El Mesías no podía llegar si Juan el Bautista no le hubiera preparado el camino. Mateo 3:1 Se cumple la profecía de Isaías que se refería a nuestro Señor Jesucristo. Hay una orden de preparar las cosas para lo que viene y todo el que violenta esa orden es un rebelde. El camino se prepara para que cuando llegue el momento apropiado se cumplan las cosas. Juan preparó el camino hablando del arrepentimiento; de su boca comenzó esta palabra para aquella generación. Era necesario que antes que Jesús fuera manifiesto el pueblo de Israel tenía que conocer el arrepentimiento. Juan parecía un tanto loco por su forma de vestir y por lo que comía, pero lo respaldaba el poder de Dios. En su fragilidad Juan dejó ver quién era Dios en él.
Y nosotros, ¿qué tenemos que preparar? Nosotros vinimos a cumplir la ley, preparamos lo que nos corresponde preparar para lo que viene de Dios para nuestras vidas. Si Juan no hubiese preparado el camino no hubiese Mesías. ¿Para qué Dios nos ha querido? ¿Lo hemos cumplido? ¿Se ha podido llevar a cabo? Esa voz que clamaba en el desierto era para preparar el camino a Jesús. Juan cumplió su ministerio y no tenía micrófono, radio ni televisión porque Jehová era su proveedor. El diablo se puede levantar en contra, pero en nosotros debe estar el velar y pelear esta batalla, pues el mañana llegará y debemos estar de pie y preparados. Si el Mesías no hubiese llegado, ¿quién quitaba de nosotros el dolor y la opresión? Le tocaba a Juan preparar el camino para el poderoso Mesías, le tocaba a él, no a nadie más. Podemos entender entonces, que hoy día es a nosotros a quien Dios ha llamado.
Oseas 10:12 Si queremos recoger en la siega, que es cuando el trigo se recoge, hay que sembrar. Pero no se puede recoger nada si no se prepara un terreno y nuestras vidas son ese terreno. El terreno se tiene que preparar para la siembra. Nosotros no hacemos nada sobrenatural porque quien lo hace es Dios. Nuestra capacidad es limitada, por eso siempre tiene que haber un mover fuerte de ángeles sobre nuestras vidas. Si somos personas que siempre nos dedicamos a lo que nos corresponde, entonces se moverán los ángeles, habrá un ministrar sobrenatural. No se puede alcanzar nada si antes no preparamos el terreno, a la ligera no podremos. Para poder recoger, primero tenemos que preparar el terreno. Queremos mucho bien para nuestras vidas y para los nuestros, pero de la única forma que lo obtenemos es preparando el terreno.
El barbecho es la tierra que se ara y que se le da un tiempo como de un año sin cultivar ni abonar para que descanse y se airee. Si el terreno no se prepara no da nada con calidad. Si nos preparamos para lo que Dios quiere en nosotros viviremos más tranquilos. ¿Cómo podemos quitar la opresión y el dolor en las personas, si la iglesia no se prepara? Aquel pueblo de Israel estaba confiado en carros y en caballos y no en su Dios. A veces, pretendemos para los nuestros que primero obtengan el bien terrenal antes que amar a Dios. Nosotros le damos a los nuestros de acuerdo a cómo nos hemos preparado para Dios. Aquel pueblo no se preparó para Dios ni les enseñó el temor de Dios a sus hijos. Por eso, el ejército enemigo de Babilonia se los llevó presos, cautivos.
¿Qué es lo que damos a otros? ¿Cómo nos preparamos? Si no nos preparamos ni para la alabanza, entonces, ¿cómo será para lo que nos corresponde hacer? Si no preparamos nuestras vidas, nuestro terreno entonces, ¿qué nos pasará? Cuando confiamos en carros, caballos y en ejércitos y no en Dios, eso recogeremos y eso es lo que daremos a los nuestros, de lo terrenal. Para recoger y amar es necesario vivir en justicia. Nuestros actos y nuestro mover dice lo que somos, por eso tenemos que tener cuidado de lo que está a nuestro alrededor. Para una buena siembra tenemos que vivir arando constantemente. El terreno que no aramos se pone duro, de momento llegarán personas con malas intenciones para destruirnos. Abramos los ojos y veamos las cosas claras y precisas. En lo que hemos confiado ponemos nuestro depósito, ¡cuidado!
Juan el Bautista cumplió lo suyo preparando el camino a Jesús. Cuando enseñamos a los nuestros con rectitud y amor esa será nuestra siembra y en algún momento se recogerá, porque les preparamos camino. Debemos vivir constantemente preparando el camino para lo que Dios nos escogió. ¿Cómo hemos preparado? ¿En nuestro cuerpo? ¿En lo que poseemos? ¿En el trabajo y en las buenas cosas que queremos? Hay caminos que van directo al fracaso porque no nos hemos preparado en las cosas del Espíritu. Seamos capaces de ver las cosas como son en verdad. Es necesario que cuando la tierra esté en abandono entregada a lo vacío y a lo material, se le rotule así: "¡Es el tiempo de buscar a Jehová hasta que venga y nos enseñe justicia!" Sembremos para los nuestros en justicia y amor. ¿Cual es la razón para no poder hacerlo? ¿Será porque queremos dejar o abandonar a Dios? Obremos en justicia, digamos las cosas como nos corresponde decirlas. Preparemos el terreno y pongamos el rótulo que diga que es tiempo de buscar a Jehová.
Muchos han confiado tanto en su trabajo, en sus estudios y en lo de esta tierra que han dejado a Dios. Lo que buscan de Dios es el mínimo y en cambio el cuerpo se prepara con mucho esmero para todo lo que le complace. Se deja a Dios fácilmente y si Dios no está a nuestro favor el futuro fracaso será inminente. Busquemos de corazón que cuando Jehová nos mire vea el rótulo que dice que es tiempo de buscarlo a Él. Solamente Jehová es el que sale a nuestro favor en nuestros momentos malos. Para el hombre y la mujer que se preparan habrá mucha justicia de parte de Dios. No se puede ver frutos si no se ara la tierra. Que cuando el Señor vaya a recoger frutos de lo que hemos sembrado encuentre mucho y bueno, porque triste será si no encuentra nada. Mateo 7: 19
Si no se rompen en nosotros los malos hábitos que están muy profundos y nos desprendemos de ellos destrozando el orgullo, no habrá fruto. Seamos valientes y dejemos de ser amadores de nuestras posesiones terrenales. ¡Cuánto se lucha por sobresalir y poseer y no aramos nuestra tierra en un servicio! ¡No se sabe cómo asoma el peligro cuando no aramos y no nos preparamos! Si sentimos que los días nos exigen mucho, que lo que tenemos son los muchos reclamos de este mundo, es porque eso fue lo que sembramos y ese es el fruto que recogeremos. No busquemos la gloria de este siglo ni la vanidad, ni las llevemos con nosotros a puerta abierta para que todo el mundo las reciba. Busquemos arar y preparar nuestra vida como Dios ha querido y los frutos serán abundantes.
No se puede esperar fruto del cristianismo si no se aplica una disciplina cristiana. Nosotros debemos tener más disciplina que nadie en el ayuno, oración y lectura de la Palabra. Pero, lamentablemente hay hábitos tan profundos en algunos que le destrozan todo tipo de disciplina. A veces, se ora solamente cuando hay problemas. Y como Jehová es tan bueno que contesta y resuelve el problema, luego que pasa el día malo se deja de orar. El ayuno es lo que nos acerca a Dios porque nos olvidamos de todo lo que es nuestro, de lo que nos hace alejarnos de Dios. Pero se acostumbran algunos cristianos a un estilo de vida tan ociosa que no pueden hacer justicia. Si nuestras vidas no se reforman a fondo, lo dejarán ver nuestros frutos y no nuestra boca. Nuestros frutos y hechos dicen finalmente lo que hay allí donde nadie puede ver, donde escondemos tantas cosas. Sembremos lo que nos es necesario sembrar. Aremos bien profundo para alcanzar lo que es nuestro, no nos quedemos atrás. Hay cosas malas que deben salir de nosotros, porque entonces no podremos sembrar en pureza. Si no lo hacemos, aunque nos congreguemos por toda nuestra vida no podremos dar pasos a una vida nueva. ¡Se ha querido sembrar donde hay tantos espinos! Hay que arrancarlos y arar la tierra. Por eso, algunos no pueden adorar, porque en la alabanza se adora en espíritu y en verdad. No se puede adorar si no hay vida en el espíritu. Luchemos de frente, hagamos lo hay que hacer: limpiémonos si hay espinos y aremos nuestra tierra, preparemos camino para lo que Dios quiere, sembremos en justicia y amor. Veremos que de Dios vendrán frutos y bendiciones abundantes para su pueblo. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
