Mega Zoé
Estudio #0555Iglesia en las casas

Lucharé Para Que No Llegue A Mi Vida Nada De Incredulidad

Lucharé Para Que No Llegue A Mi Vida Nada De Incredulidad llama a vivir en santidad.

Nuevo TestamentoHebreos5 min lectura

Si algo debemos procurar y luchar es para que nunca se acumule en nuestro corazón la incredulidad. Ésta le puede llegar gradualmente a aquellos que han conocido al Señor, no al impío que ya de por sí es un incrédulo. Nuestro afán no puede ser día tras día por aquellas cosas que se puedan poseer, pues nada es de gran valor como para tropezar en esta tierra. Se lucha por tantas cosas, y eso interrumpe nuestro caminar en Dios. Cuidado, parece que nos hemos comprometido más con esta tierra que con lo del cielo. ¿Cuál es nuestra meta, cual es la razón de nuestra existencia? ¿No somos capaces de mirarnos, de observarnos y ver nuestras actitudes, nuestros actos? Es propio del ser humano tener un poco de fe. En la tierra todo se mueve por fe. Pero, somos muy ambiciosos. No nos saciamos poniéndonos metas personales, porque en nosotros hay mucho egoísmo. Vivimos para nosotros día a día y no miramos para otro lado. Seamos un pueblo que vayamos en contra de la incredulidad para que no haya poca fe en medio nuestro. ¡Porque la fe es la que mueve montañas y el pueblo de Dios tiene que mover montañas! No vivamos para sobrevivir como lo hace el impío, sino para mover montañas y para eso hay que creer. Si le creemos a Dios Él va a mover su mano y a hacer conforme a cómo nosotros lo movemos. Y se necesita fe para esto.

"Miremos que no haya en nosotros corazón malo de incredulidad." Se convierte el corazón en uno malo cuando dejamos de creer y nos llega la incredulidad. Y de ahí la poca fe. Nosotros debemos estar constantemente en guardia, velando. Pero, lo que sucede es que esto cansa, porque tenemos que velar las 24 horas del día. No podemos descansar en velar, porque el que más vela más cuida. El que lo hace tiene que creer que Dios hará el milagro. A veces el corazón se nos pone malo por la incredulidad. Esta es la razón del fracaso de las personas. Nosotros tenemos que estar en guardia para todo lo que hemos de vivir, cuidar nuestro corazón para que no se llene de incredulidad. Las personas se apartan por su incredulidad. Cuando no cuidamos nuestro corazón llega la incredulidad y comenzamos a actuar de acuerdo a lo que está en nuestros pensamientos. No podemos permitir que nuestro corazón se contamine, porque así hacemos quedar mal a Dios.

Cuando estamos en pruebas es cuando más debemos buscar a Dios. Pero, mayormente abrimos la boca para solamente quejarnos. Cuando llega a convertirse el corazón en uno malo por la incredulidad el fin quiere ser el apartarse del Señor. Por eso, la incredulidad es una constante amenaza a nuestras vidas. De ahí, viene la desesperación, el ¿por qué?, el buscar razones y nos peleamos con todo el mundo. Alejarse del Señor es lo mismo que quejarse de Él. Cuando somos personas temerosas de Dios lo que nos preocupa es que Dios nos eche a un lado. Cuando nos apartamos de Dios es por nuestro apego a este mundo perverso. Todos los males de la carne son los que traen como consecuencia el apartarse de Dios. El que se aparta del Señor lo hace por desobediencia e incredulidad. En cambio, el que cree sabe que tiene herencia en la tierra y en el cielo.

Gálatas 5:17 Cuando se cae en vivir por la carne es porque ya no hay gracia que nos sostenga. Es porque ya hay un corazón contaminado con la incredulidad. Al no cuidarse de las amenazas de la incredulidad, se cae de la gracia. En la gracia de Dios es que viene todo lo de Dios para nuestras vidas completamente de gratis. Cuando se cae de la gracia se cae en una pelea, nos domina y se manifiesta totalmente la carne. La gracia ya no mora, se va el Espíritu Santo y comienzan los grandes problemas, se pierde todo. Entendamos que Dios nos ha marcado y nos dio un propósito. El deseo de la carne es contra el Espíritu. Todos tenemos que luchar con nuestra carne, para que nuestro corazón no se ponga malo de incredulidad. Mantengámonos haciendo lo que Dios quiere para nuestras vidas. Mientras más crece la carne en uno, menos le creeremos a Dios. La carne es un imperio sobre el hombre y lo destruye. El infierno se va ganando con la incredulidad, pues llega la desobediencia. Para que haya una llama del Espíritu encendida en nosotros hay que morir a la carne. El propósito nuestro es llegar a la obediencia.

Tenemos como dos árboles, la nueva criatura cuando nacemos en Cristo Jesús y el viejo hombre que quiere levantarse en contra de las cosas del Espíritu. Debemos mantener estéril ese viejo árbol y hacer fructificar el nuevo para andar y vivir en el Espíritu. Entre la carne y el Espíritu hay una gran guerra, un constante conflicto. Dios nos quiere mantener dependiendo de Él todos los días. Démosle siempre alabanza a Aquel que nos creó. En lugar de quitar la vieja naturaleza Dios nos dio su Santo Espíritu para que morara en nosotros. Lo que ha llevado a Dios a confiar que somos buenos administradores de su Santo Espíritu es su amor. Él espera que nosotros gastemos nuestra carne para que el Espíritu Santo sea quien haga en nosotros. Y así recibir esas hermosas maravillas. Cuando se desecha lo que viene de parte de Dios, podemos ver que entonces pertenecemos a una cruel carne que se pudre. Estamos en continua y perpetua guerra y seguiremos así hasta que seamos llevados al lugar celestial para estar juntamente con Cristo. Lo que debemos hacer es rendirnos al Espíritu para que la carne no nos tome y se apodere de nosotros.

Efesios 4:13, 14 Nuestra meta es llegar y ser perfectos para Dios. El proceso de perfección es hasta que lleguemos a un estado de unidad y madurez y luego el Señor lleve a su iglesia al lugar celestial. Llegaremos todos y lo veremos tal como Él es cuando ya hayamos alcanzado el ser perfectos. Jesús es la cabeza, nosotros el cuerpo y si Él es perfecto nosotros también tenemos que serlo. Seremos un cuerpo perfectamente apropiado para su preciosa cabeza. Cuando la obra de la santificación progresa en el corazón del cristiano la corrupción se debilita. Gracias le damos a Dios por la fe que nos ha sido dada. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz