Podemos ver en Mateo 20:20-22 que fue la madre de Juan y Jacobo quien con una actitud de reverencia, postrada ante el Señor, quería que Jesús le concediera algo. Tal vez, aquella mujer vino a Jesús con una gran ignorancia acerca de lo que pedía. Pedía que en el reino de Cristo cada uno de sus hijos estuviera sentado en un lugar cercano y especial al lado del Señor. Mateo no registra en el versículo específicamente el nombre de los dos apóstoles, Juan y Jacobo, pero sí se sabe que eran ellos por la referencia al decir que ella era la madre de los hijos de Zebedeo (Mateo 10:2). Dice en Mateo 20:22 "Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Y ellos le dijeron: Podemos." Le contestaron al Señor: "Sí, podemos beber de la copa y ser bautizados con el bautismo tuyo." Juan y Jacobo fueron los que contestaron porque Jesús se dirigió directo a ellos y no a su madre quien fue la que le hizo la petición. En verdad, la madre de estos dos estaba muy lejos de saber exactamente para qué sus hijos habían llegado a esta tierra. Al referirse Jesús al "vaso" que representan Sus sufrimientos y al "bautismo" que representa Su muerte, esas dos cosas tan difíciles deberían hacerles a ellos entrar en razón.
Estos hombres tenían mucho ímpetu, tan rápido que se atrevieron a aspirar y a pedir algo de tanto privilegio; pensaron que se podía hacer esto así de fácil. Reclamaban ya un lugar especial, algo tan vanidoso que si se le hubiera concedido podrían entonces despaciarse en el cielo luciendo como los héroes de Jesús. Es un triste suceso en el que se muestra la naturaleza humana. ¡Cuánto nos ahogamos queriendo ser grandes cuando lo que nos toca es beber de "Su vaso" y experimentar "Su bautismo."! Jesús les estaba hablando de su muerte, de que lo azotarían y escupirían. Eso hablaba Jesús, no había gloria para Él en ese momento, era meramente SERVICIO PARA LOS HOMBRES. Ellos estaban pensando más en su propia gloria que en los padecimientos de su Señor. Cerraron persistentemente sus ojos a las advertencias de Jesús sobre la tribulación a las que se expondrían y los abrieron solo para atender a la promesa de la gloria de la que participarían. Los dos discípulos adquirieron una perspectiva errónea muy materialista del reino.
En cuanto a la madre de los hijos de Zebedeo, buscaba para ella el crédito de llegar a ser la madre de dos hijos que estarían a cada lado de Jesús. Estaba muy lejos de ella el conocimiento de cómo es que en el reino de Dios se dan los honores. Jesús no podía comprender aquella insinuación de tan grande pedido. ¡ELLOS QUERÍAN UNA CORONA SIN UNA CRUZ, UN TRONO SIN EL ALTAR DEL SACRIFICIO, LA GLORIA SIN EL PADECIMIENTO QUE LLEVA A ELLA! Jesús les hace una pregunta que nosotros y todo discípulo del Señor nunca debemos de dejar de hacérnosla: "¿Podéis beber de la copa que yo he de beber?" ¿Podremos beber de Sus padecimientos y pasar por el bautismo de Su muerte? Ellos afirmaron que podían. El les dijo que sí, que así sería. Pero, estaban lejos de conocer justo lo que les vendría a ellos; Jesús no estaba lejos de conocerlo y sí sabía que así sería. Estos dos hombres iban a ser leales al Señor, Jacobo al menos murió como mártir (Hechos 12:2) y Juan vivió una vida de mártir pues fue perseguido y exiliado en soledad en la isla de Patmos.
Todos llegamos a Jesús con muchos intereses personales. Solo piensa cuántos son tus intereses personales para con el Señor y si también tú quieres ser grande en su reino. Jesús les explicó que Él no podía asignar puesto de honor en el reino de manera caprichosa. Dios el Padre había establecido una base especial sobre la que se asignarían estas posiciones. Ellos pensaron: "Estamos muy cerca del Señor, así que nos toca a nosotros." Aquí no hay favoritismo, hay que padecer por el nombre de Cristo para poder obtener Su bendición de recompensa. Los puestos a su diestra y a su izquierda SERÍAN DADOS SOBRE LA BASE DE PADECER POR ÉL. Esto significa que los principales honores en el reino no se limitan a los cristianos del siglo primero, quienes sabemos que sufrieron mucho en persecuciones y martirios, sino que algunos que viven hoy también podrán conseguirlo mediante el sufrimiento.
Mateo 20:24 "Cuando los diez oyeron esto, se enojaron contra los dos hermanos." Tampoco entendían los otros discípulos que ellos también querían ese lugar. Su enojo, probablemente se debía a que ellos mismos querían ser los más grandes y se resentían contra Juan y Jacobo por ser los primeros que reclamaron tal prioridad. Jesús les enseña acerca de los gentiles quienes tienen ese deseo de grandeza en términos de gobierno y dominio. EN EL REINO DE CRISTO LA GRANDEZA SE MANIFIESTA EN EL SERVICIO. Todo el que aspira a la grandeza ha de llegar primero a ser un servidor y el que quiere ser el primero ha de llegar a ser un esclavo. Jesús es el perfecto ejemplo de la humanidad en el servicio. Él no vino al mundo para ser servido sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos. Humillación fue su grandeza. Así ha de ser para nosotros. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
