de Jacob, sino que estaba detrás de Jacob por la bendición que Jacob tenía. (Luego, José su hijo fue igual. Génesis 39: 23) Un hombre con bendición no se puede dejar ir de nosotros. Jacob sabía bien todo el trabajo que había hecho y Labán no tenía ninguna palabra contra esos hechos como para acusarlo. Pero hoy día entre nosotros, ¿Quién se atreve, como Jacob, a ser de reto a los que le rodean? ¡Cuán fuerte se puede oír la voz de un hombre que es un gran reto para los demás! Jacob le habló muy bien a Labán. Quitemos de nuestra mente que Jacob era un tramposo. Labán no era un hombre justo, era muy listo y era el tramposo. Nosotros no podemos tener las cualidades de Labán. Por servirle a él Jacob tuvo que perder muchos sueños y pasar muchas noches de frío. Vs. 40 Pero, el hombre que decide trabajar y vivir para Dios, no se rinde. El hombre que es justo, no teme a nada. Sepamos que el hombre que recibe y produce bendición, da bendición. Entonces iglesia, ¿Por qué cansarte de bendecir a otros? Aprendamos de la experiencia de Jacob y seamos siempre una fuente para dar a otros. Mis hermanos, si Satanás logra poner el engaño en tu vida y detenerte, tendrás desgracia en el mañana, será tu muerte. Los pozos de bendición no son para cerrarlos sino para mantenerlos siempre abiertos para que siempre sean fuente de bendición, para que la bendición sobreabunde. No olvides que quien pone el querer como el hacer es el Espíritu Santo (Filipenses 2: 13) para que seamos como Jacob lo fue, ¡FUENTE DE BENDICIÓN! AMEN.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
