Tenemos que entender que nuestro cuerpo es templo donde mora el Espíritu Santo. El Espíritu Santo no tiene ningún empeño de irse de nosotros, los que hacemos que se vaya somos nosotros mismos cuando lo contaminamos con este mundo, pues este mundo quiere sacarnos de Dios. De la contaminación de este mundo no podemos tener nada en nosotros; nuestro cuerpo es templo donde mora lo más santo. El que mora en nosotros, el Espíritu Santo es el que tiene comunión con el Padre, por eso nuestro cuerpo se cuida junto con lo más sagrado de esta tierra. Se levantan falsos maestros y tenemos que tener cuidado de no ser contaminados con nada de sus enseñanzas e influencias. Muchos tropiezan en querer ser amadores de ellos mismos y no de Cristo. Ya no nos pertenecemos a nosotros mismos. El Espíritu Santo es el que comienza en nosotros la obra para perfeccionarnos y un día le presentará al Padre nuestro cuerpo. Cuando se peca el Espíritu Santo se va y entonces no hay quien redarguya, porque están dominando los placeres de la carne halándonos para el mundo. Nuestro cuerpo se cuida, no es de exhibición para la lujuria, ni para ningún otro pecado sino que es templo del Espíritu Santo. Tenemos que ver que Dios nos separó para Él, fuimos apartados para el Dios al que un día nos vamos a presentar delante de Él.
Al pasar los años, algunos cristianos en vez de cuidarse más caen en un liberalismo. Cristo nunca ha pasado de moda, siempre es el mismo. ¿De quien es nuestro cuerpo? O pensamos que nuestro cuerpo nos pertenece. Debemos preguntarnos hoy de quién es nuestro cuerpo y entender que la gracia de Jesús nos compró y el Espíritu Santo está en nosotros. Así que nuestro cuerpo no nos pertenece y su dueño es el Espíritu Santo. El Espíritu Santo está en nosotros para llevarnos a una gracia mayor y a una perfección haciéndonos bien. El mayor en nosotros es el Espíritu Santo, por eso ésta carne se tiene que desgastar. Sino entonces nuestro cuerpo será para nuestra traición y nos llevará al infierno, lugar preparado para los que aman el pecar.
Nuestro cuerpo es el templo y Dios lo escogió para estar en nosotros. Cuando nos movemos somos templo de Dios, no lo podemos pasar por alto y tenemos que caminar con todo el cuidado de nuestros ojos y oídos. No somos uno más en medio de esta tierra sino el templo de Dios. Somos un edificio de Dios, templo y habitación de Dios. A veces no nos damos el valor que tenemos. No entendemos lo grande y poderoso que es nuestro cuerpo. El Espíritu Santo es el que mora en nosotros y de cuánta utilidad somos. Dios vino a morar por completo en nuestras vidas. Somos un edificio, el templo del Dios todopoderoso. Cuidado, a veces amamos más la carne que al Espíritu, por eso no se tiene lo que se debe tener. Nuestro fracaso está en nuestra carne y nuestra victoria es que sepamos que somos templo. El Espíritu Santo está en nosotros para cuidarnos, guiarnos, revelarnos. No nos olvidemos que Dios ha sido labranza en nosotros, no vivamos como bien nos parezca, vivamos conforme a como Dios quiere que sea. Si destruimos el templo de Dios y nos contaminamos fornicando, robando, en vicios, en odios, ira, etc. el cuerpo se destruye.
En las Escrituras no hay engaño. Cuando el cuerpo se profana es porque se peca o dejamos que entre lo que no se debe dejar entrar. Un cuerpo que está bien cuidado nadie lo va a destruir. Afinemos bien los sentidos, no todo el que nos habla es de parte de Dios. Cuidado de quienes somos compañeros o amigos. La carne se inclina a lo de los falsos maestros. Pero si profanamos el templo, Dios lo destruirá porque Él siempre va a vindicar su nombre. No se puede favorecer más al pecado que a la santidad, nosotros no escuchamos esos falsos maestros. Les viene el castigo de Dios a las vidas que vuelven al pecado. En la ciudad santa Dios no permite cosas en las que el Espíritu Santo no esté. El Espíritu Santo es la vida en nosotros y Él no se quiere ir, pero lo hará si lo tomamos en poco y pecamos contra Él. Dios cela el templo y sigue cuidando su Iglesia.
Cuando alguien se cree lo suficientemente sabio por los años que lleva o lo líder que sea, lo mejor es oírlo, mirar bien su vida y de ahí sabemos si es sabio en verdad o si se está aprovechando de su liderazgo. Nuestra sabiduría no puede ser de este mundo. La falsa sabiduría de este mundo enseña una doctrina que no es conforme a este Evangelio. Cuidémonos a quien le prestamos nuestros oídos porque muchos se proclaman maestros, pero no pueden ni siquiera llevar sus propios hogares, entonces no pueden llevar los de otros. Cuidado con aquellos que pretenden tener sabiduría y no la tienen.
