¡Que sea primero el reino de Dios en nuestras vidas que cualquier otra cosa! Al pasar los años muchos descuidan la verdad del evangelio y acomodan la Palabra a su gusto, le añaden o le quitan por conveniencia o beneficio y la pasión y la convicción que tenían se les va acondicionando. El pueblo de Dios tiene que tener y conservar la verdad que ya está establecida. A veces, teniendo la posibilidad de usar la prudencia se destroza la verdad. No debe ser que al pasar los años disminuya la verdad aprendida en vez de aumentar y perfeccionarse.
Mientras más fe en lo que Dios ha establecido más vamos a alcanzar. Al escuchar la Palabra tal cual es, se produce fe. El diablo no quiere que se escuche la Palabra porque mientras más la escuchamos más creceremos en fe y él sabe que estará perdiendo. Si hemos decidido servir al Señor debemos poner en Él nuestra confianza. Cuando estamos en aprietos a veces perdemos la fe. Mientras más crecemos en fe, más confiaremos en Él y desecharemos la ansiedad que es lo que nos saca del proceso de la fe. La ansiedad viene de parte del diablo para que se termine el proceso de la fe en nuestras vidas. A veces queremos trabajar nosotros y nos llenamos de ansiedad. Esto se convierte en nuestro peor enemigo porque nos perturba para que no creamos. Si no creemos, entonces ¿cómo se mueve Dios? Porque Él se mueve de acuerdo a cuánto le creemos.
Si hay algo que debemos tener es una confianza inconmovible en Dios todo el tiempo. No le podemos servir a las riquezas. A veces mientras estamos bien le servimos al Señor, si lo tenemos todo, entonces, ¿cómo depender de Dios? Es tendencia del ser humano centrar su vida en torno a la comida, el vestido. Todo lo que está alrededor y se pierde el verdadero sentido que tiene la vida. A veces, lo que poseemos es lo que tiende a medirnos delante de la gente. Se vive en ese sentir equivocado. Jesús nos explica en este pasaje bíblico lo que es el verdadero sentir de la vida. Así que es una equivocación preocuparse excesivamente por lo que comeremos y vestiremos dentro de 10 años. No podemos proyectarnos hacia lo que vamos a poseer en tal o cual tiempo, pues entonces nos metemos en ansiedad y bajo presión. Viviremos preocupados por lo que serán los años que vienen y no le daremos el verdadero sentido que tiene la vida, como nos la ha dado el Maestro. Las preocupaciones acerca del futuro se convierten en pecado, porque se niega la sabiduría, el poder y el amor de Dios. Se niega el amor de Dios al implicar que Él no cuida de nosotros y que no nos ama. Eso es restarle a Dios de su amor, su cuidado, su sabiduría. Es negarlo y decirle a Dios que Él no sabe lo que está haciendo y que no es capaz de proveer a nuestras necesidades; es tirarlo por el piso. Nuestras preocupaciones nos hacen dedicar las energías a buscar modos de cómo vivir.
Dios está comprometido a favor nuestro. Algunos han malgastado sus vidas y han perdido el propósito central para el cual hemos sido creados. A veces comenzamos a fijar nuestra mirada en aquello contrario a lo que es el plan de Dios y que al fin y al cabo no hará bien a nuestras vidas. Comenzamos a afanarnos por eso y es ahí donde echamos nuestras raíces y no para el propósito de Dios. Cuando las preocupaciones son constantes, comenzamos a llenarnos completamente de ansiedad. Jesús les prohíbe a su pueblo la ansiedad atormentadora que les perturba el gozo, la paz en el espíritu, el sueño reparador y el disfrute de las bendiciones de Dios. La ansiedad se convierte en un tormento. No nos afanemos por nuestras vidas. Tomemos la bendición que Dios nos tiene en el momento. El cuerpo se nos ha dado y necesita depender de Dios los siete días de la semana. Nuestra paz y gozo vienen de Dios no de las circunstancias. El cuerpo se nos ha dado para que sea nuestro siervo, no nuestro dueño. Si nos dejamos llevar por él nos destruye. La vida que Dios nos ha dado es lo que más importa de todo lo que está a nuestro alrededor. Innecesario es tener ansiedad.
Las aves siempre cantan y hacen sus nidos, Dios las cuida. Entonces, ¡cuán innecesario es tener ansiedad! Dios se encargará de nosotros. La gente amontona recursos para un futuro impredecible. No vivamos así de preocupados. Dios quiere acrecentar nuestra confianza cada vez más en Él. Los animales se crearon para estar a nuestro servicio, ¡cuánto más nosotros que hemos sido creados para servir a nuestro Hacedor! Él nos alimentará sin ninguna preocupación, Él es quien va a salir por nosotros.
Nosotros no podemos añadir a nuestra estatura. Por nuestra incapacidad para muchas cosas es que necesitamos que Dios nos bendiga. A veces vivimos en ansiedad, pero necesitamos de Dios su bendición. No podemos alargar nuestra vida a nuestro gusto. Entonces, nuestra ansiedad hacia el futuro es una deshonra y una ofensa a Dios. A veces vivimos llenos de preocupaciones y ansiedad porque no sabemos vivir el día de hoy. Tenemos que conocer la Palabra. La vida hay que disfrutarla.
Conocer como los lirios del campo han sido creados y cuán hermosos son, debe ser un motivo más para alimentar nuestra fe. Éstos salen solamente por un día, se visten de hermosura, con sus colores y textura, tamaño y cuando mueren se usan para prender fuego. El Dios que cuida de los lirios nos cuida a nosotros. No busquemos tanto para el futuro sino para lo que nos toca hoy. El futuro le corresponde a Dios. El inconverso vive para la alocada acumulación de riquezas. Vivamos el día de hoy, el momento. Porque no sabemos lo que sucederá mañana. Las preocupaciones son en esencia desconfiar de Dios. Ellas son características de los paganos no de nosotros. Algunos piensan estar seguros por la cantidad de dinero que han ahorrado, pero nunca estarán satisfechos. Nunca vamos a estar seguros del futuro porque es incierto.
Para poder derrotar la ansiedad y las preocupaciones tenemos que buscar concentrarnos en hacer la voluntad de Dios. Porque lo demás Dios lo añade y viene nuestra bendición, no de nuestra vanidad ni de nuestros esfuerzos. Así como cuida Dios de la hierba y de las aves, nos cuida cuando buscamos su reino y su justicia. Nuestra meta es el Cielo y para ir ahí hay que amar y vivir en santidad. Dios se compromete a cuidarnos para que no carezcamos de las cosas esenciales de la vida. Buscar su justicia y vivir en santidad es para no ser destruidos, porque le damos lo que Él exige. A veces vivimos acumulando para el día malo, pero luchemos para buscar el reino de Dios. No nos podemos preocupar por el mañana, aprendamos a las demandas de cada día según nos vayan llegando. Vivamos el día de hoy, aprovechemos la puerta que Dios nos ha abierto. Él cuidará de nosotros y de los nuestros. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
