Hay una Palabra de Dios para nuestras vidas que nosotros como fieles servidores debemos cumplir. Si el Espíritu Santo no se manifiesta en algunas personas es porque no encuentra en ellas una buena disposición. Que nosotros siempre tengamos la mejor disposición de buscar a Dios y cumplir con su Palabra. Debemos tener siempre la preocupación de agradar a Dios, de caminar conforme a lo que Él quiere. Procuremos que nunca haya en nosotros rebeldía, porque tarde o temprano toda rebeldía sale a la luz en un momento dado. No todo el mundo está dispuesto a ser guiado, pero nosotros sí debemos estar seguros y decididos a que el Señor nos guíe; porque no sabemos cuando Dios pedirá nuestra alma.
Cuando no se acepta la guía de Dios es lo peor, porque en el mañana el resultado será una vida destrozada. Al fin y al cabo quien destruye su propia vida es el mismo hombre, si así escoge no ser guiado por Dios. Todos estamos expuestos a una serie de cosas en la tierra, pero somos nosotros mismos quienes decidimos qué hacemos con nuestras vidas, destruirlas o levantarlas para Dios. Lo peor que le puede suceder a alguien es que no acepte la corrección. La solución está en la disposición de cómo recibimos la palabra de exhortación en el llamado. La voz de Dios es la que trae la solución a nuestras vidas, pero en muchas ocasiones se levantan murallas de argumentos que no permiten que la palabra entre y haga el efecto que debe hacer. Para nosotros, la palabra es útil en todo, por eso debemos dejarle las puertas abiertas para que entre y haga su obra. Así habrá en nosotros reposo, descanso. ¡Qué siempre haya cabida para ella en el corazón!
Hay un gran problema en el hombre y es la rebeldía. Por ella, el hombre se extravía. La rebeldía es una forma intensiva de desenfrenarse, no hay freno. El día que perdemos el freno perdemos en todo. El que es justo sabe cuándo debe detenerse, mide para saber frenar, no haciendo el juego del tonto. Cuando se convierte alguien en rebelde y se entrega a esa forma intensiva de desenfreno se le hace un deleite lo que hace. Cuando se va el conocimiento de la palabra es lo peor que puede suceder. No considerar la palabra que está escrita y hablada desde siglos es perderlo todo, pero ¡cuánta resistencia hay contra la palabra!
El rebelde se convierte en un desobediente. El hijo que no obedece ya se rebeló y eso hay en su casa, rebelión. La iglesia es el sitio donde más se lucha para conservar el bien, frenar y eliminar el mal. Dios siempre habla claro a nuestras vidas. Una persona terca es una persona que no le entra la palabra de Dios y por eso se va a pérdida. Pero, el manso es el que hereda la tierra. La terquedad está en alguien porque hay rebeldía y ya no le entra la palabra de Dios y menos el buen consejo. Si pudiéramos entender el amor del Padre por nosotros nunca le daríamos la espalda. De día y noche ha estado el Señor con nosotros y si eso lo tomáramos en cuenta no habría lugar para la terquedad. Cuando la terquedad toma a alguien, el tal se aleja de Dios. El que es terco se deleita en su terquedad, le es un placer satisfacerla. A alguien así, no se le puede consentir. El problema de la rebelión y la terquedad es que sale hacia afuera y el puño se levanta no en contra de hombres sino en contra del Dios que creó los cielos y la tierra.
Salmos 32:9 No seamos como el caballo sin entendimiento. Un hombre y una mujer que conocen y temen a Dios tienen que tener entendimiento. Lo triste es, que tienen que venir a veces las cosas terribles, porque es entonces de la única forma en que hay humillación. El rebelde no tiene el consejo, no quiere ser corregido ni puede acercarse a Dios. El humilde entiende que necesita a Dios porque aun para respirar se debe a Él. Cuando hay comienzos de rebelión la comunión va menguando progresivamente.
Éxodo 32:9 ¡Cuán poco gusta bajar el lomo! El hombre es duro de cerviz, no es capaz de doblegarse. Cuando hay dureza de corazón pocas cosas buenas suceden. I Samuel 9:19 Lo que nos produce fe es oír la voz de Dios, la palabra. Nos movemos a través de la palabra porque ella nos produce fe. Cuando no hay fe en Dios hay turbación, por eso se buscan los planes humanos; pero cuando hay fe no se hacen planes sino que se camina creyendo en lo que no se ve. Dios siempre quiso ser el rey del pueblo de Israel. Él es nuestro pastor, el que dirige nuestras vidas, pero no se quiere a Dios sino a un rey de carne y hueso, que al fin y al cabo destruye las vidas de hombres como él. A veces, nosotros los mortales somos los que le ponemos freno a Dios. Zacarías 7:11 Algunos tapan sus oídos para no oír. Caminan y algunas cosas le salen bien, pero algún día necesitarán a Dios. Presentan pantallas y espectáculos para engañar a los demás. Pero, Dios sabe quien está cerca y quien está lejos.
