Somos ovejas. Si algo debe estar en nosotros es el conocimiento del Padre para no turbarnos. En la Iglesia nunca puede haber una mezcla de lobo y oveja porque éstos no tienen ningún parecido. Cuando pensamos que somos suficientes creemos no necesitar de nadie que nos lleve. Pero se puede ver en una oveja que nunca se siente suficiente, porque sabe que el Buen Pastor la puede llevar. El día que creemos ser suficientes estamos en grandes peligros, porque una oveja no puede estar si no es en un rebaño.
A veces tomamos decisiones sin medir las consecuencias porque no somos capaces de ver las cosas. Nunca vamos a poder hacer las cosas por nosotros mismos siendo ovejas, pues tenemos un Pastor. El temor a Dios es algo que muchas veces se va de los seres humanos. Si de algo debemos tener mucho cuidado es que nunca nos encontremos competentes y que no nos es necesario que nadie nos guíe. Porque, entonces ya la vida se nos torna mala. De la noche a la mañana todo desaparece. Solamente el Buen Pastor es el que nunca deja de ser. Por eso no podemos descansar en nuestras fuerzas sino en lo que Dios va haciendo. Somos personas que dependemos del Buen Pastor toda la vida; nuestro mover depende completamente del Buen Pastor. La iglesia es de nuestro Señor Jesucristo, porque Él es el único adecuado para dirigir nuestras vidas. Nada es nuestro, solo el Buen Pastor es el que puede hacer en nosotros. A veces no nos gusta que Jesús lleve nuestras vidas y comenzamos a hacer nuestras cosas, pero una oveja siempre tiene que buscar dirección.
El conocer la Palabra tiene mucho bienestar; no buscando el beneficio propio sino lo que Él nos quiere decir a través de la Palabra. Las obras que Jesús hacía daban testimonio de que Él era el Buen Pastor. Cuando uno piensa que es suficiente ya está programado. El mundo insiste que es suficiente. A la gente no le interesa que Jesús guíe sus vidas. El otro problema que tiene el ser humano es que habla mucho. Los fariseos no podían ver el gran poder de Jesús sino que se obstinaban en lo suficiente de ellos. A veces no podemos ver la grandeza de Jesús sino que vivimos obstinados, eso nos deja ciegos, nos bloqueamos y damos tropezones que luego no nos dejan levantar. Tengamos cuidado.
Jesús vino a la tierra con milagros y poder; Él estableció el reino del Padre que es gozo, paz y justicia. No tenía espada para matar a sus enemigos, pero si tenía el poder de la salvación. Los fariseos estaban viendo que frecuentemente sanaba y que tenía todo bajo control. Nunca había habido una persona que demostrara tantos milagros como Jesús. Él hacía milagros por la autoridad de su Padre y para gloria de su Padre. Entonces, ¿cómo no ver que hay un Buen Pastor que quiere guiar nuestras vidas? El que es oveja lo es en tiempos buenos, malos o en tiempos de prueba. Jesús hizo todo aquello mostrando que era verdaderamente el Buen Pastor. Cuando no tenemos al Buen Pastor, ¡ay! del cuerpo, de nuestros hijos, de las vidas, de nuestra descendencia, propiedades, bestias porque no tienen la bendición de Dios. Porque el que tiene al Buen Pastor tiene bendiciones en todo.
La mala disposición que tenían aquellos para recibir al Mesías demostraba que no eran sus ovejas. No todo el mundo será su oveja; a nosotros nos toca tirar las redes del evangelio. Cuando hay una disposición es porque de verdad se es escogido. A veces algunos que se llaman creyentes demandan que el mismo Señor se les revele, pero si algo debemos estar es agradecidos de que Él se nos revele a través de la Palabra, que es clara y precisa. El mandamiento es predicar el evangelio. Aquellos hombres eran obstinados en la incredulidad. Donde está el Buen Pastor para las ovejas es en la Palabra y mientras más comamos de ella más vamos a crecer y tener conocimiento de Él. Nuestra fe será aumentada y descansaremos en Aquel en quien confiamos. De no ser oveja de Cristo, entonces lo somos de Satanás.
Una cualidad de la oveja es que es tierna. Además hay que guiarla porque no puede tomar decisiones por sí misma. El cordero es un nombre que significa ternura. Si somos ovejas, corderos debemos ser tiernos. Si en nosotros hay ternura cuando Jesús nos habla a través de la Palabra nos tiramos al piso completamente en tranquilidad. Una oveja no piensa obstinadamente, no es respondona, no se aparta de su Señor en el día de su enfermedad ni de la prueba. Una oveja no se molesta con las demás, porque ella entiende quien es el Buen Pastor y nunca se cree superior. Las que no son ovejas no quieren oír la voz del Pastor para no seguir sus enseñanzas. Nosotros necesitamos que el Señor nos lleve día tras día. Debemos caminar juntamente con el pastor que lleva su cayado, su bastón. Nosotros no conocemos el camino si el Buen Pastor no guía nuestras vidas. No por lo que nosotros queremos, sino que aún cuando su varita nos da es para encaminarnos. Las verdaderas ovejas nadie las saca del camino. Jamás perecerán ni en la prueba ni en la peor situación.
Desde que nosotros conocimos al Señor, a partir de entonces, oímos Su voz. Porque ya somos sus ovejas y Él sabe todo lo de nuestras vidas. Si oímos su voz obedecemos su Palabra. Entonces, Él nos conoce por nuestro nombre. Ninguna oveja escapa a su atención. Nunca se podría perder a causa de su negligencia. Él no es negligente ni nunca nos va a descuidar. Una oveja le sigue, primero ejercitando la fe salvadora en Él y luego caminando en obediencia. El Buen Pastor es el que guía nuestras vidas. A veces nos olvidamos que somos ovejas y nos convertimos en lo que creemos y pensamos. La oveja se deleita en la voz del pastor. Cuando Jesús nos llama nos dice: "Sígueme"; porque nosotros no tenemos voluntad propia y Él nos guiará. La razón por la que se perece es porque no se escucha. Oír su voz y seguirle nos evita perecer. El que quiere seguir al buen pastor, sepa que este mundo ya no es suyo. Deseemos vivir una vida santa no por temor a perder una salvación sino por agradecimiento a aquel no nos la dio, que murió por nosotros. Somos ovejas de Cristo porque el Padre se las dio como regalo de boda. Tenemos tanto valor a los ojos de la Trina Deidad porque para comprar ese regalo fue derramada toda la sangre de Cristo. A gratitud de eso es que vivimos una vida santa. Nadie nos puede arrebatar de la mano de Jesús, ni aun el diablo. Cristo conoció bien la fuerza del Padre que lo sostenía y lo fortalecía. Fue el mismo Padre quien nos puso en las manos de Jesús. Jesús y el Padre son uno y ninguna diferencia hay en ellos. Jesús es igual al Padre; en ninguna manera hay nada que los separe. Son uno en poder, fuerza, majestuosidad y santidad. Era un plan de la trinidad para nosotros. Para caminar como Jesús quiere seamos oidores de su voz, amadores de la Palabra del Señor, seamos sus ovejas. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
