Mega Zoé
Estudio #0484Iglesia en las casas

Sansón no Peleó Contra su Pueblo, sino contra sus Enemigos

Sansón no Peleó Contra su Pueblo, sino contra sus Enemigos enseña a discernir la batalla espiritual y perseverar en la oración.

Antiguo TestamentoJueces6 min lectura

Nuestra guerra no es contra hombre, no es contra carne y sangre sino contra potestades y principados. La vida la viviremos luchando contra los muchos enemigos que se nos levantan. Si presentamos fragilidad y la reconocemos, más grande se hará Dios en nosotros. El poderoso es Dios. Conozcamos las Escrituras y más venceremos en esta vida, que es una guerra. Como nos ven humildes, a algunos les parecemos flojos. Pero, es que dependemos de Dios para todo. Dios libra al que le cree. Es el Espíritu Santo el que batalla por nosotros. Nunca dejemos que el Espíritu Santo nos abandone. No seamos guiados por nuestros propios pies, porque cuando el Espíritu Santo pelea es cuando ganamos. Si los que peleamos somos nosotros, entonces perderemos.

El relato bíblico aquí en el Libro de los Jueces dice que los Filisteos invadieron a Judá. Dios levantó a Sansón como juez de Israel desde el vientre de su madre y le dijo a ésta que lo separara como un nazareo, separado de comidas y bebidas comunes. Comenzó Dios a trabajar en Sansón en un proceso diferente a los demás, Sansón siempre trabajó solo. Los Filisteos eran grupos de bandidos que se metían entre los Israelitas y los oprimían. Sansón no necesitó ayuda de nadie para derrotar a aquellos enemigos. Un justo llamado por Dios no necesita ayuda humana, pues Dios está con él. Los Filisteos caminaban detrás de Sansón por venganza pues este le había quemado todos sus cultivos, ya que ellos le habían hecho mucho daño a Judá. Nosotros debemos cuidarnos de no hacernos enemigos de Dios sino amigos. El que se metía con Sansón se metía con Dios. Nadie se puede meter con nosotros porque somos hijos de Dios, es como meterse con Dios.

Eran muchos los que buscaban a Sansón, tanto filisteos como judíos. Lo primero que hay en un cobarde es la traición. Vs. 11 Los varones de Judá se prestaron para unirse al enemigo y buscaron a Sansón para entregárselo. Aprendamos a conocer. Está en nosotros averiguar primero las cosas, eso no es pecado. Les faltó amor, pues el amor todo lo cree. No juzguemos sin conocer bien, porque por esto Judas llevó a Jesús a la cruz traicionándole. Hay momentos en que el justo se mete en una cueva para evitar la guerra. Había un ejército buscando a un hombre y así es nuestra lucha, un ejército, potestades, principados que se levantan en contra nuestra y no podemos hacer nada con nuestras fuerzas, lo mejor es encomendarnos a Dios y a su poder. Aquel ejército se levantó en contra de un solo hombre para destruirlo. Las luchas son grandes. Nosotros tenemos que ser el mejor pueblo porque hay mucho que batallar y aprender para enseñar a otros. Veamos lo grande de la lucha y podremos ver quien es el enemigo que se desplaza por toda la tierra buscando destruirnos. No vivamos como ignorantes sino con conocimiento para ver cual es nuestra guerra. Necesitamos invadir todo el terreno para ganarlo. Salgamos de las cuevas.

Ellos sabían donde estaba Sansón por eso fueron a Judá, pero Sansón era todo un ejército. Nosotros somos un ejército, no esclavos de nadie. Nosotros también debemos estar claros, somos un ejército. Los de Judá cobardemente lo entregaron. Sansón era de su mismo pueblo, de Israel, no tenían porque entregarlo. Cuando en nosotros hay mucho amor no traicionamos a nadie. Ellos prefirieron estar oprimidos por los filisteos que ser liberados por Sansón que era uno de los suyos, de la tribu de Dan. Se apoderó de ellos el terror porque los filisteos eran muchos. A veces buscamos la forma más fácil de resolver las cosas. A los hombres de Judá se les olvidó el daño que los filisteos les habían hecho. Veamos bien como son las cosas, entendamos y entremos a la guerra. Los de Judá le dieron la razón a los filisteos en lugar de unirse a Sansón para destruir al enemigo. Es ahí cuando se demuestra que uno es un guerrero de Dios. Disfrutemos el tiempo con Dios para que nos dé fuerzas para la guerra. Sansón les permitió que le ataran sus manos con cuerdas nuevas, pero no tenía miedo porque el poder de Dios era grande en él. Él sabía contra quién guerreaba. El diablo siempre busca tener los hermanos peleando unos contra otros para que no vean con quién realmente es la guerra. Sansón tenía tanta fuerza y valentía, pero no iba a emplearla contra sus hermanos de Judá. A veces se usa la fuerza en contra de los justos. ¡Cuidado!

Dios le había llamado a Sansón como juez para aquel pueblo, pero ahora él les parecía débil. Les dio una lección de mansedumbre, aunque les pareció débil en ese momento. Sansón sabía con quién debía rendirse y así tenemos que saberlo nosotros. Sansón no iba a pelear contra su pueblo, a él no se le había llamado a tener guerra con Judá sino para pelear contra los enemigos filisteos. Tampoco se iba a dejar matar. Sansón representaba lo que era Dios, ese es el temor de Dios. El hombre que está metido en esa brecha, el poder y la autoridad que se le dan no los ejerce en contra de los suyos sino contra los principados y las potestades del diablo. Sansón podía defenderse y Jehová lo iba a respaldar, pero jamás iba a estar en un hombre que Dios lo había separado un pensamiento en contra de los suyos. El pacto no estaba en las cuerdas que lo ataron sino en el pacto del Espíritu Santo, en su cabellera. Sabía claro con quien era su guerra. Aprendamos nosotros bien con quien es nuestra guerra. Como hilo fino se deshicieron aquellas cuerdas. Cuando nuestras manos están libres para adorarlo y conocer su poder los demonios tienen que huir. Nuestra mejor arma es la oración.

En ocasiones comenzamos a tener guerra con quien no tenemos que guerrear. A veces la gente quisiera vernos arrastrados, enfermos, por eso necesitamos la oración. La oración es como la quijada que usó Sansón como arma para dar los golpes, no la soltemos. Todos aquellos gritos de alegría al ver a Sansón atado se convirtieron en terror porque Sansón los venció a todos. Cuando pensaron que iban a tener un gran festejo, terminaron vencidos. Luego de eso Sansón escribió un poema. Ningún triunfo es nuestro sino de Jehová. Cuidemos nuestras palabras. Sansón en su gran sed tuvo que depender de Dios. Cuan grande es nuestra fragilidad. Su cuerpo experimentó lo normal de tener sed después de haber experimentado el poder de Dios para que no se le olvidara que a los mil los acabó Jehová con su poder. Si dependemos de Dios lo hacemos tanto para lo grande como para lo pequeño. En todas nuestras necesidades Jehová se hace grande. De Dios dependemos para que nos dé su favor al librarnos de nuestros enemigos y ayudarnos con algo tan sencillo como con nuestra sed. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz