La vida de Jesús fue conocida como la de un varón profeta, poderoso en obra y en palabras delante de Dios y de los hombres en la tierra. Todo el que estaba cerca de Jesús sabía que no era alguien común ni a la medida de los otros profetas en la tierra, ese Jesús era el Hijo de Dios. Cuando Jesús está, no hay espacio ni primer lugar para nada más. A veces, cuando nos viene la tribulación ésta se nos hace grande, pero no perdamos la perspectiva, el grande y poderoso es Jesús. Así, que Jesús no es solo para un momento sino para toda la vida. A veces, algunos cristianos caminan una vida de tribulación cuando debería ser de gozo. Jesús es la persona más importante y poderosa en nuestras vidas, nada de lo que está a nuestro alrededor puede ser mayor que Él. ¿Qué cosas podemos decir de Jesús? Podemos hablar de la esencia de Cristo en nuestras vidas. Jesús era un varón profeta, poderoso, que cuando hablaba estremecía. Cuando resucitó de entre los muertos los ángeles dijeron, "¡Él vive!" Eso debemos decir también nosotros cada momento de nuestras vidas. Él es poderoso en milagros, está por encima de todo en grandeza. Si conociéramos a ese Jesús de poder no viviríamos tan cargados y atribulados. El que mueve nuestras vidas es El que vive, ese que resucitó al tercer día, que la muerte no lo pudo vencer. A veces, dejamos a Jesús a un lado, lo enterramos nuevamente y entonces se apodera de nosotros el miedo, el terror perdiendo así el descanso que debemos disfrutar en Él. Cuando una mente está confundida todos los actos son de confusión y angustia. No permitamos que nuestra fe flaquee. Digamos como dijeron los ángeles: "¡Él vive!" ¡Es poderoso y vive hoy para nosotros!
Después de su resurrección Jesús podía esperar de sus discípulos que fueran capaces de tener fe, porque para eso había trabajado en ellos y los había levantado como discípulos en una plena confianza en Él. Los preparaba, los capacitaba para creer. Muchos seres humanos no escuchan a Jesús y por eso, luego le reprochan por lo que les pasa y se levantan en rebeldía. Si algo Dios ha querido es que confiemos completamente en todo el trabajo de la cruz.
Versículo 37 Todo está en la forma en que vemos las cosas. Cuando las cosas se ven en espanto y llenos de temor es porque se deja de ver a Jesús tal cual es. ¡Cuán frágiles somos los mortales! Los discípulos de Jesús que lo habían visto como poderoso en palabra y obra, lo estaban viendo ahora como un espíritu, por el terror que estaban viviendo en aquel momento. El problema es que lo que escuchamos de otros, de inmediato sale por nuestra boca y somos capaces de hasta llevarlo al corazón. Es más fácil dejarnos llevar por una idea ajena que vivir confiados. ¡Jesús vive! No hay ninguna razón para vivir confundidos. Cuando Jesús hablaba a los hombres en la tierra les hablaba como Dios. Dios se conmueve cuando hay una oración de un justo en humildad.
La Trinidad es algo profundo, fuerte. Jesús fue conocido como el Hijo. Nunca habrá nadie como Él. No había razón para que los discípulos estuvieran confundidos. Cuando estamos en terror y temor hablamos disparates, patinamos en nuestra mente. No podemos ver a Jesús con espanto. En nosotros no puede haber ninguna confusión. Cuando estamos turbados el corazón nos envía al cuerpo un mensaje erróneo. Por consiguiente, con unas manos debilitadas y unas rodillas paralizadas no se puede vencer. Hemos visto a un Jesús que hizo milagros, vino a nuestras vidas y nos libertó por su sangre. Cuando estemos angustiados vayamos a Él. Cuando un corazón está turbado la persona no puede actuar bien, porque está confundida. El corazón nos puede hacer creer lo que no debemos creer.
En Jesús hay estabilidad, por eso en quien nosotros hemos creído es estable, no es ningún espíritu. Cuando se turba la vida por falta de conocimiento no sabemos cómo movernos. Mientras más conocimiento de Dios tengamos nadie nos confundirá ni nos moverá de aquí para allá. En el cuerpo de Jesús fueron cargados nuestros pecados, por nuestra culpa le pusimos su cuerpo traspasado por los clavos, ensangrentado y molido. (Isaías 53: 5) Entonces, no se nos debe olvidar por qué Él fue crucificado, sus pies fueron martillados y su costado herido con una lanza. Él vino a dar su vida por nosotros para que en nuestras vidas hubiera descanso. Cuando se está turbado y lleno de terror no hay entendimiento. Al pueblo de Dios le es necesario que tenga entendimiento y que no sea turbado. Jesús dejó toda su gloria en el cielo para que nosotros tengamos descanso y reposo. Debe ser Jesús nuestro reposo, libertad y descanso.
Marcos 16:14 Jesús les reprochó a sus discípulos su incredulidad. Es necesario que se nos reproche, reprenda y aún se nos pelee por nuestra incredulidad. A Jesús le causó molestia cuando vio en sus discípulos incredulidad y dureza. A veces, cuando debemos estar confiando estamos completamente desordenados por la falta de descanso en Dios. No había razón de dureza de corazón en los discípulos al no creer en la resurrección. ¿Por qué dejar que el cuerpo se llene de incredulidad cuando Jesús fue inmolado por nosotros? El espacio de turbación lo damos nosotros por la falta de fe. Jesús tuvo que reprender a sus discípulos para que se les fuera la dureza de su corazón. Debemos estar más dispuestos a escuchar. La obra de Dios no se puede hacer si se está confundido.
¿Por qué dejar llenar el corazón de boberías cuando en la Palabra hay tanto conocimiento para llenarnos? El engaño lo dejamos caer nosotros en el corazón. A veces, damos por un hecho las mentiras de Satanás. ¿Por qué permitimos que el enemigo nos turbe cuando nos toca a nosotros llevarles la salvación a otros? Cuando estamos turbados dudamos de la obra del Espíritu y eso es bien peligroso. Se nos ha dado autoridad para echar fuera demonios en el nombre de Jesús. No tenemos porque estar turbados. Aunque corramos peligros no perdamos la confianza. La señal que sigue a la iglesia es que el poder está en nosotros no en las cosas mortíferas. El poder está en quien hemos creído. Un pueblo lleno de terror detiene el poder de Dios, pero confiando lo hace manifiesto. Se necesitan hombres que no contaminen su corazón. Juan 20:19-23 Fue una autoridad fuerte la que se le dio a los discípulos. Ellos no creyeron porque el terror les fue más fuerte que el considerar que Jesús había resucitado. A veces, por los miedos nos encerramos. Lo que tengamos que pasar pasémoslo en confianza. A Jesús no le gusta que estemos encerrados. La vida se vive para ser triunfadores en el mañana. Si tenemos que llorar hagámoslo por un rato solamente, luego luchemos. Paz a nosotros, nos dice Jesús. Lo que dejamos llegar al corazón es lo que detiene la obra. Hay enfermos que necesitan que se les ore. Se nos ha entregado este reino no para que vivamos encerrados y llenos de miedo. Cuando el corazón está turbado es porque hay falta de paz. La incredulidad hace que el corazón se endurezca. Aquellos hombres tenían que salir del escondite. Estamos expuestos a todo tipo de peligro, pero con paz confiamos en Dios y estaremos haciendo lo que debemos hacer. Desprogramémonos de tanto terror, nuestras vidas deben estar llenas de paz y confianza en el Señor. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
