Juan 5:14
Jesús sano al paralítico que estaba cerca del estanque llamado Betesda y una vez sanado milagrosamente le aconsejo no pecar más para que no le viniera algo peor. No se puede volver atrás, no podemos volver a pecar cuando hemos recibido sanidad y vida nueva. Si se vuelve a la vida pasada y se vive de esa manera a escondidas entonces somos contados como hipócritas, personas de doble cara, de doble vida. La hipocresía es muy peligrosa. Ella es el camino real hacia a la apostasía. Así que debemos cuidarnos. Aun cuando estemos firmes debemos velar en todo esto con ojos espirituales para no caer. 1 Corintios 10:12 A la vez que un creyente de alguna manera hecha a Jesús a un lado le comienzan los problemas. Dios es quien nos bendice, debemos estar siempre a su lado procurando estar en su presencia. Hay que tener todos los cuidados de no abrirle la puerta a la carne y a este mundo que quiere tomar dominio de las almas inconstantes. Hipócrita es una persona que finge de cualidades e ideas morales que no posee con el fin de tener un provecho. Es peligroso vivir lo que no se es en verdad. A algunas personas inescrupulosas se les hace fácil jugar con lo que es divino usando lo santo para su propio provecho. A veces la gente va a la iglesia y se comportan como niños malcriados y "juegan a la iglesia" sin darle el peso y la seriedad que tiene la iglesia del Señor Jesucristo. En la iglesia es donde se encuentra y se mueve lo santo. Sin embargo, les gusta a estas personas vivir fingiendo, pero un día sale todo a la luz y tendrán el pago de su falsedad. Tengamos cuidado cada uno de nosotros. No dejemos que ni una pizca de hipocresía nos agarre el alma. Nos gusta quedar bien con los demás, pero sobretodo movámonos hacia lo que es justo y verdadero. No queramos acomodar lo que no se puede acomodar. Tenemos que abrir los ojos para que veamos el engaño. A veces cerramos los ojos para no ver y eso no esta bien. Tenemos que abrir los ojos para ver lo que esta a nuestro alrededor. Solamente el valiente abre los ojos para ver el mal que viene para destruirle. Jesús derroto al enemigo con la verdad. Hagamos lo mismo. Tenemos la Biblia, la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios. Ella es la verdad. El que se llega a la casa de Dios debe entender claramente que Satanás esta derrotado en nuestras vidas por el poder de Jesucristo que esta en nosotros. Pero, hay personas que quieren dar a entender que están convertidas, que sus vidas han cambiado y que ahora son nuevas criaturas, pero en verdad no les ha amanecido Cristo, el Sol de Justicia. Pues además, cuando una persona se convierte y luego se aparta la condición postrera es peor que la de antes. Así que hay que cuidarse y velar. No todos son hermanos. 1 Juan 2:19 Juan 6:66 Por años pueden andar entre nosotros personas que son tremendos hipócritas y no verdaderos creyentes. Se puede vivir fingiendo por años. A veces algunos llegan hasta la casa de Dios porque necesitan del hermano pues están solos y vienen a buscar cualquier provecho personal y sin arrepentimiento. Lo que hay dentro del hombre lo sabe solamente el y Dios el Padre, nadie mas. Se puede estar fingiendo y eso se puede ver si somos espirituales. No dejemos que nadie nos engañe o destruya. El que en verdad quiere ser salvo se esfuerza en seguir al Señor, cumple sus mandamientos y se niega a si mismo. Aun cuando haya una tormenta nadie lo mueve. La persona hipócrita tiene su lado oscuro, no esta definido, su corazón es también casa de demonios. No se puede hacer tratos con la carne diciendo necesitar buscar a Dios para un provecho egoísta y personal. En esa supuesta búsqueda y liberación lo que se esta buscando es un provecho que no exalta a Dios. Por un tiempo los espíritus inmundos se van, pero hay una puerta abierta para ellos volver. Las personas que tal hacen usan de dejar ver características de un creyente, se congregan, cantan, diezman, pero por dentro tienen rabia e hipocresía. Tienen enojo escondido porque no se le da lo que quieren, porque no consiguen aquello por lo que vinieron a la iglesia. Buscan de todos modos un provecho egoísta y los demonios conocen eso. A veces parece que las vidas, como las casas donde vivimos, están adornadas y barridas pero no están del todo limpias. ¿Qué es lo que se ha pegado en el corazón y no se ha sacado? Los pecados ocultos que se anidan en lo íntimo, en los recovecos del alma porque no hay un verdadero arrepentimiento. Hay muchos retratos adornando la casa, pero de momento explota la carne y los demonios se aprovechan. Cuando no se busca limpiar lo interno por completo es porque no se busca nada permanente en Dios. No debemos exponernos a que los demonios hagan fiesta. Nuestra casa debe estar toda limpia. No es lugar para nosotros allí donde están los primogénitos del diablo. Ya salimos de Egipto, del mundo de pecado y maldad y no podemos volver allá. La Palabra de Dios sustenta el amor creído. Cuando los demonios entran lo hacen porque saben que hay lugar para ellos. Si estamos llenos del Espíritu Santo los demonios no pueden entrar. Seamos llenos del Espíritu Santo. Es una gran tragedia la reincidencia en el pecado. ¡Cuanto daño se le hace a todo el que esta alrededor! Nuestras vidas no son para caernos sino para estar de pie, meternos en lo santo y estar buscando el conocimiento de Cristo. No es bueno estar en la tragedia del pecado. Juan 5:14 Si no limpiamos nuestro corazón después de haber sido sanados, si volvemos a pecar nos puede venir alguna otra cosa peor. Amemos y Jesús nos limpiara por completo, entonces ningún demonio tendrá derecho a volver a nuestra casa. Cuidémonos de lo que hacemos en oculto. Hay que creer al que hizo la santidad. Jesús dio dos órdenes a aquel paralítico: que tomara su lecho y que no pecara más. Ese que tiene autoridad, que el mar le obedece tiene el poder para levantarnos. Cuidado por donde nos hemos enfriado porque se deja de hacer. Al que nosotros conocemos dejo una Palabra escrita que nos amonesta y nos corrige. Aquel hombre quedo sano, pero no sabía que era pecador. Jesús lo había sanado y lo encontró para hablarle de la libertad espiritual. Jesús le dijo que no volviera a pecar. Este hombre desconocía quien había hecho el milagro en el. Es una ingratitud bien grande que después de ser limpio irse atrás. Tengamos cuidado de no coquetear con la hipocresía, con la condenación eterna. La sanidad de nuestros cuerpos se la tenemos que agradecer a Dios y no podemos olvidar que primero que todo es la salvación del alma que hemos recibido por gracia. El que es limpio no se vuelve atrás. No dejar que Jesús nos limpie por completo es saber que vendrán ocho demonios a acabarnos. Por eso, que nos sane, que nos limpie totalmente y le buscaremos y amaremos cada día con sinceridad y no con la hipocresía que mata. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
