Dios está pendiente de su pueblo. Aquí le vemos saliendo a favor de Moisés, máximo líder del pueblo de
Israel. Moisés obedecía a Dios en todo y amaba al pueblo que guiaba. Estar pendiente de un pueblo como aquel no
era fácil, no se podía traba jar a flor de piel, no a la ligera, era necesario estar muy compenetrado con el pueblo.
Cuando logramos estar amarrados en amor al pueblo, cuando estamos metidos dentro del pueblo, ahí nos vamos a
alegrar con los que se alegran, vamos a tener tristeza con los que tienen tristeza, etc., yendo más allá de lo que
nuestros ojos ven. Cuando tenemos un llamado de Dios, un encargo divino, no podemos tener otro pensamiento
que el que ya está establecido. Si es en la casa de Dios donde estamos sirviendo tenemos que sentir lo que Dios ha
establecido y nos tenemos que dar el 1 00%. Hemos conocido una verdad y sabemos que estamos en un pueblo y
que Dios está traba jando con nosotros día tras día. Por eso nos buscó y nos lavó de nuestros pecados; dio su vida
por nosotros y se ha hecho nuestro Señor.
Moisés es de renombre en el Cielo. Estuvo en la trasfiguración de Jesús. Marcos 9: 2, 4 Fue escogido por el
Padre para hablarle a su Hijo. Dios no envió querubines ni serafines sino a un hombre que había conquistado el
corazón de Dios. Moisés fue un hombre extremadamente manso, aunque vivió como los demás. Números 12: 3
Hay cosas que no vemos por falta de oración y de mansedumbre. Entenderíamos más siendo mansos para
con Dios, siendo humildes. De lo contrario, hay formas en que Dios traba jará con nosotros, a veces en público. En
ocasiones, Él corrige delante de todos como hizo con María y Aarón. Aunque nos pese y nos duela, es mejor esto
que perderse eternamente. El Espíritu Santo traba ja dentro del hombre, va a la profundidad del ser y saca y limpia
de adentro hacia afuera. Nadie podía traba jar con Maria como lo haría Dios. ¡Cuántas cosas hay dentro del ser
humano! Así contaminan a otros. Marcos 7: 23 ¿Que había en María? ¿Qué había en Aarón? Se levantaron y
acusaron a Moisés por que se había casado con una extran jera y su murmuración llegó a oídos de Jehová.
Hablaron por envidia, eso es peligroso. Es cierto que lo malo se corrige, pero el problema es la envidia. Cuando
alguien se levanta contra otro es por que hay odio y la única forma que se limpia ese mal es pidiendo perdón.
Comenzó una falsa espiritualidad en los dos hermanos de Moisés. Esto se convirtió en rebeldía, en contra de
lo de Dios. Vinieron luego los celos y contaminaron el alma, el espíritu. De ahí llegó la enfermedad, la lepra como
castigo. Fue un juicio de Dios. Maria era profeta (Éxodo 20:15) Ella, Aarón y Moisés tenían una relación con
Dios y Él se les revelaba. Pero, Moisés era manso, él no tenía ningún problema con su hermana. Moisés vivía
para su pueblo como un hombre dado. Seguramente le gustaba que su hermana fuera profeta y que su hermano
Aarón hablara por él. Hoy día, sin embargo, a los líderes les gusta más estar entre las multitudes, los
reconocimientos, estar entre la gente, que se le aplauda. Les gusta eso más que estar con Dios. Pero, Moisés
prefería a Dios y ahí es donde está la ganancia. Maria sabía todo lo que hacía Moisés, conocía cada paso que daba,
pero ya no lo estaba mirando como la hermana que tenía que protegerlo, sino como otra líder que competía con él.
Hermano, al pasar los días tenemos que cuidamos y luchar con nosotros mismos, porque cambian nuestros
pensamientos, nuestra forma de ser y de ver a los demás y ya no nos vemos como pueblo sino como competencia.
Llega la envidia y todos podemos ser atacados por esto y lo único que puede evitarlo es que seamos siempre
mansos. Había molestia en Maria, había cora je. Ella debía recordar cuando Moisés habló con Dios en el monte,
cuando su rostro brillaba y nadie soportaba verle. Allí estuvo Moisés 40 días para recibir la Ley. Solo él estuvo en
ese proceso; solo él estaba dispuesto. María conocía ese historial, sabía que Moisés provocaba que descendiera la
gloria de Dios, porque buscaba a Jehová de todo corazón. Ella sabía que desde pequeño Dios lo había escogido.
Cuando se busca beneficio solo para uno mismo hay un gran problema. Mantengamos nuestros pies firmes,
buscando tener raíces profundas y nadie envenenará nuestro corazón. Tal vez, día tras día Maria le hablaba a
Aarón. Cuando uno se detiene a escuchar se envenena, pues la lengua es venenosa. Santiago 3: 8 María y Aarón
se metieron en grandes problemas porque ellos conocieron y vieron todo lo que Moisés había hecho. El celo y la
envidia les movieron a murmurar. Aarón se de jó mover por su hermana. A él le llegó también el veneno.
Tenemos que tener cuidado y ser personas conocedoras de Dios; amadoras. Cuando logramos amar y nos
enteramos del mal de alguien, no nos es de alegria. Luchamos en amor para librarle. Fácil es acusar, lo podemos
ver claro en Aarón y Maria. Hay muchos pretextos que hacen hablar a la gente de otros, pero la verdad es que
locamente se habla. Con pretexto hablaron Maria y Aarón. Parecían tener razón, pero luego salió lo que en verdad
les movía a hablar. Estaban celosos, dolidos. Pero, Dios es quien reparte. Dios escogió a Moisés porque era
manso. Esa era su gran cualidad. No era porque era el mejor, sino porque era el más manso. Moisés desarrolló
una cercanía con Dios que nadie más había logrado. Ellos no la tenían a esa medida. Está en todos lograr tener
cercanía con Dios. Cuando nosotros oramos hay bendiciones de Dios, todo el mundo te pone en alto y Dios se
hace cercano y nos libra de todo lo que es malo. ¡Vale la pena luchar por la presencia de Dios en nuestras vidas!
Dios estaba claro de quien era Moisés. Vemos claramente que Dios habló con Moisés cara a cara.
Anhelemos esto también nosotros. Salió Dios en defensa de Moisés. El problema de Aarón y Maria fue que no
tuvieron temor a Jehová, no tuvieron temor de hablar de Moisés. Vs. 8 Lo que hace hablar a muchos es la falta de
temor a Jehová. Es ahí donde tropezaron ellos. El que crece en temor a Jehová no cae. Dios se molestó y se fue;
la nube donde estaba la presencia de Jehová también se fue. Por lo tanto, no había bendición para el pueblo a
causa de la envidia de dos personas. Eso es lo que producen los celos. Maria cayó en un estado vergonzoso. Le
vino la lepra como castigo por no ser mansa. En siete días aprendería lo que era ser mansa. Ella estaba en mala
condición y provocó que el pueblo estuviera peor, porque la gloria de Dios se había ido. En todo esto, Moisés
conservó su mansedumbre, porque su amor por sus hermanos era muy fuerte. El que es manso es capaz de
perdonar y no guardar rencor. Moisés le pidió a Dios por su hermana (versículo 12) para que la sanara. Ella
necesitaba la purificación mediante el arrepentimiento. El celo la hizo impura y se tenía que purificar, limpiarse.
Seguramente quien la recibió luego de esto fue Moisés. María conoció que la vida terrenal es nada, es vanidad.
Lo que era tener la profecía, tener los dones y lo que a los hombres les hace ser tan prepotentes, le fue a ella nada y
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
