Mega Zoé
Estudio #0774Iglesia en las casas

Como Andas Así Eres

Como Andas Así Eres enseña a huir de la tentación.

Nuevo TestamentoGálatas5 min lectura

La forma en que andas deja ver lo que eres. Cuando tu vida da frutos de justicia es que te has apartado del mal y eres guiado por el Espíritu Santo. Así se sabe que estás cerca de Dios y que Cristo es tu Salvador. Pero, si por el contrario, tus hechos dejan ver que estás guiado por las obras de la carne, pues eso quiere decir que estás lejos del Espíritu Santo y estás lejos de Jesús. Entonces, lamentablemente no es el Señor el Salvador de tu vida. Esto no es cosa o asunto de discusión, aquí se da una u otra medida: si es la obra de la carne la que domina pues queda manifiesta y no se puede esconder. Y cuando es el fruto del Espíritu, también se manifiesta en la persona que lo tiene. No hay nada que defender, nada que decir, pues lo que hay en cada persona… ¡se ve!

No se pueden satisfacer los deseos de la carne cuando Cristo está en uno. Cuando Cristo está se anda mediante el Espíritu. Hay que dejar que el Espíritu Santo tenga su vía para moverse en nosotros. Dos vías no se pueden llevar a la vez. O es la carne la que domina y guía o es el Espíritu Santo quien lo hace. Vivir en el Espíritu es estar ocupado con Cristo, porque el ministerio del Espíritu es ocupar al creyente con el Señor Jesús. Cuando así andamos, en el Espíritu, entonces quiere decir que la carne, o la vida del "yo", está como muerta. No se puede estar ocupado con Cristo y a la misma vez con el pecado. El "viejo árbol" hay que mantenerlo estéril y hacer fructífero el "nuevo." La carne siempre está ahí latente para todos, pero depende de uno mismo para querer echar hacia adelante el árbol nuevo con el fin de que dé nuevos frutos. Y al árbol viejo hay que detenerlo y secarlo.

El Espíritu y la carne están en constante conflicto. Dependemos siempre de Cristo, pues podemos ver nuestras debilidades en lo que hemos llamado nuestro "viejo árbol." Dios nos ha dado su propio Espíritu Santo para que more en nosotros y nos ayude en nuestra debilidad. Así que grande es Él, no nos quita la carne nuestra, sino que confía en que hemos creído y nos llena de su Espíritu. El Espíritu y la carne están en perpetua guerra y entre más muere uno a la carne, más lugar tiene el Espíritu. Por eso, hay que rendirnos al Espíritu y ser guiados por Él. No estamos bajo la ley judía con todos aquellos preceptos y reglas, por eso no dependemos de nuestras propias fuerzas como hacían los judíos con aquella ley. Es ahora el Espíritu quien resiste los intentos del mal dentro del hombre mismo. Ser guiado por el Espíritu significa ser elevados por encima de la carne y estar ocupados con el Señor. Éste, nuestro tiempo, es el tiempo del nuevo pacto, es el tiempo de andar la vida en el Espíritu.

La obra de la carne es debido a la naturaleza caída del hombre por el pecado de Adán. No hay ninguna dificultad para identificar las obras de la carne. Ellas son muy evidentes. Son ellas: los adulterios, la infidelidad a la relación matrimonial, la fornicación que es la relación sexual ilegítima. Se cuenta también como obra de la carne la inmundicia que es todo mal moral ligado a la sensualidad. La lascivia también se cuenta con la carne y es una desvergonzada conducta involucrando la ausencia de freno para la impureza sexual. La idolatría es también obra de la carne y es el culto a los demonios, a los ídolos. Seguimos con la hechicería que es la brujería, donde las drogas están muy presentes en los que la practican. Las enemistades son la malignidad dirigida contra los demás. Esta obra de la carne trae los pleitos, la discordia, las disensiones, las peleas. Los celos son la suspicacia, la falta de confianza que también reina por la carne. La explosión de la ira es la expresión de cólera o pasión descontrolada. La contienda, que es otra de las muchas obras de la carne, se refiere a los esfuerzos egocéntricos por ser el número uno incluso a costa de otros. Vienen también con la carne las divisiones o separaciones causadas por los desacuerdos. Se manifiesta también la envidia, que es el desagrado ante el éxito o la prosperidad de los demás. Obra de la carne es también el sectarismo, las opiniones distintas. Los homicidios que es el dar muerte a otros. También las borracheras que vienen por estar ingiriendo bebidas alcohólicas. Las orgias se incluyen en la lista y son las reuniones desenfrenadas buscando diversiones impuras, casi siempre acompañadas de borracheras. Sepamos, que ante todo este cuadro tétrico de hechos contrarios a la justicia de Dios, el hermano que practica tales cosas: ¡QUEDA FUERA DE Dios Y DE SU REINO!

Pablo tiene que predicar y enseñar esto porque no todos lo que profesan ser salvos lo son. El Apóstol distingue claramente lo que son las obras de la carne y el fruto del Espíritu. Las obras de la carne son productos de la energía humana. El fruto del Espíritu crece según permanecemos en Dios. El Espíritu Santo produce la clase de fruto que da honor a la justicia, creando la imagen de Cristo en el creyente. El fruto del espíritu cubre todo lo siguiente: El amor, es lo que es Dios y lo que nosotros también deberíamos ser. El gozo es el contentamiento y satisfacción con Dios y con todos sus tratos. La paciencia es la largura de ánimo en las aflicciones, contrariedades y persecuciones. La benignidad es la gentileza. La bondad es la benignidad mostrada a otros. La fidelidad es la confianza en nuestros hermanos. La mansedumbre es el poder asumir un puesto subordinado sin protestar, es estar bajo las órdenes de otro sin rebelarnos. El dominio propio es refrenarse a sí mismo, especialmente en lo tocante al sexo. Todo esto es el fruto del Espíritu Santo.

Si eres de Cristo, pues ya has crucificado tu carne que es enemiga del Espíritu, viviendo una nueva vida agradable a Dios y llena de frutos de justicia. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz