No podemos desviarnos o alejarnos de nuestra enseñanza cristiana. Se puede pensar que es imposible que nos podamos desviar de la correcta enseñanza de Dios, sin embargo muchos se han alejado. Aquellos que estaban en el templo cuando Jesús les habló eran los encargados de enseñar; ese era su oficio, enseñar al pueblo en el templo. Es como el médico que receta en su oficina o en el hospital. Aquellos judíos enseñaban la palabra de Dios en el templo. Pero, se les hizo costumbre a los sacerdotes de la iglesia de aquel tiempo enseñar como doctrina de Dios lo que era mandamiento de hombres. Eso era en aquel tiempo y todavía lo es en nuestro tiempo. Lo que es la doctrina del Señor, debemos cuidarla, protegerla y enseñarla. No así los mandatos de los hombres que los presentan como si fueran mandamientos de Dios. Fíjate, ahora está de moda el ofrecer oraciones como en servi-auto, detienen a la gente que van en sus automóviles para ofrecerles oración por la economía, para prosperidad, por los problemas, etc., nada de predicarles, es ofrecerle algo fácil y atractivo a la gente. Jesús dijo: "Id por todo el mundo y predicad el evangelio." También dijo que nos aborrecerían por causa de Él. Y aunque nos mordieran serpientes y nos dieran veneno a beber Él nos cuidaría. Hoy día esas advertencias de Jesús son omitidas por los que enseñan el mensaje de la prosperidad. En el evangelio que ellos predican todos caben y nadie padece. Jesús dijo: "El que no deje todo por causa de mí no es digno de ser mi discípulo".
Jesús se fue al templo a enseñar al pueblo lo que Dios requería que se les enseñase. Y aunque Jesús no había estado en las escuelas de los rabinos judíos de la época, su enseñanza les maravillaba. La razón de maravillarlos era porque enseñaba al pueblo lo que Dios requería que se les enseñase. Las enseñanzas de Jesús no eran mandamientos de hombres como eran las de los rabinos. Te pregunto, ¿Qué es lo que tú enseñas? Ahí es que está la victoria o la derrota. Si quieres bien para ti y los tuyos habla la doctrina de Cristo, la misma que los apóstoles explicaron tan bien. Ellos, los apóstoles no la aprendieron en una escuela de enseñanza de hombres. Algunos de los que escucharon a Jesús en el templo se pudieron percatar de su conocimiento. Todos los que oían a Jesús se maravillaban de su doctrina, porque su doctrina era la del Padre. Si conservamos esto mismo en nosotros, entonces las personas se maravillarán de las palabras de Jesús que salen por nuestra boca. ¿Qué sale por tu boca? ¿Las enseñanzas maravillosas de Jesús o te salen mentiras, palabras feas, engaños, hipocresías? La grandeza de Cristo y el asombro que provocaba su doctrina se debía a la fuente de la que había bebido. Algunos se podrían mofar porque Jesús no había pasado por ninguna escuela rabínica. Pero, mi hermano, hay que aprender la doctrina de Cristo para poder llegar hasta el fin y obtener la victoria.
Jesús dejó ver su doctrina. Su doctrina era divina. Decía: "Mi doctrina no es mía sino de aquel que me envió." Jesús no actuaba con independencia del Padre. Siempre hacía lo que el Padre quería. ¿Y tú, qué? Jesús siempre dejaba ver que lo que Él enseñaba no lo decía por su propia cuenta sino que lo que enseñaba era según lo que el Padre le ordenaba. Los rabinos, maestros de la ley y los demás judíos se ofendían que Jesús enseñase sin haber asistido a ninguna de sus escuelas rabínicas, pero Él les contestaba diciéndoles que lo que Él enseñaba no era producto del aprendizaje propio sino de la revelación divina. Jesús no hacía de sí mismo el centro de sus enseñanzas sino que siempre llevaba a las personas al conocimiento del Padre. En cambio, el hombre busca que la enseñanza siempre gire alrededor suyo. ¡Pobre, que equivocado vive! Jesús dijo: "El que quiere hacer la voluntad de Dios conocerá si la doctrina es de Dios o si yo hablo por mi propia cuenta." Si los predicadores y maestros conocieran bien este versículo tendrían cuidado de lo que enseñan. Los que podían ser jueces para juzgar del origen de la doctrina del Señor Jesús eran los que tuviesen un corazón recto y deseoso de conocer y hacer la voluntad de Dios. A muchos de los hombres no les gusta hacer la voluntad de Dios porque tendrían que romper y quebrantar los tantos mandamientos y vanidades de hombres que poseen.
Jesús permite que su doctrina sea examinada estando seguro que solo quienes estén dispuestos a poner su voluntad de acuerdo con la de Dios tendrán éxito en dicho examen. El conocimiento claro depende en gran medida de un corazón dispuesto y de la honesta obediencia. Nada es conocido sin ser antes querido. Jesús dijo: "El que habla por su propia cuenta busca su propia gloria; pero el que me envió éste es verdadero y no hay en Él injusticia." Los engañadores hablan y enseñan sin comisión ni instrucción de parte de Dios, solo apoyados únicamente en su propia voluntad como única garantía de lo que enseñan. No hay en ellos inspiración divina sino mera imaginación humana; los que se buscan a sí mismos hablan de sí mismos. En cambio los que hablan enseñados por Dios hablan para la gloria de Dios y no de sí mismos. Con esta rectitud de intención bien podía asegurar Jesús que no hay injusticia en el que enseña. Los falsos maestros son injustos para con Dios; ellos abusan y son injustos para con los hombres a quienes tratan de imponerse. Cuidemos nuestra doctrina, nuestra enseñanza para que siempre sea la misma del Padre, dándole siempre la gloria a Dios, que nos lo ha dado todo. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
