Jesús dijo claramente que el que lo deje todo por seguirle recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. Pero, hoy día parece que no somos tan capaces de dejarlo todo para seguir al Maestro. A veces, presumimos que hemos dejado muchas cosas por seguir al Señor, pero cuando vamos a lo profundo de nuestro corazón vemos lo egoístas que hemos sido, porque hay cosas que en verdad no hemos querido dejarlas. Si queremos irnos con el Señor en su venida tenemos que saber que hemos de dejarlo todo y que en Él no hay pérdida sino ganancia. Siempre en nosotros debe haber una actitud de humildad y mansedumbre. A veces llegamos a pensar como pensó Pedro, que lo hemos dejado todo por servir al Señor. Pero, mientras más el Espíritu Santo nos va examinando, más reconocemos que todavía nos falta dar más de nosotros, pero nuestra meta es esa para alcanzar lo mejor; esa es nuestra lucha.
Hay muchas causas o propósitos en nosotros que nos motivan para seguirle y agradar a Dios. Una causa honorable es la recompensa que el mismo Dios nos quiere dar. Entendamos que todo lo que hacemos en el Señor traerá su recompensa. Habrá recompensa por todo lo que hemos de luchar con el propósito de vencer. La vida eterna ya la tenemos por gracia. Nos hace falta la recompensa por nuestra vida de amor y servicio al Señor. Las recompensas son para dejarle ver a los cristianos que lo han hecho bien. Quiere decir que habrá mucha bendición porque en el cielo tendremos doble recompensa. Habrá recompensas para nosotros por lo que sufrimos y por las cargas que llevamos. Nuestros ojos verán el resultado maravilloso de aquello por lo que luchamos; Dios es poderoso para hacer todo esto.
No calculemos el precio de lo que hacemos o sufrimos por Cristo. Toda nuestra lucha o sufrimiento debe ser un honor que se le tributa a Jesús cuando se le sirve a Él, porque así habrá recompensa. El enemigo siempre ha estado buscando como hacer daño y destrozar la iglesia. Por eso, somos soldados de la causa de Cristo. En nuestras vidas tenemos leyes, doctrinas que son nuestra obligación en la vida cristiana. Como soldados somos compañeros de la campaña de Cristo. Estamos con Él para disfrutar su victoria, por eso debemos batallar cada día para vencer, hasta que Cristo venga o partamos con Él en su venida.
Cuando el soldado va a una guerra lo tiene que dar todo, amor, fuerza y pasión. Los soldados en Cristo tendremos recompensa y no seremos olvidados. Estamos cuidados por Dios, porque somos sus soldados aquí en la tierra. El que comparte la campaña de Cristo ha de compartir también el triunfo. Porque el que lleva la cruz llevará también la corona. Entonces, no hay por qué quejarse, porque el que está en la batalla es porque obtendrá la victoria. En las batallas que nos tocan enfrentar nuestras lágrimas no son de debilidad sino de lucha. Por lo que se llora ahora también tendremos nuestra recompensa, nuestro consuelo. Jesús llevó en la cruz nuestras derrotas, nuestro pecado y nuestras luchas, pues resucitó al tercer día. En Jesús no hay ninguna derrota. Nuestro padecer aquí en la batalla de la fe no es que nos vamos a morir; no hay por qué lamentarnos, porque estamos en la mejor campaña que pueda haber en toda la tierra, hay batalla y en ella la victoria.
Nosotros recibiremos más de lo que hemos tenido que dejar. ¿Qué hemos dejado por Cristo? Hemos entrado a una nueva compañía humana, la iglesia, que pertenece al reino de los cielos. No midamos la forma en que debemos amar. ¡Amemos! Mientras haya una iglesia tiene que haber amigos porque estamos en una comunidad cristiana. Hemos entrado al mejor y más amplio círculo de amistad que hayamos conocido antes. En la vida hay problemas y circunstancias difíciles, pero nosotros hemos decidido servirle al Señor. Así que estamos dispuestos para el quebranto y la humillación. La bendición de la iglesia es que tenemos el derecho de unirnos con los hermanos. Es el diablo el que quiere la separación. Cuando nos desunimos rompemos toda la unión de Cristo. Donde nos convienen las amistades es en la iglesia. A la iglesia nadie la podrá detener.
