No nos gusta esperar, pero hay un proceso de preparación en nuestra vida que conlleva tiempo. Esto lo deja ver el Salmos 145: 15. El desespero nos hace dudar, pero a cada cual Dios le da un tiempo. Para poder ver la gloria de Dios hay que morir a la impaciencia. Moisés se preparó en su soledad para lo que Dios le iba a dar en su tiempo.
Se nos hace difícil prepararnos porque nos inquietamos. Nadie nos puede quitar lo que Dios tiene para nosotros. La obra de Dios no es un espectáculo, la obra de Dios es mucho trabajo. El mayor es el que más hace. Nosotros debemos amar al que nos llamó. No es cuan ágiles podemos ser con nuestras palabras sino con nuestros hechos para entender la gloria de Dios y conocer a este Dios que nos llamó y nos escogió en el tiempo que nos toca. Dios nos da un alimento, pero en nosotros tiene que haber hambre de lo de Dios en nuestra vida. Nosotros imitamos a Jesús, pero Él no tuvo que prepararse como lo tuvo que hacer Moisés porque Él no tenía nada en qué prepararse. Él estuvo 30 años escondido, pero no preparándose. Él era Dios en la tierra y lo dejó todo para venir a esta tierra y después tuvo que irse. A su tiempo el Padre nos va a dar el alimento y hay que pasar lo que hay que pasar.
En Juan 11: 1-4 Marta y María desconocían lo que eran los tiempos de Dios. Habían visto al Señor obrar pero toma tiempo conocer a Jesús. Nadie tendrá nunca un amor por nosotros como lo tiene Él. Según el tiempo debemos ir creciendo y teniendo confianza. A veces dudamos, pero cuando vemos su manifestación y vemos su gloria, eso nos hace seguir confiando. El tiempo de Dios no es el mismo de nosotros que nos desesperamos y nos volvemos locos. Jesús nos tomó de la mano, su sangre está aun viva sobre nosotros y Él sabe que le pertenecemos, no nos preocupemos. Buscamos razones de lo que estamos viviendo, pero lo que Dios quiere es que confiemos en Él.
Marta y María pensaron que Jesús iba a salir corriendo porque las amaba, pero no lo hizo. Nuestra vida está escrita desde antes de la fundación de la tierra. En los pasos de Jesús nunca hay confusión, nada le iba a hacer confundir, ni la muerte de Lázaro, ni las suplicas de Marta y María. Dios marcará sus tiempos. Ninguna muerte le preocupaba porque Él era la resurrección. Ninguna desesperación hace que Jesús adelante su venida. Cuando nos desesperamos hablamos más de lo que tenemos que hablar. Él llega cuando es el momento de nuestra alimentación. Dios sabe cuando nos va a alimentar así que no nos desesperemos ni desmayemos. Pensamos que las cosas son como nosotros queremos, pero son como Jesús quiere. Jesús si conocía sus tiempos. El que conoce sus tiempos nada ni nadie le turba. Cuando inquietamos al Señor es porque en Él hay un amor demasiado grande. La muerte no era el resultado permanente en Lázaro, éste iba a resucitar para dejar ver la gloria de Dios ante los discípulos.
Él dará el alimento a su tiempo porque conoce la necesidad de cada uno. Lo que Jesús va a hacer le toca hacerlo a Él, pero cuando sea su tiempo. Cada proceso que tenemos que llevar es nuestro aprender. Día mas día su resultado es tiempo para nosotros crecer. Si alguna inquietud debe haber en nosotros es crecer. No podemos estar estancados sino creciendo siempre. Jesús amaba a Lázaro y a sus hermanas. Él está envuelto en todo lo que vivimos. Tenemos que entrar por el proceso de la enseñanza de Dios. Lo que Él hará en nosotros no es para mal sino para bien. Si algo había que enseñar era su gloria así tiene que suceder en nuestras vidas. Lo que parece aquí más difícil entonces más Dios deja ver su gloria, porque eso produce más fe en nosotros. Que nadie nos turbe.
Jesús se tardó dos días en llegar y en esos días murió Lázaro. En ningún momento Jesús se estaba negando a ir, pero había que esperar. Que no nos importe lo que tengamos que esperar sino ver su gloria. Nos es necesario prepararnos, crecer, madurar y que nuestra confianza en Dios crezca cada día más. Él nunca se niega a nosotros. A veces pensamos que nuestras oraciones se tardan, pero lo que sucede es que nos está enseñando a esperar. Jesús nunca se va a precipitar aunque nos ama más que nadie y aunque tenga que sentir lo que estamos sintiendo. Él no es indiferente a nuestra condición, Él sabe lo que estamos pasando, lo que estamos sintiendo, pero nos es necesario aprender para que cuando Él llegue sepamos apreciar bien su llegada. Él, más que nadie vive lo que estamos viviendo, por eso va a llegar y va a hacer. No lo va a hacer cuando nosotros pensamos sino cuando estemos preparados a recibir el milagro. Todo lo que Jesús hace lo hace en obediencia al Padre. Jesús sabe respetar eso más que nadie y nosotros tenemos que aprender también a respetar. A veces queremos obligar a Jesús a moverse. Él lo hace de acuerdo al programa divino para nosotros. No vamos a perecer, ese es nuestro miedo. Jesús no le teme a los peligros, pero nosotros si. Como hijos no debemos tener temor a los peligros.
Jesús estaba muy claro que Él tenía 12 horas, así que no le preocupaba el pánico de María ni de Tomás. Aquellos que aman al Señor no van a morir antes sino cuando la obra de Dios haya concluido así que no tenemos nada por qué temer. El miedo nos hace tomar una serie de precauciones, pero no nos impide hacer. El hombre que camina en la oscuridad es el que no es fiel a Dios porque camina en su propia voluntad y no tiene dirección divina, pero el que tiene luz camina sin miedo. Es difícil entender los pensamientos de Dios por eso hay que tener comunión con Él. Dios fortalece nuestra fe. Nos es necesario ser fortalecidos en fe. No nos echemos a sufrir por lo que estamos viendo porque es necesario que crezcamos, que nos preparemos. Cuando más grandes son las cosas más grande es lo que Dios va a hacer. No se puede dudar de la fe que tenía Marta. Cuando nos toca esperar para ver el milagro nos pasa lo mismo que a Marta porque nuestra fe es imperfecta, pero eso no significa que no tengamos fe. Ella tenía fe en lo que Jesús le había enseñado, pero su fe era imperfecta. Mientras veamos a Jesús presente vamos a ver su gloria. Dios no se cansa. Nuestra fe tiene que ser un descanso absoluto en Dios y Él hará.
Versículo 17 La murmuración viene por medio de la duda. Tengamos cuidado porque cuando murmuramos lo estamos haciendo de quien hace el milagro. No nos prestemos para darle oído a la murmuración. Jesús hace cuando hay hombres y mujeres que lo conmuevan. No le pidamos a Jesús como a una máquina repetidora, sino conmoviéndolo. Si no lo conmovemos no hacemos nada. Él espera el tiempo del Padre, a lo que tiene que suceder en nuestra vida. Cada cual hace lo que le corresponde. Nosotros no escribimos el plan divino para nuestra vida sino Dios. A veces decidimos y hablamos de lo que va a suceder, pero nosotros no lo sabemos.
Versículo 40 El que cree verá la gloria de Dios. Eso es lo que queremos ver. El poder de Dios es más grande de lo que podemos pensar. Su gloria llega cuando creemos y movemos a Dios. No es cuando nosotros pensamos sino cuando la gloria de Dios descienda. No hay por que temer; su gloria es manifiesta. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