Algunos, al igual que los caballos lo que necesitan es un cabestro, el bozal que los guía mediante la fuerza, no la consolación ni la compasión. En la humildad es donde está la consolación. Nada puede venir a nuestras vidas si no es por el Espíritu Santo. ¡Ay, de nosotros, si dejamos que la obstinación y la terquedad nos toquen! Hay que desaprender y eliminar de nuestras vidas el estilo del mundo y vivir conforme a la palabra. Obedezcamos la palabra, es lo mejor y nos irá bien. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Cumpliré Fielmente Con La Palabra Que Dios Me Ha Dado
Sofonías 3:1-2
“No escuchó la voz, ni recibió la corrección; no confió en Jehová, no se acercó a su Dios.”
Hay una Palabra de Dios para nuestras vidas que, como fieles servidores, debemos cumplir. El gran problema del hombre es la rebeldía: por ella se extravía, pierde el freno y termina con la vida destrozada. Estos son los puntos para llevarlos toda la semana.
- Si el Espíritu Santo no se manifiesta en algunas personas es porque no encuentra en ellas buena disposición. Tengamos siempre la preocupación de agradar a Dios, porque toda rebeldía sale a la luz tarde o temprano.
- Lo peor que le puede suceder a alguien es no aceptar la corrección. Muchas veces se levantan murallas de argumentos que no dejan entrar la Palabra; hay que dejarle las puertas abiertas para que haga su obra.
- La rebeldía es una forma intensiva de desenfrenarse: no hay freno. El día que perdemos el freno perdemos en todo. El justo mide y sabe cuándo debe detenerse, y no le hace el juego al tonto.
- El rebelde se convierte en desobediente, y el terco ya no deja entrar la Palabra ni el buen consejo. Al final el puño no se levanta contra hombres, sino contra el Dios que creó los cielos y la tierra.
- No seamos como el caballo sin entendimiento, que necesita cabestro y bozal para ser guiado por la fuerza. En la humildad está la consolación; el humilde entiende que hasta para respirar se debe a Dios.
- Lo que produce fe es oír la voz de Dios. Sin fe se buscan planes humanos; con fe se camina creyendo en lo que no se ve. Dios sabe quién está cerca y quién está lejos.
- Hay que desaprender el estilo del mundo y vivir conforme a la Palabra. ¡Ay de nosotros si dejamos que la obstinación y la terquedad nos toquen! Obedezcamos la Palabra, que es lo mejor y nos irá bien.
Cuando recibas una corrección esta semana, no levantes un argumento para defenderte: escúchala hasta el final y pregúntale a Dios qué quiere cambiar en ti.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
El Caballo sin Freno
Sofonías 3:1-2
Para leer en voz alta con los niños
“No escuchó la voz, ni recibió la corrección; no confió en Jehová, no se acercó a su Dios.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: aquella ciudad no quiso escuchar a Dios, no aceptó que la corrigieran y se alejó de Él. La pastora nos habló de un caballo sin freno, que corre hacia donde quiere y termina lastimado.
- Dios tiene una Palabra para tu vida, y Él quiere guiarte. Pero para que te guíe, tú tienes que querer dejarte guiar, con un corazón dispuesto.
- Lo peor que le puede pasar a alguien es no aceptar la corrección. Cuando tus papás o tus maestros te corrigen, no busques excusas: escucha, porque te están ayudando.
- Un caballo sin freno corre sin parar y no sabe detenerse. La rebeldía es así: te empuja a hacer lo que quieres, y el que no se frena termina perdiendo.
- Cuidado: la terquedad y la desobediencia siempre salen a la luz, aunque al principio nadie se dé cuenta. Dios sabe quién está cerca de Él y quién está lejos.
- El caballo terco necesita que lo guíen con un bozal y a la fuerza. Dios no quiere tratarte así; quiere que obedezcas porque entiendes que Él te ama.
- Dios ha estado contigo de día y de noche. Si entiendes cuánto te ama, nunca le vas a dar la espalda. Obedecer su Palabra es lo mejor, y te irá bien.
¿Qué hace un caballo sin freno, y en qué te pareces tú a veces a él?
Esta semana, cada vez que te corrijan, di «está bien» y obedece a la primera.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
