Sepamos que Pablo había llegado a Corinto desde Atenas. Allí Pablo había intentado por única vez en su vida presentar el Evangelio de manera "aceptable" para la filosofía de los griegos atenienses. Allí se había reunido con algunos de sus filósofos. Había notado que eran muy religiosos porque en uno de sus muchos altares decía en la inscripción: "Al Dios no conocido." Y por ahí les comenzó a predicar. Trató de hablarles en su mismo lenguaje, pero le trajo a Pablo muy pocos resultados. Se burlaban de él y otros le decían, "Ya te oiremos acerca de esto otra vez." Pablo entonces, tomó la decisión de contar la vida de Jesús con sencillez y predicarles al Cristo crucificado. En la vida y con la gente todo depende de hasta dónde nosotros queremos llegar con el mensaje. Pablo vio la necesidad de aquellos hombres y entendió el apóstol la diferencia entre un ministerio que va predicado hacia el alma y el ministerio que va dirigido al espíritu del hombre mediante el poder de Dios.
Aquello que se dirige al alma es lo que divierte, lo que entretiene o que en general se relaciona con las emociones del hombre. En cambio lo que es el ministerio espiritual, ese presenta la verdad de la palabra de Dios de tal manera que glorifica a Cristo y alcanza a llegar al corazón y a la conciencia del que escucha. Hermano, ¡tanto poder que hay cuando se escucha predicar del Jesús resucitado! ¿Cómo haría yo de otra manera y te iría a condenar llevándote palabrería para entretenerte el alma y llevarte así a la condenación? ¡Me libre Dios de tan grande mal! Es indudable que solo la historia de la vida y obra de Jesús sin más adornos tiene un poder inigualable para mover los corazones. Acuérdate que lo que en verdad llega a nosotros es aquello que llega al corazón y no a la mente.
Pablo llegó tímido y nervioso a Corinto. Ahora no era Pablo el gran orador y filósofo de Atenas. Sabía que el poder no venía de su inteligencia ni de su autoridad sino de esa hermosa y poderosa muerte en la cruz y la resurrección del Señor. Comprendía el apóstol que el tesoro del evangelio estaba contenido en sí mismo, quien era solo un vaso de barro, para que la excelencia del poder fuera de Dios y no de Pablo. Pablo era el ejemplo de que con nuestra debilidad, timidez y nerviosismo así podemos mostrar el poder y la grandeza de Dios. Era el ejemplo de cómo Dios emplea hombres débiles para confundir a los fuertes. Pablo era un esclavo de Cristo, ya vio que no era con filosofía que lograba llegar, sino que le tocaba seguir a Cristo, obedecerle y hacer las cosas tal como Dios quiere que se haga y se hable. Cuando uno trata de esconder el temblor, la timidez y la vergüenza lo hace para no mostrar la debilidad y el no ser grande. No es demostrar que uno es grande lo que nos debe importar, sino llegar con resultados ante Dios. Pero, eso se logra cuando se hacen las cosas con humildad.
¿Cómo te gusta hacer las cosas, con tu grandeza y dominio de todo? ¿O con humildad mediante el poder del evangelio del Señor que murió y resucitó? Cuando uno se considera a sí mismo grande es que no ha hecho al Señor el verdaderamente grande. La predicación en Corinto quedó demostrada por el Espíritu y el poder. Allí no había humana sabiduría para alcanzar nada. Muchas veces hablamos al alma del hombre, pero es para conseguir para uno y no para el que nos oye. La palabra que le llevó Pablo no les permitía a ellos exponer ningún argumento en contra del apóstol. Las pruebas eran las vidas cambiadas. Hombres y mujeres liberados de todo mal. Solo la muerte de Jesús pagó la libertad del que está esclavo del pecado. El poder de Dios, el poder que vuelve a crear, que hace las cosas nuevas había empezado a actuar en aquella sociedad corrompida de Corinto. Tú y los tuyos solo pueden cambiar totalmente sus vidas solo con la muerte y resurrección del Señor. ¡Que haya poder en ti mediante la llenura del Espíritu Santo! ¿Qué es lo que hace que no haya ese poder en tu vida? ¿Será la mucha filosofía, como le pasó a Pablo al principio en Atenas? Si lo que hay es tanta filosofía para atraer al hombre, pues nada les sucederá y regresarán igual como vinieron. El Espíritu de Dios es el que emplea el mensaje de la resurrección para producir convicción de pecado y conversión hacia Dios. El peligro es cuando te empeñas tratando de cambiar al hombre mediante humanas filosofías y no mediante el poder de Dios.
Pablo sabía el gran peligro que había para sus oyentes si se interesaban solo en él, en su propia personalidad en lugar del Señor viviente. Cuando tú decides poner tus ojos acá en lo de la tierra vas a desconocer del poder de Dios. Hoy en día los hombres desean que se pongan los ojos en ellos; por eso usan mucho las promociones, tv, publicaciones, etc. como si ellos fueran los que bendicen. Pablo dejaba ver su incapacidad de bendecir o de salvar, decidió que llevaría a los hombres a confiar solo en Dios y no en la sabiduría de los hombres. Esta es la meta de esta Iglesia. Mejor es que tu oído sea lastimado antes de que te atengas a la sabiduría humana.
El hombre se congrega a escuchar, pero quieren oír sabiduría humana. Por tal razón hay tanta resistencia de algunos al mensaje de Cristo. Una vida cambiada es aquella que Cristo la vuelve hacer vivir otra vez. Por ejemplo: un borracho y malvado fue salvo. Los amigos incrédulos le decían: "¿Cómo puedes creer en esos milagros de la Biblia, como el que Jesús convirtió el agua en vino?" Les contestó: "Si convirtió el agua en vino o no, no lo sé, pero sí sé que en mí le he visto convertir el vino en muebles, en comida sana y en ropa." Esto es la realidad que Pablo quería que entendieran los Corintios, lo que le sucede a toda persona cuando Jesús llega a través del mensaje de la crucifixión y de la resurrección. Ese es el poder que cambia las vidas. Seamos sabios para entender el poder de Dios y nunca sustituirlo por filosofías humanas que no pueden hacer nada, pues no tienen poder en sí mismas. De Dios es el poder. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