A veces, se mide la distancia que viajamos para la iglesia, la gasolina que gastamos, la ofrenda que damos, porque hemos pensado que le hemos dado mucho a Dios. Ese es un gran problema. No olvides que por todo tendremos recompensa aquí abajo y también recompensa futura en la vida eterna. Hemos de perder todo para obtener la eternidad con Dios. Aquellos que lo han abandonado todo recibirán recompensa de la mayor y recibirán una vida eterna en el cielo y en la tierra nueva. Según nuestras obras así será la recompensa. Comencemos a desprendernos de lo que nos tenemos que desprender y a vivir una vida para Dios. En el cielo hay mucho para nosotros y con justicia. Vamos a alcanzar la vida eterna que es la misma vida con Dios. Al fin y al cabo, todo lo que dejamos en la tierra es poco, comparado con la vida eterna con Dios. A veces, lo que dejamos nos es luego de lamento y según va pasando el tiempo nos llega la tibieza. Cuidado con eso. Nosotros le servimos por amor, no por nada más. Seremos recompensados por todo lo que hagamos por su causa. Seamos capaces de dejarlo todo hoy y por siempre. Lo que cuenta no es cómo comenzamos sino cómo acabamos el camino. No nos confundamos, sigamos al Señor y obtendremos grande recompensa. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Lucharé por Dejar Todo para Seguir a Jesús y Recibiré Mi Recompensa
Mateo 19:29-30
“Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.”
Jesús dijo claramente que el que lo deja todo por seguirle recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. A veces presumimos que lo hemos dejado todo, pero el Espíritu Santo nos examina y nos muestra lo que todavía no hemos querido soltar. Estos son los puntos para la semana.
- Como Pedro, a veces pensamos que ya lo dejamos todo por servir al Señor. Pero en lo profundo del corazón vemos lo egoístas que hemos sido; en Él no hay pérdida, sino ganancia.
- La vida eterna ya la tenemos por gracia; las recompensas son por nuestra vida de amor y servicio. Todo lo que hacemos en el Señor, lo que sufrimos y las cargas que llevamos, traerá su recompensa.
- Somos soldados de la causa de Cristo. El que comparte su campaña compartirá el triunfo, porque el que lleva la cruz llevará también la corona; no hay por qué quejarse.
- En la batalla de la fe, nuestras lágrimas no son de debilidad sino de lucha. Jesús llevó en la cruz nuestras derrotas y resucitó al tercer día: en Él no hay ninguna derrota.
- Por lo que dejamos, entramos a una nueva compañía: la iglesia, el mejor círculo de amistad. El diablo quiere la separación; cuando nos desunimos rompemos la unión de Cristo.
- Es un gran problema medir la distancia, la gasolina o la ofrenda como si le diéramos mucho a Dios. Le servimos por amor, y todo lo que dejamos es poco comparado con la vida eterna.
- Lo que dejamos a veces se vuelve lamento, y con el tiempo llega la tibieza. Cuidado: lo que cuenta no es cómo comenzamos, sino cómo acabamos el camino.
Pídele al Espíritu Santo que te muestre una cosa que todavía no has querido dejar por seguir a Jesús, y da esta semana un paso concreto para soltarla.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Primero la Cruz, Luego la Corona
Mateo 19:29-30
Para leer en voz alta con los niños
“Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: el que deja algo por seguir a Jesús va a recibir cien veces más, y va a vivir para siempre con Dios. El estudio dice que el que lleva la cruz, después lleva la corona.
- Pedro le dijo a Jesús: «Nosotros lo dejamos todo». A veces creemos que ya dimos mucho, pero Dios nos muestra que todavía guardamos cosas para nosotros.
- Seguir a Jesús a veces cuesta: dejar un juego para ir a la iglesia, compartir tu merienda o apagar algo que no le agrada a Dios.
- Todo lo bueno que haces por Jesús tiene premio. Él no se olvida de nada, ni de lo que nadie más vio.
- Somos como soldados de Jesús. Un soldado no se queja en la batalla, porque sabe que viene la victoria. Hasta las lágrimas por hacer lo correcto tienen su consuelo.
- En la iglesia encuentras una familia grande y amigos buenos. El diablo quiere que nos peleemos y nos separemos, pero Jesús quiere que estemos unidos.
- Cuidado con empezar con muchas ganas y después cansarte. Lo importante no es cómo empiezas, sino cómo terminas.
¿Qué cosa te cuesta dejar para obedecer a Jesús?
Esta semana, deja esa cosa una vez al día y usa ese tiempo para hacer algo que le agrade a Él.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
