Noemí, la mujer israelita estaba viviendo el día de su amargura. A veces hacemos las cosas motivados por algo, pero siempre en nuestras vidas nos tenemos que enfrentar a lo que tenemos adentro, a eso que nos perturba. Pero es más fácil huir en vez de enfrentarlo. Lo que sucede es que al pasar los años aquello a lo que le huimos se nos va empeorando. Es natural que el hombre siempre trate de huir. Cada uno de nosotros tomamos para nuestras vidas algo que es muy de nosotros, algo que nos oprime, es algo que desarrollamos y terminamos haciendo lo mismo que hizo Elimelec, esposo de Noemí, escapó al problema.
Cuando deseamos lo que es la perfección nos afligimos si hay algo que hicimos mal y se nos convierte eso en grande amargura. Pero, en la vida hay que enfrentar muchas cosas. Cuando cometemos torpezas ellas se nos convierten en un gran dolor para nuestras vidas. ¡Cuidado! ¡Velemos!
Elimelec se fue a un lugar donde estaba la muerte, no buscó la solución a su opresión. Enfrentarnos al problema es lo mejor que podemos hacer. Debemos ver la realidad de lo que está al frente nuestro. El terror, la ansiedad nos quiere cargar durante la vida para que vivamos en amargura. Pero, nosotros no somos para vivir en amargura. En vez de enfrentar aquello que nos lleva a la opresión, eso nos toma y al hacerlo ya estamos perdidos. Debemos tener la valentía que tuvo Noemí delante de todos. Aquella mujer era conocida como "placentera". Por el terror que había en su esposo Elimelec por aquel día de amargura, ella caminó con su cabeza baja y tal vez con una mano secándose las lágrimas. Seguramente que allí estaba el Espíritu Santo obrando en ella. Por eso en el día de nuestra amargura no nos preocupemos porque ahí también estará el Espíritu Santo obrando en nosotros y dejándonos libres de lo que nos pueda atar.
Cuando oprime la situación o el problema, si huimos es porque no vemos que puede haber una solución. La familia de Elimelec estaba padeciendo hambre por la opresión de los amalecitas, enemigos de la región que bandalizaban sus campos. El pueblo se había alejado de Dios, por eso no tenían a nadie que los protegiera. Entonces clamaron a Dios. ¡Siempre clamemos a Jehová por lo que nos pueda estar oprimiendo!
Noemí era una mujer que había pasado todo ese quebranto. Cuando nos sentimos oprimidos es propio del ser humano huir, porque un mortal esclaviza. Pero donde está nuestra libertad es en la oración. Aquellos pueblos devastaban toda la tierra de los israelitas. Lo propio que Elimelec tenía que haber hecho era subir a la montaña, a lo alto donde nadie lo podía alcanzar. Como lo hizo el resto del pueblo, porque allí nadie los podía tocar. Él no tenía por qué morir en Moab. No hay nada mejor que levantar clamor a Dios para vencer todo aquello que nos está oprimiendo. El enemigo viene para robar en el día que nos toca recoger nuestra bendición. Lo mejor era subir al monte y esconder el alimento, pero a nosotros lo que nos gusta es lo fácil. Elimelec no quiso enfrentar lo que le tocaba vivir en aquel momento.
Jueces 6:7 Por aquello que nos oprime tenemos que clamar a Jehová porque mientras más lo hacemos Él saldrá a nuestro favor. Mientras Elimelec estaba huyendo hacia Moab, en Israel salía el Ángel de Jehová a favor del pueblo dejando ver el poder de Dios en Gedeón. Por eso Gedeón fue un varón seleccionado para pelear por el pueblo. Jueces 6: 14 Gedeón fue esforzado y valiente, se enfrentó a lo que les oprimía. En Moab, a donde escapó Elimelec había ídolos y todo lo mundano para contaminarlos. En ese mundo está la muerte. Elimelec no se quedó para clamar a Jehová para que lo librara por causa de lo que le estaba oprimiendo. En muchas ocasiones lo que nos oprime no nos deja clamar. Porque nos estamos quejando todo el tiempo y eso desespera nuestro cuerpo, nos fatiga, queremos salir huyendo y entonces hay muchas pérdidas.
Nosotros libramos nuestra familia en la oración, por eso el diablo no quiere que oremos porque entonces él toma ventaja y nos resta. Por más oprimidos que podamos estar de eso que nos ata, de la única forma que podemos ser libres es clamando a Jehová. Eso que nos oprime no es para que salgamos huyendo al territorio del enemigo. Porque cuando abandonamos nuestro lugar hay pérdidas. Enfrentemos lo que es nuestra lucha con nuestras oraciones. En Moab, le esperaba la muerte a Elimelec y a su descendencia. Elimelec lo que tenía que estar haciendo era clamando como lo estaba haciendo el pueblo. Tenemos un Dios grande que nos escogió para pelear la buena batalla y ganar. Noemí se echó la culpa por lo que habían hecho, huir en vez de clamar como lo hizo el pueblo. Jehová libró a Israel solo con Gedeón y 300 hombres porque el pueblo clamó. Noemí que era la placentera ahora era la amarga. Dios no había hablado bien de Noemí. Ella pudo confesar delante de todos que no le había agradado a Jehová lo que ellos habían hecho y por eso Jehová los afligió para que ella volviera a donde Él quería. Ella se había llevado todo lo que poseía cuando se fue a Moab, pero cuando regresó vino con las manos vacías. Pero, el momento de la opresión es solo por un tiempo, no es para siempre. Dios quiere de nosotros que confiemos completamente en Él.
Jueces 8:28 La tierra comenzó a reposar porque Jehová escuchó el clamor del pueblo. Lo tenemos que hacer es comenzar a creer que vendrá el día del reposo. Noemí regresó en humillación. No hay nada mejor que la humillación. Noemí se humilló y regresó al lugar donde estaba Jehová. Noemí necesitaba que Dios saliera a su favor y si nosotros tenemos el favor de Dios, las tenemos todas a ganar. Luego del arrepentimiento y de la humillación, aquello que la oprimía la abandonó El temor al hambre, al frío se había apoderado tanto de ellos que se quedaron sin nada, sin familia. Cuando nosotros aprendemos el arrepentimiento y la humillación, entonces no caminaremos en altivez. Nosotros estamos conquistando, no huyendo. Hay mucha humillación que nos toca vivir. Si Jehová nos ha hecho quedar mal, entonces lo mejor es la humillación. Debemos ser más sensibles a la humillación. Dios no se esconde. El es el mejor testigo de nuestras vidas. El está velando nuestras vidas todo el tiempo. El hablará, testificará sobre nosotros. A pesar del castigo que tenía Noemí, pudo llegar a la tierra prometida gracias a su humillación, fue de la única forma que lo lograría. De esa humillación, trascendió que de la descendencia de la familia de Rut naciera nuestro amado salvador Jesucristo. Que ninguna opresión nos aleje de Jehová. Enfrentemos lo que nos rodea para que siempre haya libertad y bendición. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Que Ninguna Opresión Me Aleje De Jehová
Rut 1:21
“Yo me fui llena, pero Jehová me ha vuelto con las manos vacías.”
Noemí se fue llena y volvió con las manos vacías, porque su familia huyó a Moab en vez de clamar a Jehová por lo que los oprimía. Que ninguna opresión nos aleje de Dios: lo que nos oprime se enfrenta clamando. Estos son los puntos para la semana.
- Siempre nos toca enfrentarnos a lo que tenemos adentro, a eso que nos perturba, pero es más fácil huir. Al pasar los años, aquello a lo que le huimos se nos va empeorando.
- Elimelec, esposo de Noemí, escapó del problema y se fue a un lugar donde estaba la muerte. No somos para vivir en amargura: si en vez de enfrentar la opresión ella nos toma, ya estamos perdidos.
- Los amalecitas devastaban los campos de Israel, porque el pueblo se había alejado de Dios. Lo propio era subir al monte, esconder el alimento y clamar, pero a nosotros lo que nos gusta es lo fácil.
- Mientras Elimelec huía a Moab, el pueblo clamó y Dios levantó a Gedeón, esforzado y valiente, y libró a Israel con trescientos hombres. Por lo que nos oprime, hay que clamar a Jehová.
- Muchas veces lo que nos oprime no nos deja clamar, porque nos quejamos todo el tiempo. El diablo no quiere que oremos, pero en la oración libramos a nuestra familia; cuando abandonamos nuestro lugar, hay pérdidas.
- Noemí, la placentera, volvió amarga y con las manos vacías, y confesó delante de todos que a Jehová no le agradó lo que hicieron. Pero el momento de la opresión es solo por un tiempo, no para siempre.
- Noemí regresó en humillación al lugar donde estaba Jehová, y de la descendencia de Rut nació nuestro Salvador Jesucristo. Dios no se esconde: es el mejor testigo de nuestras vidas.
No le huyas a eso que te oprime: cada día de esta semana, en vez de quejarte, clama a Jehová por ello en oración.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Noemí Vuelve a Belén
Rut 1:21
Para leer en voz alta con los niños
“Yo me fui llena, pero Jehová me ha vuelto con las manos vacías.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: Noemí se fue de su tierra con todo lo que tenía y volvió sin nada, con las manos vacías. Cuando hubo hambre en Israel, su esposo Elimelec escogió huir a Moab en vez de quedarse y pedirle ayuda a Dios.
- Cuando algo nos da miedo o nos molesta, lo más fácil es salir corriendo. Pero lo que no enfrentamos se hace más grande con el tiempo.
- Unos enemigos les robaban la comida a los israelitas. El pueblo clamó a Dios, y Dios mandó a Gedeón, un hombre valiente, que los libró con solo trescientos hombres.
- Elimelec no se quedó a orar con su pueblo: se fue a Moab, un lugar lleno de ídolos. Allí murió él, y también sus hijos.
- Huir de Dios trae pérdidas, aunque al principio parezca más fácil. Noemí se había ido llena y regresó triste y con las manos vacías.
- Cuando algo te preocupe, no te quejes todo el día: habla con Dios. Orar es la manera de ser libre de lo que te aprieta el corazón.
- Noemí regresó humilde a Dios, y Dios la bendijo. De la familia de Rut, que vino con ella, nació mucho después Jesús. Lo difícil no dura para siempre.
¿Qué te da ganas de salir corriendo en vez de enfrentarlo?
Esta semana, cuando algo te preocupe, en vez de quejarte, díselo a Dios en oración.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
