Pablo está consciente mejor que nadie de lo que es el servicio. En Colosenses 4:17 dice: "Decid a Arquipo, Mira que cumplas el ministerio que recibiste en el Señor." Es como decir, "Decid a Arquipo, mira que lleves a cabo la porción del servicio que te ha encargado el Señor." El Señor lleva adelante sus planes de lo que es su Iglesia y por eso repartió y reparte a cada cual la labor que le corresponde. Hay quienes dejan de hacer su parte por problemas, por tibieza, por frialdad, por apatía, por irresponsabilidad o porque quieren hacer primero lo suyo. Pero, aquí hay una advertencia para el hermano Arquipo, a quien se le advierte que haga lo que debe hacer antes que muera. Se le dice que sea fiel al trabajo que se le había confiado. Hermano, mira y piensa que tú eres Arquipo y que oyes al Espíritu de Dios diciéndote: "Considera el ministerio que recibiste en el Señor para que lo cumplas." ¿Cuál es tu porción del servicio? Es la porción de trabajo en el Señor que duele lo suficiente como para que nunca podamos llenarnos de orgullo. No hay lugar para el orgullo en el padecer y el sufrir en este camino de servicio a los santos, a la iglesia del Señor que es su cuerpo.
El ministerio se hace en una atmósfera de sufrimiento y padecer. Si no es así entonces no es un ministerio. Si se hace el servicio engañando a los demás en murmuración y en inseguridad, entonces no está ahí la plenitud del servicio de Jesús. El servicio no se puede hacer con los conflictos de uno, con los complejos y las inseguridades. Por eso Pablo dice en Colosenses 1:24: "Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia." Pablo fue hecho un siervo de acuerdo a la tarea que Dios le encomendó por amor a los hermanos. No se queja, antes se goza en sus padecimientos cumpliendo en su carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su Iglesia.
Si nos fijamos en algunos momentos de la vida terrenal de Jesús vemos que en su ministerio se iba muy de madrugada a orar en soledad. Estaba con los discípulos o con multitudes y de pronto se desaparecía para irse a lugares separados a orar. La razón de esto era el gran peso por la lucha que llevaba en su cuerpo. Por eso mismo, Pablo también padecía en su ministerio y le era una honra. ¿Qué padeces tú? ¿Padeces por lo que se te ha encomendado? Hoy día no todos padecen de esa manera, no todos sienten lo mismo que sentía Pablo por su Maestro. Entonces, tal como se le advirtió a Arquipo, cuidemos también nosotros de cumplir nuestro ministerio y hagámoslo como Pablo, no quejándonos, antes bien gozándonos por lo que padecemos por amor a la iglesia, cumpliendo en nuestra carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia.
Un siervo de Dios despierta a la mañana a empezar un día de batalla espiritual, de oposiciones, resistiendo al enemigo, oyendo y viendo lo que a veces es agradable y otras veces es adverso, doliéndose o alegrándose por tantas cosas. Se padecía en el tiempo de Pablo y también se debe padecer hoy día por los santos al igual que Pablo quien lo aprendió de Jesús. Como siervo de Dios, fíjate en los hermanos que te rodean y padece por ellos. Esa palabra, padecer, no le gusta a muchos. Le gustan más las palabras, ser señores, pues los que son señores de la tierra se enseñorean de los demás, de los suyos. Pero los siervos padecemos por los santos por amor, como Jesús lo hizo. Somos llamados a soportar indecibles dificultades, persecuciones y aflicciones. Mira bien, como actúas tú con los santos, con los hermanos que son la iglesia. Para Pablo era un privilegio servir a los santos. Era el privilegio de completar en su cuerpo lo que faltaba de las aflicciones de Cristo. No se refería Pablo al padecimiento expiatorio del Señor Jesucristo en la cruz, pues sufrir la cruz nadie puede hacerlo, solo Él y ya lo hizo. Se refería a que en un sentido el Señor sigue padeciendo por su iglesia hasta que finalmente se una con ella en la eternidad.
Poe ejemplo, cuando Pablo iba cabalgando camino a Damasco, fue tumbado del caballo al suelo y oyó una voz del Cielo que le decía: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" No era que Pablo persiguiera a Jesús directamente, pues en ese momento no lo conocía. Era que, ¡persiguiendo a los cristianos perseguía al Señor! Así que, Pablo aprendió de una vez para siempre que al perseguir a los creyentes él estaba persiguiendo por ello al Salvador de ellos. Es lo mismo decir, que el que le hace mal a los creyentes, le hace mal al Señor y el que le hace bien a los creyentes, le hace bien a Jesús. Mateo 25: 40 y 45 La Cabeza en el Cielo siente los padecimientos de su cuerpo sobre la tierra. De esta forma es que Pablo nos hace ver que todos los padecimientos que los cristianos tenemos que pasar por causa del cuerpo que es la iglesia son parte de los padecimientos de Cristo que aún faltan. Pablo piensa en los sufrimientos que él está soportando como algo que completa los sufrimientos del mismo Jesucristo. Jesús murió para salvar a Su iglesia pero la iglesia tiene que ir edificándose, ha de mantenerse "fuerte", "pura" e "íntegra." Por tanto, cualquiera que sirva a la iglesia colaborando para esto y ensanchando sus fronteras, estableciendo su fe, guardándola de errores, etc., está haciendo la obra de Cristo. Y si tal servicio implica sufrimiento y sacrificio, esa aflicción está completando y compartiendo los mismos sufrimientos de Cristo.
Sufrir en el servicio de Cristo no es un castigo, sino un privilegio porque es participar de Su obra. Es participar de la misma clase de padecimientos que el Señor soportó cuando estuvo aquí, aunque sea en un grado más pequeño. Las aflicciones soportadas por el apóstol "en su carne" eran por el cuerpo de Cristo, es decir la iglesia. Ahora, observa mi hermano, ¿cuánto padeces tú? ¿O eres de los que hacen que uno padezca por causa tuya? Puede que seas como un Arquipo, que todavía no cumplas con el ministerio que se te ha encomendado. Pero, peor aún sería si haces que los hermanos padezcan por causa tuya, entonces eso es perseguir y hacer daño al cuerpo, que es la iglesia. ¡Cuidado! Yo, la pastora soy ministro y trabajo con la iglesia en la disciplina y corrección; nadie más trabaja con la iglesia en lo que se refiere a corregir, reprender o tomar algún tipo de disciplina. Yo padezco por la iglesia y por eso no puedo perseguirla. Trabajo en la iglesia, vivo para ella. Así que, todos debemos cumplir con lo que nos toca hacer en el servicio que nos ha encargado el Señor. Hagámoslo como aquí se nos ha enseñado, no quejándonos, antes bien gozándonos por lo que padecemos por amor, cumpliendo en nuestra carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
