Había una plaga de moscas sobre Faraón, sobre el pueblo egipcio. Dice la Biblia que los egipcios enfrentaron toda clase de moscas molestísimas. Ya les habían venido otras plagas, la plaga de piojos, la de las ranas, la plaga de sangre, pero ante todas ellas Faraón quería hacer siempre lo que le viniera en ganas. Lo hacía por su altivez, por su orgullo y por el mero deseo de establecer él su criterio y decirle él a Dios lo que quería hacer. Es algo muy natural del hombre hacerse el sabio y decirle a Dios lo que se debe hacer. En Juan 11 leemos que Marta, la hermana de Lázaro le dijo a Jesús: "Señor si hubieras estado aquí mi hermano no habría muerto." Para Marta, Jesús se tardó en venir, así como quien dice: "Jesús, has las cosas de acuerdo a mi necesidad."
Pero, Dios se mueve como solo Él sabe hacerlo. Nosotros pretendemos dirigir y hacer a nuestra manera. Queremos movernos de acuerdo a nuestro pensar o sentir. Pensamos que hay que hacer esto o lo otro cuándo y cómo queremos. Así le llega al hombre la rebeldía y el coraje; pensamos que podemos dirigir y mandar en lo que Dios gobierna. No nos enredemos en la rebeldía como hizo Faraón, es Dios quien dirige cada momento, cada hora, día y año. Fíjate, cuando nosotros nos enteramos de algo nos volvemos locos para resolver como le pasó a Marta con su hermano. Dios había estado pendiente a la enfermedad y muerte de Lázaro. Él es el Creador, entonces ¿por qué no somos capaces de estar quietos y hacer lo que Él quiere y cuando quiere? No resolvamos a la ligera nosotros como si fuéramos los que hiciéramos las cosas mejor que el mismo Dios.
Faraón pretendía que se le hiciera sacrificio a Dios en Egipto y no en el desierto como había dicho Dios. A muchos les resulta fácil ceder y hacer lo que el mundo quiere. Pero ese no sería Moisés, nunca entraría por lo que Faraón quería que se hiciera. Jesús es nuestro Maestro y de Él siempre debemos aprender a movernos en lo que Dios quiere y no en lo que quiere aquel o el otro. Si por el mundo fuera seríamos unos monigotes de los antojos de otros. Fíjate, que cada cual habla o quiere una cosa o la otra de acuerdo a lo que hay en su corazón y siempre es con mucho egoísmo. Si se les hiciera caso estaría uno de aquí para allá. Faraón estaba contento si el sacrificio fuera en Egipto pues sería bajo sus comodidades y sus beneficios. El pueblo de Dios sacrificaría a Jehová y Egipto haría también lo mismo, pero sus sacrificios serían hechos por los hechiceros y los sabios impíos de aquel país idólatra. Harían sacrificios igual que Israel, todo parecería tan lindo, pero totalmente fuera de lo santo y puro de Dios. De ninguna manera Moisés podía aceptar tal condición, él tenía que seguir luchando por la verdad pues la mano poderosa de Dios estaba con él. Dios era quien lo respaldaba. Sería un camino de tres días para salir de Egipto hacia el desierto a hacerle sacrificio a Dios. (Éxodo 8:27) Esas eran las reglas que había puesto Dios, no era Faraón el que pondría las reglas, ni siquiera venían de Moisés o Aarón. El que quiera ofrecer un sacrificio aceptable a Dios debe retirarse de las inmundicias y distracciones del mundo. En el servicio que se le da a Dios se deben observar los mandatos exclusivos de Dios, no los de Faraón ni del hombre que habla de adentro su corazón. En los hombres hay maldad, así hablan, hay en ellos odio, envidia y contienda. El Diablo les dirige en todo eso. Si uno les hiciera caso, entonces nos estaríamos sujetando a su maldad y a su mal proceder.
Faraón había puesto la condición de que los israelitas no se marcharan lejos. Moisés se le resistió totalmente. Aunque Faraón tuvo su lucha interna de hacer o no lo que Moisés le decía de parte de Dios, su corrupción era más fuerte. Así pasa con todo aquel que se opone a lo divino. Ellos ven a Dios pero su corrupción es mayor. En Faraón, su convicción le decía: "Déjalos marchar." Pero su corrupción añadía: "Pero no muy lejos." Así es el hombre, dice: "¡Es bueno servirle a Dios!, pero… ¿por qué hay que ser tan exagerado?… si hago exactamente como Dios quiere es demasiado lo que tendría que dar de mí." Así a Faraón le dominó más su corrupción que su convicción de que Dios es el Todopoderoso. El gran problema de Faraón fue que así acarreó la ruina completa para él y los suyos.
En Éxodo 10:9-11 leemos que sus consejeros, sus ministros trataron de hacerle ver a Faraón que era bueno que llegara a un acuerdo. El pueblo de Israel se le había hecho una carga a los egipcios, pero era que Dios los estaba llevando para sacarlos de allí y hacerlos Su pueblo. Nadie en esta tierra debe meterse en tan grandes peligros de obstaculizar lo que Dios quiere hacer. Moisés los iba a llevar a todos al desierto como Dios le había dicho, él tenía que seguir luchando hasta hacer lo que Dios quería. Faraón siguió buscando excusas y ahora quería quedarse con los niños como rehenes, porque según él lo que habían pedido eran solo los adultos y no era así. Si Moisés hubiera aceptado eso entonces los adultos se irían a ofrecer sacrificios pero tendrían que regresar por sus hijos pequeños. Ahí se rompió toda conversación y llegaron las tinieblas a Egipto y muy pronto les vino la muerte de los primogénitos.
En los vs. 24-26 vemos el mal que les vino por parte de Dios con las langostas y las tinieblas. Faraón tuvo entonces que negarse y dijo: "Vayan los niños también, pero no las ovejas ni las vacas." Otra vez quería imponerse Faraón y tampoco sería así. Era "todo" lo que saldría de Egipto, también los animales. Tendrían que hacer sacrificios. Faraón no se rendía, quería dejarlos sin los animales para que no hubiera sacrificios a Dios. Así quiere el enemigo y tus enemigos, que no le hagamos a Jehová la adoración que se le debe. Los sacrificios eran la razón del pueblo de Dios para ir al desierto. Moisés no volvió a Faraón, fue él quien hizo llamar a Moisés después de sufrir el quebranto de un país destruido y de sus hijos primogénitos muertos. Aún así se mantenía amarrado a su corrupción aunque estaba convencido de quién era Dios.
Si dejas que por tu falta de valentía sean los faraones de este mundo los que te guíen, verás que ellos ganarán y serás destruido con ellos, pero si luchas buscando cumplir con alejarte esos tres días de distancia del Egipto que representa la rebeldía, llegarás a lo prometido de Dios para tu vida. Que sea Dios quien te dirija, no ningún otro. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
