Los hermanos que vivían en Corinto tenían grandes problemas, pecados y faltas. Pablo les escribió este mensaje de parte de Dios para que pudieran trabajar y superar todo aquello. Así como este capítulo de I Corintios 13 es considerado un tesoro de sabiduría y poder, todos los tesoros espirituales que están escritos en la Biblia fueros traídos por Dios por alguna situación local como ésta. Así que I Corintios 13 se escribió para que los creyentes corintios recapacitaran en sus vidas y tuvieran en cuenta aquello para lo que habían sido llamados. El ser humano se enfrenta a grandes conflictos que los llevan a actuar de una forma errada, una forma que no es la de Cristo. Actúan conforme a lo que hay dentro de ellos. ¡Qué difícil es! ¿Cómo se puede vivir y actuar con toda sinceridad? Solo se puede cuando amamos a Dios y a los demás. Cuando uno es egoísta y vive para sí mismo actúa muy contrario a lo enseñado por Dios aquí en I Corintios 13. Los egoístas que no aman siempre se están sintiendo heridos por cualquier cosa, ellos se sienten echados a un lado y por eso protestan de todo y de todos haciendo perretas como niños. Fíjate, que cuando amamos a los demás hermanos uno descansa, tenemos y conservamos la paz y la paciencia por causa de ese amor.
No seremos grandes cuanto más hablemos en lenguas o cuanto más dancemos o prediquemos (I Corintios 13:1). Seremos grandes cuando podamos ¡AMAR! Si no, somos como el metal que resuena, como los metales que chocan entre sí haciendo un gran ruido. Igual sucede cuando sin amor, pero con grandes palabras se trata de impresionar a otros. Se pueden hablar lenguas que contengan un mensaje, pero si no hay la interpretación de esas lenguas, nada se está haciendo para la edificación de los que las oyen. Así que, ¿qué es lo grande? Así que el amor es la fuerza y la esencia con la que podemos transmitir lo de Dios a otros. Pudiéramos tener toda ciencia (conocimiento) y toda la fe con la que moviéramos para bien toda circunstancia, pero si estamos faltos de amor para nada sirve. Si hacemos todo lo que hacemos para los beneficios de nosotros mismos, para llenar nuestro ego, para hacernos grandes y no para el beneficio y la edificación de los otros miembros del cuerpo de Cristo, entonces estamos perdidos, nos habremos alejado del verdadero Camino de Cristo. Vemos cómo muchos trabajan para ellos mismos, solo para el beneficio de sí mismos de día y de noche. Hacen obras y parece que es para el bien del otro, pero la intención de lo hablado y de lo hecho carece de puro amor sincero, porque ha sido para el beneficio e interés propio.
Pablo sabía lo que era el amor. Había conocido el amor para poder hacer su ministerio. Para cumplir con su llamado y ministerio él lo había dejado todo y sin buscar ninguna recompensa. Contrario a hoy en día a muchos de los que predican el evangelio que por todo lo que hacen hay que darles recompensa o si no, no hacen nada. Todo lo que debamos y podamos hacer se nos llama a hacerlo en espíritu de amor. Si Pablo estuviese simplemente tratando de atraer la atención y buscarse un nombre grande entre la gente de su tiempo, entonces su exhibición de virtud carecería de todo valor. Pero, Pablo lleno de amor decía: "…cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo." (Filipenses 3:7) Hoy día ese es el problema de los que buscan un nombre para engrandecerse y por tal razón su exhibición de virtud no les sirve de nada porque en sus vidas está clara la ausencia de amor.
Los corintios eran gente difícil. Eran impacientes, vivían descontentos, eran envidiosos, estaban hinchados de orgullo, egoístas, indecorosos, vivían indiferentes ante los sentimientos de los demás, eran suspicaces, rencorosos y criticones. ¡Qué cuadro más difícil! Pero, a todo esto Pablo les escribe. Y así el apóstol les presenta, en contraste, los rasgos del verdadero amor (I Corintios 13: 4-7). Les hace saber que el amor es paciente, que es sufrido y es servicial. Les explica que el amor aguanta un padecimiento sin descomponerse, que todo lo soporta con gran resignación sin que la cara grite su sufrir. El amor es benigno, bondadoso, amable, generoso, dulce y sereno. No tiene envidia y no quiere lo de los demás, está muy contento y satisfecho con lo suyo, así que nunca será capaz de quitar lo del otro. No es jactancioso no se engríe. Se da cuenta de que todo lo que tiene es don de Dios y que nada hay en el hombre de lo que pueda éste enorgullecerse. El amor no hace nada indebido. No buscará lo suyo y será cortés y considerado. El amor no busca egoístamente lo suyo sino que se interesa en lo que pueda serle de ayuda a los demás. El amor no se irrita sino que está dispuesto a soportar menosprecio e insultos. El amor no toma en cuenta el mal y por tal razón no guarda rencor. No cabe el engaño en él. Le gusta la verdad, no la injusticia.
Todo lo descrito aquí por Pablo nos aplica a nosotros tan igual como lo fue para los corintos. Si amamos tenemos que sufrir. Todo lo debemos creer, es decir que intentemos siempre darle la mejor interpretación a nuestras situaciones y acontecimientos. Todo lo esperemos, esperemos de todas las cosas el mejor resultado. Soportemos persecuciones y los malos tratos. ¡Amemos, amemos! La ventaja es que el amor no caduca jamás, nunca dejará de ser. Y así seremos nosotros, ¡SI AMAMOS!! Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
