Se tiembla por todo, es que nos llegan en ocasiones el temor y el miedo. Cuando el miedo nos invade padecemos del estómago, de la presión, de depresiones, nos llega el descontento, ponemos caras. Si estamos temerosos por algo, ¡ay!, nos aparecen tantas cosas en el cuerpo y en la mente que ni te cuento. No podemos adorar, reír ni cantar libremente. Nuestro rostro claramente expresa el terror que tenemos, el pánico se nos deja ver como si constantemente estuviéramos viendo lo peor. Estos miedos hacen que nos quejemos, que expresemos dolor; eso deja ver como si Dios no estuviese con nosotros. Pero hermanos, ¡Dios es nuestro amparo y fortaleza! Lo que nos puede infundir seguridad y valor no es lo que poseemos. Cuando todo parece estar bien sonreímos, cantamos y adoramos. Pero, el que todo nos esté saliendo bien no quiere decir que eso es nuestra fortaleza.
Sucede con los reyes de esta tierra. Los reyes se jactan en lo que poseen. En los tiempos bíblicos los reyes de Israel tenían sus fuerzas en sus ejércitos y en sus fortalezas amuralladas, pero todo Israel sabía que Jehová es el único Dios vivo y verdadero que le les podía librar de sus enemigos. Los reyes confiaban en sus castillos y en sus puertas de hierro, pero cuando les tocaba ir a pelear a territorios enemigos allí era el Señor el único que ponía a los suyos en las mejores condiciones de ganar la guerra, más que los ejércitos o las fuerzas de los carros y los caballos. ¡Oh!, ¡Si pudiéramos mirar a Dios y no a "las puertas de hierro" ni a las fortalezas terrenales que tengamos! Pues, ¡refugio y fortaleza es Él!
No pensemos nosotros que somos menos que el salmista que escribe estas cosas. Dios es nuestro refugio tanto ahora mismo, como lo era para el tiempo del salmista. A todos nos llegan los mismos terrores. ¡Solo Dios es nuestro todo! Cuando nos refugiamos en otras cosas erramos, pues son mentiras si se nos hace creer que otra cosa puede ser refugio para nuestras vidas, porque solo a Dios le pertenece el poder. Dios es suficiente, en todo, Él es nuestra defensa y poder. El poder de Dios y sus cuidados están a la altura de todas las situaciones apuradas que tengamos. Tú puedes confiar en lo que quieras, pero Dios es nuestro verdadero refugio y fortaleza. Él es nuestra ayuda presente, la ayuda que de inmediato necesitamos. Él es una ayuda para cuando no hay nadie, para cuando hay mucho que resolver, la ayuda que es totalmente poderosa y efectiva en nuestros apuros y dificultades. Dios siempre se ha dejado ver como la ayuda extrema en las dificultades. Si esto siempre ha sido así, por lo tanto no temeremos. Con Dios a nuestro lado sería irracional el temer. Nuestro entendimiento debe razonar a favor de Dios. No podemos carecer de la capacidad de razonar y poner a Dios en duda; no hay nada de qué temer. Pero, la verdad es que en muchas ocasiones actuamos como seres irracionales. Allí donde esta Él tenemos para nosotros todo el poder y todo el amor; ¿por qué pues, hemos de temblar?
Se dice del admirado predicador inglés, Juan Wesley, que predicó en Hyde Park con ocasión del terremoto que se sintió en Londres el 8 de marzo de 1750, diciendo: "Aunque la tierra sea removida, aunque suceda lo peor, un hijo de Dios nunca debe perder su confianza; como Dios permanece fiel no hay peligro para su pueblo." "Cuando llegue el final de los tiempos y los elementos se fundan por el calor, y los cielos y la tierra desaparezcan, con serenidad contemplaremos la destrucción de la materia y el estallido de los mundos, porque incluso entonces Dios NUESTRO REFUGIO nos preservará de todo mal."
Hay un río de la gracia de Dios. Esa gracia divina fluye suavemente fertilizando todo a su paso, es un río que nunca mengua, que nos da refrigerio y consolación, cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios. Es que el Señor ha de suplir todas nuestras necesidades. Cuando en la Biblia se menciona que una cuidad era sitiada, lo propio era que el agua sería cortada por sus enemigos de guerra. Una ciudad sin agua era una ciudad acorralada y triste. Cuando las aguas están seguras la ciudad puede resistir los ataques indefinidamente. Por eso, no temamos, Dios es nuestro río.
Jerusalén ha estado preparada para resistir hasta el fin al igual que la iglesia. Dios es el río. Dios está en medio de ellas. Dios, el Padre, es el río. Él es fuente de agua viva (Jeremías 2:13). Dios, el Hijo, es el río (Zacarías 13:1), un manantial abierto para su pueblo. Dios, el Espíritu, es el río (Juan 4:14), de nuestro interior correrán ríos de agua viva, una fuente de agua que salta para vida eterna. Dios es el río, su corriente, la perfección, la plenitud de Cristo, las operaciones del Espíritu y todo junto corre en el cause del pacto de la promesa para los que creemos. ¿Por qué temer? La cuidad de Dios, eso somos. La iglesia es como una cuidad, porque una ciudad es un lugar de seguridad. Es un lugar de unidad, donde se vive en paz y donde hay refugio y ayuda. Todos los que tienen sed vengan, aquí está la perla de gran precio. En la iglesia se encuentra la libertad de la culpa del pecado, la libertad de la ira de Dios, de la maldición de la ley y de la esclavitud de Satán. La iglesia de Dios es su ciudad, un lugar de orden y regularidad, de reposo; donde no hay soledad ni desierto, es un lugar de privilegios, de placer y de hermosura. La iglesia es el lugar conocido como "El santuario de los moradores del Altísimo." La iglesia contiene una revelación tan clara y convincente de Dios como así son las obras de la naturaleza. ¿Perteneces a esa ciudad, formas parte de la Iglesia? Alégrate. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
