El cuerpo del Señor fue triturado para nuestro beneficio. Nos movemos conociendo que Jesús es nuestro Señor y que murió por nosotros, resucitó con poder y venció la muerte. Tengamos cuidado de cómo caminamos. La gente, el impío sabe bien las reglas de cómo debe conducirse el cristiano. A veces hacemos cosas indebidas y ya no somos merecedores de Cristo. Debemos ser dignos de lo que tenemos porque nuestro esfuerzo debe ser amar a Dios con todas nuestras fuerzas. Dios siempre está pendiente de nosotros. Cuando se comienza a caminar indignamente es porque se ha roto con lo que ha querido el Señor Jesús.
El judío tenía la costumbre de hacer muchas fiestas. La fiesta de la pascua era para celebrar cuando fueron sacados de Egipto. Pero, Jesús murió por nosotros y ahora celebramos la santa cena en memoria de tan grande acontecimiento. La cena del Señor no es una fiesta más, tenemos que estar preparados para recibirla. Es algo para que nuestro corazón sienta todo lo que eso conlleva. Para el tiempo de los corintios la cena no se celebraba como la celebramos hoy. Ellos no estaban viendo la cena como eso solemne en memoria de que un cuerpo fue triturado por ellos. Por eso Pablo enseña sobre la cena en 1 Corintios porque el Señor le trae la revelación de cómo debe ser. Pablo lo enseña como una realidad para nuestras vidas. Es una esencia muy violenta en la iglesia para que el pueblo entienda. Hay hombres y mujeres que cada vez que toman la cena es porque tuvieron un encuentro con Jesús y hacen memoria de su muerte. La cena no es meramente comer el pan sino hacer memoria de que Jesús murió y resucitó para bien de nuestras vidas. Ese pedazo de pan que comemos es consagrado para el Señor. Lo que se consagra para Dios se lleva en santidad. Cuando lo comemos anunciamos a todo el mundo la liberación de todos nuestros pecados y que ese cuerpo fue triturado para que seamos libres y para que en nosotros haya gozo, paz, salvación y podamos ir delante de Dios en adoración.
El enemigo quiere perturbar la tierra, pero en nosotros hay liberación. Para la liberación necesitamos el cuerpo que fue triturado y que no merece ninguna otra traición. Mientras más oidores de la Palabra somos más crecemos y alcanzamos llegar a donde debemos. El cuerpo de Jesús fue quebrantado por nosotros, una sangre derramada que está sobre nuestro cuerpo, que no se descompone ni se pudre sino que está caliente todavía. La sangre de Jesús nos cubre, los demonios y los ángeles lo saben bien. En nuestro cuerpo llevamos la sangre de Cristo y esa sangre es santa. Sobre nosotros hay un cuerpo que el Padre ha quebrantado. Nuestra vida debe estar llena de fuego, de pasión por esa sangre que nos cubre. El poder, el amor no sale del hombre sino de la sangre de Cristo dada de gratis. Esa sangre llegó a nosotros el día que recibimos a Jesús como salvador.
Pablo exhorta a entender ese amor de Dios para nuestras vidas. A veces vivimos desesperados, pero nuestro problema no es nuestro sino de Dios, quien quiere que descansemos en Él. Para eso pagó el alto precio y trituró su cuerpo, para llevar nuestras cargas, por eso hacemos memoria de Él al comer el pan.
Somos especial tesoro para Dios, Él confía en nosotros para levantarnos como hijos. Cuando Jesús comía el pan con sus discípulos, en aquel mismo momento estaba siendo traicionado. Pero, pronto se le iba a dar a la tierra el mejor regalo. Jesús estaba con los que amaba. Su costado, sus pies, todo su cuerpo fue triturado, hubo un sacrificio vivo para pagar nuestros pecados, nuestra enfermedad, nuestra ruina. Jesús fue vendido por un amigo que vio en Cristo un negocio. Judas pensó que se aprovechaba de Jesús y de sus amigos. Se aprovechó de lo hermoso de Jesús, se unió al odio y lo entregó. Pero, Jesús estaba pronto a entregar su vida por nosotros viviendo la traición de un amigo que lo llevaría a la muerte. Se quedó solo, sus discípulos se fueron huyendo, no tendría a nadie, ni multitudes. Jesús era traicionado mientras cenaba y eso nos traería a nosotros la libertad mediante su muerte. No era una cena más. Luego se fue a orar porque su cuerpo estaba abatido. Jesús dio gracias por el pan, porque le fue dado un cuerpo mortal que obtuvo para darlo por nosotros.
El Hijo de Dios que estaba entre millones de ángeles, el Cordero de Dios tiene todo el derecho de llevarnos al cielo. Los ángeles saben que era el Hijo de Dios en la tierra. Por eso tenemos que hacer memoria de Él cada día. Tomó un cuerpo humano para bendecirnos, cuidarnos. Siendo Dios dejó todo y vino a la tierra hecho el Hijo. Con ese cuerpo acudió a la cita por un amigo que lo traicionó y lo llevó a la muerte. Aunque tenía grande dolor, sabía que haríamos memoria de Él al tomar la cena. Pablo decía que tuviéramos cuidado de no tomar la cena indignamente. Quizás no se muera físicamente, pero en Dios morimos. Comamos la cena dignamente, en santidad. No como una celebración más, no la tomemos indignamente.
Jesús fue a la cruz, lo llevó un amigo de la mano, no tuvo defensa, ni quiso hacerlo. Isaías 53: 7 Enmudeció por nosotros pudiendo abrir su boca y denunciar nuestros pecados. En silencio perdonó nuestros pecados, nos transformó en nuevas criaturas y puso de Él talentos, dones, frutos, bienestar. Nos enriqueció en todo, entonces tengamos cuidado de no comer la cena indignamente. Muchos le han traicionado, cuidemos nuestro corazón. Esto es un regalo para nuestras vidas, no seamos como los corintios, que no les era de suma importancia. Caminar inadecuadamente es grave para nuestras vidas, hay ordenanzas que se nos han dado. Hay unas consecuencias, salimos culpables de la sangre y del cuerpo del Señor. Volver atrás es ser culpables de la sangre y del cuerpo del Señor y esos descuidos en la conducta son irreverentes. Es como decir que lo crucifiquen nuevamente y traicionarlo como Judas. Eso trae enfermedad, debilidad, muerte. Examinémonos cada uno de nosotros mismos si tenemos fe. El pedazo de pan que nos comemos es para anunciar que el cuerpo de Jesús fue crucificado por nosotros. Debemos tener el alma en un estado apropiado para comer de Él. El comer y beber indignamente la cena es comer el juicio al no discernir el cuerpo del Señor. El cuerpo de Cristo fue dado para que el pecado fuera quitado de nuestras vidas. El poder de la muerte de Jesús nos libera. Los castigos, las enfermedades, las debilidades y hasta morir son medidas de disciplina. Pero si nos examinamos y buscamos lo que está mal, no habrá necesidad de que se nos juzgue y acuse. Sabemos cuando algo está mal o bien. Entonces, examinemos mejor y procedamos al arrepentimiento para no llevar castigo. Demos valor a lo que de verdad lo tiene, porque lo que no tiene valor nos puede separar de Dios. Y fuera de Él no somos nada. A Él sea la gloria por siempre. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
