Hoy día, mantener la unidad en el pueblo es bien difícil porque todos quieren implantar su estilo. No debe haber estilos particulares solo debemos ser dirigidos por el Espíritu Santo. Mediante el Espíritu Santo somos útiles para llegar al corazón de las personas porque en sus corazones es donde está la necesidad. Cuando tenemos a alguien al frente le tenemos que amar para enseñarle la necesidad que tiene y que somos nosotros los cristianos la fuente para ayudarles. Esa pasión debe estar en nosotros, ese amor. No es que le vamos a arreglar la vida a nadie sino que le vamos a atravesar el corazón mediante el amor y la Palabra para producirle arrepentimiento. Siempre tenemos que ver al que le hablamos como una persona frágil porque quien trabaja en las vidas es el Espíritu Santo. Nosotros solo somos un instrumento para atravesarle el corazón con la Palabra. Nos corresponde enseñar la Palabra. Cristo viene a libertarlos. Amemos a los que tenemos frente a nosotros dándoles seguimiento hasta la eternidad. El efecto que produce en ellos la predicación va siendo llevado desde el principio por el Espíritu Santo. Por eso, nos debemos preocupar de estar llenos del Espíritu Santo. Los hombres prestan sus oídos y nosotros debemos estar capacitados, llenos del Espíritu Santo y de poder para que esa Palabra los lleve al requerido arrepentimiento.
Desde el primer mensaje se manifestó que los discípulos iban acompañados de un poder divino. Si el Espíritu Santo ha descendido en poder el mensaje les produce a ellos unas agudas punzadas en sus conciencias. De ahí llega el arrepentimiento por los pecados. Sabemos que Jesús fue crucificado también por culpa nuestra. Ahora ellos se daban cuenta que Jesús a quien habían crucificado era el Hijo de Dios. Oyeron que Jesús fue levantado de los muertos y estaba glorificado en el cielo. El Espíritu Santo les redarguyó del gran crimen que habían cometido. La labor de redargüir es del Espíritu Santo, de nadie más; nosotros somos responsables de llevar la Palabra. Mi pecado fue responsable de la muerte de nuestro Señor Jesucristo. ¿Cómo podrían aquellos culpables homicidas escapar del juicio? Estaban dispuestos a cualquier cosa con tal de tener el perdón de su pecado. Entonces, se arrepintieron y luego se bautizaron.
El arrepentimiento produce paz. Arrepentirse es cambiar de pensamiento, pues el pensamiento que se tenía antes era equivocado. Arrepentimiento significa que hay un cambio de mentalidad, de actitud. Si la persona que se ha arrepentido es honrada y por lo tanto ha cambiado de mentalidad, eso requerirá entonces un debido cambio de acción. Su vida cambiará, sus actos cambiarán. Esto es lo que una iglesia busca producir con mucha valentía y amor, el arrepentimiento en las personas. No debemos dejar amontonar el mal, sino provocar el arrepentimiento en la gente. La persona que se arrepiente lo menos que quiere es volver a caer. Y si cae, de inmediato tiene que arrepentirse, debe hacerlo lo más pronto posible. Hay que redimir el tiempo perdido para colocarnos donde nos tenemos que colocar, porque donde hay pecado no se puede funcionar como Dios quiere. Podría darse el caso de que alguien cambie su mente y sabiendo que sus obras no deben ser como las hace, esté tan atado que no quiere cambiar. También está el caso de alguien que cambia su manera de actuar, pero la mentalidad antigua no le ha cambiado, sigue pensando tan mal como antes. El verdadero arrepentimiento incluye ambas cosas, es un cambio doble, cambio de mentalidad y cambio de acción.
El perdón es maravilloso pues nos trae paz y nos pone en nuestra debida relación con Dios. Hay que tener siempre en cuenta que no elimina las consecuencias de lo malo que hayamos hecho. Por eso, debemos cuidarnos siempre. Cuando hay perdón el alejamiento y el temor que nos invadían desaparecen y nos encontramos otra vez en paz con Dios. Cuando llega el arrepentimiento entonces se recibe el don del Espíritu Santo. Aunque nos hayamos arrepentido tenemos que evitar que volvamos a pecar. Eso lo podemos hacer porque sobre nuestras vidas viene un poder que no teníamos antes, que es del mismo Espíritu Santo. Y con ese poder que viene de Dios podemos ganar la batalla que antes siempre perdíamos. Para conservar al Espíritu Santo hay que vivir en santidad. Es el poder del Espíritu Santo el que nos sostiene, pues sin Él somos incapaces de vencer.
Debemos conocer estas doctrinas y enseñarlas donde quiera que vayamos. Para enfrentarnos a las batallas debemos estar llenos del Espíritu Santo. A nosotros se nos llamó y se nos capacitó para ésta gran batalla espiritual. La mejor prueba de que el Espíritu Santo está en medio nuestro es la conversión de las almas. Con toda certeza el ministerio de Pedro era de esta clase. Así como Pedro cumplió con su llamado también nosotros lo hacemos con el poder del Espíritu Santo que nos es dado.
Mateo 4:19 La promesa para Pedro era que sería un pescador de hombres. Nosotros somos pescadores de hombres como él. Ese es el reto más grande que podemos tener, el que los pecadores se arrepientan. Y para que eso suceda, el Espíritu Santo con su poder debe estar siempre con cada uno de nosotros. Luchemos por estar siempre en comunión con el Espíritu Santo y llenos de Él. 2 Corintios 13: 14 Así venceremos. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
