Mega Zoé
Estudio #0707Iglesia en las casas

No Es El Comer, Es Dejar De Amar

Este estudio llama a cuidar la comunión cristiana y perseverar en la oración.

Nuevo TestamentoRomanos5 min lectura

Que nos quede bien claro a todos que cada uno de nosotros daremos cuenta a Dios (Romanos 14: 12). Cada uno dará cuenta de sí y no de sus hermanos. Si te llenas de odio por lo que te hacen tú serás el culpable porque tu deber es amar. En muchas ocasiones vivimos pendientes de aquel o del otro y menos de uno mismo. Juzgamos demasiado a los demás (Romanos 14: 13). En la mayoría de las veces no se tiene la autoridad ni el conocimiento para juzgar al otro. Hablamos de lo que solamente nuestros ojos ven. Es decir, hablamos de lo que vemos por encima y no de lo que hay en el interior de las personas. No tenemos ese amor perfecto para poder corregir a los demás y nuestra preocupación debe ser el crecimiento del hermano. Nunca debemos ser obstáculos del hermano, acuérdate que Cristo fue el que dio su vida por él.

Hay cosas que no son esenciales como para entrar a discusiones y menos para medir a alguien. Le damos importancia a algunas cosas que no merecen tanta atención, lo que hacemos es que llevamos a hacer tropezar o caer a un hermano. Queremos entrar tanto a la vida de otros que somos capaces de hacerlos caer por cosas que no tienen ningún valor. Mi hermano, ¡qué difícil es cuidar y conservar al hombre para Dios! Hay cosas que no tienen la importancia como para por ellas hacer caer a un hermano. Cuidemos al hermano, amemos al hermano.

Oraba por alguien y se me conmovía todo mi ser y le decía a Dios: "Señor quiero amarla como he amado a su hermana." La razón era, las muchas circunstancias adversas de su vida. Yo no podía llegar a ella por esas cosas sin importancia, asuntos que a mí no me deberían haber afectado como para haberle dejado de expresar mi gran amor. Sé que la amé porque nunca me cansé de luchar por ella.

Entre los hermanos de Roma había problemas por la comida (Romanos 14: 15,20). Hoy en día hay otros problemas parecidos de muy poco peso como para darles importancia. Pablo sabía que no había alimento que fuera inmundo porque todo lo de comer se santifica al orar por ello. Pero, para esa época se encontraba entre los hermanos aquel que se le consideraba el hermano débil. Para el que piensa que está mal comer cerdo, pues para él está mal, ese es el hermano débil. Si otro hermano lo fuera a comer que lo haga por allá lejos, en lo escondido. La razón, el amor por el hermano débil (Romanos 14: 14). Nada es inmundo en sí mismo, así hay cosas que según la gracia nos son indiferentes, como por ejemplo lo son: la comida, el comer carne de cerdo o no, el pantalón y la falda, el pelo largo o corto, etc. Ahora, sí sabemos que hay cosas que en verdad son inmundas como lo son: la pornografía, los chistes sugerentes, las películas sucias y toda forma de inmoralidad.

La declaración de Pablo ha de ser comprendida a la luz del contexto. Los cristianos no contraen ninguna contaminación espiritual al comer alimentos que la ley de Moisés señalaba como impuros. Ahora, nuestra forma de actuar debe ser: ¡amando! Pero, parece que queremos actuar con los demás como enemigos. Cuando te sientas a comer con el hermano débil, ¿vas con tus derechos? o ¿con el amor que debes tener hacia él? Si tú insistes en tu legítimo derecho de lo que te corresponde, aún sabiendo que el hermano cree que algo de lo que se ha de comer está mal, pues no estás obrando según el amor.

Fíjate, aunque somos libres sobre lo de la comida, hay otras cosas que debemos considerar. Nuestra forma de actuar debe ser conforme al amor, porque el amor piensa en los demás no solo en sí mismo. Cuando llegas a pensar en los demás, dejarás de ser tú para ayudarlos, fortalecerlos y entregarte a ellos. Es una pena que hoy día se viva así: "¡Que nadie se meta en mi vida!" Aunque no se diga con la boca, se actúa de esa forma, nadie puede brincar la muralla que se levanta. Mírate tú y pregúntate ¿cómo te has entregado a los demás? Si hay una reunión y hay que llegar a tal hora y llegas una hora después, pues así es tu poca entrega hacia los demás. ¿Solo piensas en ti día y noche, solo tú, tú y tú? Si en tu pensamiento no hay nadie más, pues faltas al culto fácilmente, tienes solo tus problemas, tus situaciones. Nunca preguntas por nadie y siempre esperas que se preocupen tan solo por ti. Eso no debe ser así si en verdad amamos.

El amor cede sus legítimos derechos a fin de promover el bienestar del hermano. Un plato de comida no es tan importante como el bienestar espiritual de aquel por quien Cristo murió. Nuestros derechos no valen la pena cuando uno recuerda que el alma del hermano fue redimida con un precio tan enorme; la preciosa sangre del Cordero. Entonces, no son las reglas dietéticas lo importante sino las realidades espirituales.

El reino de Dios es la esfera en la que Dios es conocido como el Supremo Gobernante. No es por lo externo en el reino que nosotros nos debemos preocupar, sino dejar ver que lo que nos caracteriza es que vivimos en una justicia práctica, por disposiciones de paz y armonía; por mentalidad de gozo en el Espíritu Santo. ¡Nuestro esfuerzo debe ser por la paz y la armonía en la comunión cristiana! En lugar de hacer tropezar a otros por insistir en nuestros derechos deberíamos tratar de edificarnos unos a otros en nuestra santísima fe. Dios está llevando a cabo una obra en la vida de cada uno de sus hijos. Es de terror pensar que podamos estorbar esta obra en la vida de un hermano débil por cuestiones secundarias. ¡Seamos fieles a Dios y al hermano! Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz