Dios nos manda a conquistar no a temblar. No podemos vivir asustados ni temerosos por lo que dice aquel o el otro. No nos puede mover lo que piensa cualquiera que no sabe nada de lo que Dios nos ha ordenado. Se habla negativo por muchas razones, por la envidia, el odio, la contienda, la flojera; se habla según todo lo malo que tenga dentro esa persona. Es uno mismo quien debe estar claro de qué es lo que se debe hacer. En ocasiones, aún los que caminan con uno tienen sus propias y grandes ideas para llevarlas a cabo primero que ser dirigidos por lo que Dios quiere. Algunos te quieren llevar hacia lo que piensan de acuerdo a lo que hay en ellos, pero ese no es el pensamiento de Dios sino que es la persona misma bajo el efecto de su propia naturaleza carnal. Nosotros queremos llevar la oración y obedecer a la dirección del Señor.
Había doce espías para reconocer la tierra que había que conquistar. Moisés designó a cada uno de los príncipes de las doce tribus de Israel para ir a hacer tal labor. Números 13: 2,3 Los israelitas tendrían que conquistar las tierras que según la promesa de Dios pertenecerían a sus padres, hijos y familia. Pero, la incredulidad que llevó al pueblo a murmurar hizo que retrocedieran y perdieran las promesas de Dios y por ello estuvieran dando vueltas por el desierto 38 años. Así murieron todos los mayores de 20 años. Fueron enviados aquellos doce príncipes como espías para observar la tierra. Deuteronomio 1:22 Dijeron, "Enviemos varones delante de nosotros..." Aquí se deja ver que Dios dio instrucciones en relación a la petición del pueblo aunque sus actitudes mostraban incredulidad. El mismo Dios había visto aquella tierra, así que estaba de más, era absurdo buscar tanta confirmación. Así es el hombre en la tierra, le da más crédito a sus propias ideas e imaginaciones y a los informes ajenos que a la revelación de Dios. De esa manera es que muchas veces llega la ruina a las vidas. Porque eso es caminar por vista y no por fe, debiendo ser lo contrario. Cuidémonos. 2 Corintios 5:7
Reconocer la tierra era asunto que concernía a todo el pueblo pues iba a hacerlo uno de cada tribu. Cada cual de aquellos príncipes, según su tribu daría a los suyos su informe. Aquellos hombres que fueron eran incrédulos, exceptuando a Josué y Caleb, Por tal razón, hicieron que el pueblo desfalleciera. Estos espías debieron haber tenido gran prestigio, pues fueron escogidos entre todos. Sin embargo, reaccionaron como unos incrédulos y no como hombres de fe. Las oraciones de Moisés iban acompañadas de las promesas de conquistar aquella tierra. Tal es la relación que hay entre la oración y la promesa. Las promesas orientan y animan a la oración.
Se les dieron instrucciones a quienes marchaban a conquistar, era necesario para ellos. En las promesas que se nos dan de parte de Dios se nos dice lo que hay que hacer; en la oración está nuestra guía. A los espías se les envió para reconocer la tierra a conquistar, se les envió a observar cuál era su estado. Debían informar al pueblo cómo era el terreno, si era fértil o estéril. Moisés creía a Dios y sabía que la tierra era fértil, pero había un pueblo incrédulo y él quiso darle la satisfacción de una confirmación. También se les informaría sobre los habitantes de la tierra, si eran fuertes o débiles, si eran pocos o numerosos. El informe tenía que ser para traer ánimo. Los espías pasaron como viajeros, se dividieron para observar y estudiaron muy bien todo el país. De la tierra vieron toda su grandeza, vieron que tenía sus grandes y hermosas uvas; esa era la promesa de Dios confirmada en lo que veían. No pudieron negar el gran fruto de la tierra, pero se contradicen al informar al pueblo y quejarse de los gigantes. Esa es la naturaleza del hombre, la duda. Aunque ven el buen fruto, dicen: "Es tierra que traga a sus moradores." Era cierto que los que moraban allí los podían destruir. ¡Claro, eso si Dios no estuviera con aquel pueblo! Pero, ellos en su incredulidad no iban a intentarlo, cuarenta días estuvieron murmurando por su falta de fe. Lo que sucedió fue que se fortalecieron en sus dudas y no en su fe. Los moradores del país eran gigantes, pero ellos exageraron y el pueblo escuchó y dudó. Dijeron, "No podemos subir contra aquel pueblo." Como quien dice, hay que buscar otra solución y seguir otro camino.
Pero, Moisés era sabio y aquel era un pueblo numeroso al que tenía que llevar. Tenían mucho miedo por su falta de fe. Los gigantes podían ser más fuertes que ellos, pero más fuerte que Dios no. Igual, tú eres débil, pero Dios no. Las ciudades estaban fortificadas contra ellos pero no podían estar fortificadas contra "el Cielo." Había una promesa a Abraham de que aquella sería la tierra de su descendencia. Dios había dicho que de allí sacarían poco a poco al cananeo. ¡Con cuánto poder los había sacado Dios de Egipto! Aquellos espías en sus incredulidades, querían decir que Dios mismo no podía mantener su palabra.
¡Cuántas dudas que turban el camino! Hay que ser como Josué y Caleb en el día que otros quieran sembrar dudas. "Subamos luego y tomemos posesión de ella porque más podremos nosotros que ellos." Hermano, hagamos callar la duda. Caleb estaba dispuesto a subir sin ningún temor. Cuando no se cree se perece. Se quedaron dando vueltas y vueltas y los que dudaron no lograron entrar a la promesa. Tú crees y obtienes la bendición. Grande es Dios. No son los gigantes ni nada de lo que habita donde está lo que nos pertenece, ¡es nuestro Dios! Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