La vida nos tiene que llevar a muchos procesos para encontrar la verdadera sabiduría. Hay que pasar el quebranto para adquirir la sabiduría, no la de estos tiempos sino la sabiduría de Jehová. No le tengamos miedo a los quebrantos. El que tiene la sabiduría de este mundo son los que quieren puestos y le hacen regalos a todo el mundo para salirse con la suya. La sabiduría de los hombres es insensata, no sirve. Los hombres obran para mal de los demás y beneficio de sí mismos. Los astutos de esta tierra, Dios a menudo los pesca en sus propias redes. Temamos nosotros a no caer en eso. La astucia no hace preso al otro sino al que usa de ella. Dios llama al hombre para santidad no para engaño. Él conoce los pensamientos de aquellos que son maestros falsos. Sus pensamientos son vanos, vacíos. Estos siempre están llenos de planes y proyectos para el bien terrenal. A nosotros no nos hace falta esos falsos maestros porque estamos llenos del Espíritu Santo. Ninguno se gloríe en los hombres, todo nos lo ha dado el Señor. A los que son verdaderamente siervos de Dios, Él se lo ha dado, todo nos pertenece. Estamos para el servicio, nunca nos maravillemos con nadie sino con Dios. Lo que nos falta Dios nos lo da. Dios añade a la Iglesia lo que nos hace falta.
Apolo era un hombre elocuente, fue enviado a Corinto para enseñar a la Iglesia. Era para bien de los hermanos y no para traer división. Todos son añadidos para bien de nosotros, cada cual conforme a la vocación que Dios los ha llamado. Pedro era un hombre explosivo, pero lleno de amor. Pablo fue un hombre fiel. Dios dio a la iglesia lo que le hacía falta. Todos nos pertenecemos. Somos obreros cristianos y debemos saber que nos pertenecemos el uno al otro. Todo lo que Dios nos ha dado es nuestro, la vida, la muerte, etc. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Mi Cuerpo es Templo de Dios
1 Corintios 3:16-23
“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”
Nuestro cuerpo es templo donde mora el Espíritu Santo, y ya no nos pertenecemos a nosotros mismos: la gracia de Jesús nos compró. Por eso el cuerpo se cuida junto con lo más sagrado de esta tierra. Estos son los puntos para la semana.
- El Espíritu Santo no tiene ningún empeño de irse de nosotros; somos nosotros los que hacemos que se vaya cuando nos contaminamos con este mundo. Cuando se peca, se va, y ya no hay quien redarguya.
- Al pasar los años, algunos cristianos en vez de cuidarse más caen en un liberalismo. Pero Cristo nunca ha pasado de moda: el cuerpo no es de exhibición para la lujuria ni para ningún otro pecado.
- Somos edificio y habitación de Dios, y a veces no nos damos el valor que tenemos. Nuestro fracaso está en la carne; nuestra victoria es saber que somos templo y caminar cuidando ojos y oídos.
- Si profanamos el templo con fornicación, robo, vicios, odios o ira, el cuerpo se destruye, y Dios, que cela su templo, vindicará su nombre. Un cuerpo bien cuidado nadie lo va a destruir.
- Cuidémonos a quién le prestamos el oído: se levantan falsos maestros, y muchos se proclaman sabios sin poder llevar ni sus propios hogares. Miremos bien su vida antes de oírles.
- La sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios. La verdadera sabiduría se adquiere pasando por el quebranto, y a los astutos de esta tierra Dios los pesca en sus propias redes.
- Ninguno se gloríe en los hombres. Dios añade a la iglesia lo que le hace falta, como le dio a Pablo, a Apolos y a Pedro, y todos nos pertenecemos el uno al otro.
Revisa esta semana qué entra a tu templo por los ojos y los oídos, y saca una sola cosa que no debería estar ahí.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Un Templo que Camina
1 Corintios 3:16-23
Para leer en voz alta con los niños
“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: tú eres templo de Dios, y el Espíritu de Dios vive dentro de ti. Por eso, adonde tú vas, va caminando un templo de Dios.
- Tu cuerpo no es solo tuyo: Jesús te compró y el Espíritu Santo vive en ti. Por eso tu cuerpo se cuida como lo más especial que hay.
- El Espíritu Santo no se quiere ir. Pero cuando hacemos lo malo y no nos arrepentimos, lo estamos echando fuera, y ya nadie nos avisa del peligro.
- A un templo no se le echa basura. Cuida lo que entra por tus ojos y tus oídos: lo que miras, lo que oyes y lo que juegas.
- Robar, pelear, odiar o tener vicios daña el templo. Dios cuida mucho su templo, y el que lo destruye tendrá que responderle a Dios.
- No todo el que habla bonito viene de parte de Dios. Mira cómo vive una persona antes de hacerle caso, y escoge bien a tus amigos.
- Nadie es más grande que otro en la iglesia. Dios nos da a cada uno algo para ayudar, y todos nos pertenecemos unos a otros.
¿Qué cosa que ves o escuchas no le gustaría a Dios en su templo?
Esta semana apágala o apártate de ella cada vez que aparezca.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
