Amasías, rey de Judá hizo lo recto ante los ojos de Jehová aunque no como David su padre, en lo que se refería a tener un corazón perfecto para con Dios. (2 Crónicas 25:1 "De veinticinco años era Amasías cuando comenzó a reinar, y veintinueve años reinó en Jerusalén... Hizo él lo recto ante los ojos de Jehová aunque no de perfecto corazón.") Se podía ver que en el comienzo de su reinado este joven rey lucía como alguien excelente pues hacía bien la parte de la política, del buen gobierno, pero su corazón era muy engañoso. También hacía la parte de cumplir con la ley de Dios, pero sin embargo no lo hacía con perfecta sinceridad del corazón. Y es que es ahí en el corazón donde en verdad está la fuerza del hombre, en un corazón apasionado para con su Dios. Este rey de Judá comenzó bien, pero no perseveró en hacerlo. Pudo trabajar con lo que la ley decía y se dedicó a cumplir con las reglas del estado, pero no pudo entregar el corazón y mantenerlo siempre así para Dios. No fue un hombre de sincera devoción, no fue enemigo de la piedad sino que fue de ella un amigo frío e indiferente.
Muchos hombres, al igual que Amasías, hacen cosas buenas, pero no lo hacen de perfecto corazón. Buscar a Dios y servirle de perfecto corazón era la cualidad grande de David; se dice que tenía el corazón como el de Dios. (1 Reyes 14:8 "…como David mi siervo, que guardó mis mandamientos y anduvo en pos de mí CON TODO SU CORAZÓN, haciendo solamente lo recto delante de mis ojos." Hechos 13:22 "…les levantó por rey a David, de quien dio también testimonio diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, VARÓN CONFORME A MI CORAZÓN, quien hará todo lo que yo quiero.") Lo contrario, cuando se tiene un corazón endurecido es que se ha determinado a resistirse a obedecer la Palabra de Dios. Es imposible convencer o conmover a alguien así de rebelde porque está inmune a las convicciones y advertencias del Espíritu Santo.
Amasías era hijo de Joás y le pasó lo mismo que a su padre, no dejaba de hacer algunas cosas buenas por el pueblo, pero tenía demasiadas imperfecciones en lo que se refería al cuidado de un corazón fiel para con Dios. Luego de una guerra en la que el rey Amasías tuvo contra Edom y los derrotó, dejó que se le contaminaran sus manos con los dioses de los edomitas y los adoró. Se doblegó al mundo, a lo pagano. El rey ya no era recto, no logró llegar a ser perfecto en su corazón. Amasías cambió a Jehová para adorar a los dioses de los edomitas cuando aquellos falsos dioses no pudieron librarlos. ¡Qué gran locura y cosa tan extraña! ¡Es algo propio del que está mal y que no quiere arrepentirse!
Los hombres valientes que estaban investidos del carácter profético tenían derecho de aconsejar a los reyes. Pero, Amasías en su rebeldía se dio por ofendido con las palabras del profeta. No aceptó el consejo y la reprensión, pues no pudo admitir el reclamo del profeta (2 Crónicas 25: 15, 16). La victoria que había tenido lo había exaltado y cegado. Al no poder dar ninguna excusa de su necedad recurrió al insulto. Le dice al profeta de Dios que se había metido donde no le importaba. "¿Te han puesto a ti por consejero del rey?" Le mandó a callar diciéndole: "Déjate de esto." Y lo amenazó: "¿Por qué, quieres que te maten?" El profeta lo estaba reprendiendo con mucha mansedumbre para que tuviera un arrepentimiento. Pero, al rey no querer, el profeta LE ANUNCIÓ SU RUINA. Ahora a Amasías le salieron a la luz los deseos ocultos de su corazón el cual no había llevado a la perfección. Quiso guerra con el rey de Israel, Joás, nieto de Jehú. Él profeta le advierte, pero él sigue hacia la guerra, allí era que le vendría la ruina. ¡Pobre de él, Dios le había volteado el rostro y lo entregó a su propia ruina, la que él mismo había buscado! Su corazón se había enaltecido para gloriarse retando a Joás, rey de Israel. La respuesta y el consejo del rey Joás fue algo así: "quédate en tu casa y celebra el triunfo que tuviste con los edomitas y a mí déjame porque si no te destruiré." (Vs. 17-20) Amasías no lo oyó, pues esto era voluntad de Dios quien lo quería derrotar. La vergüenza de los derrotados son sus ruinas. Cayó Judá junto a su rebelde rey Amasías y cada uno huyó a su casa.
Joás rey de Israel apresó a Amasías y lo llevó a Jerusalén y derribó el muro de Jerusalén. La casa de Dios la saquearon y los tesoros del palacio. Tomó Joás de rehenes a los hijos de Amasías para evitar más molestias por parte de Judá. Pero, Amasías fue muerto por una conspiración de los propios suyos que lo detestaban.
Cuando Amasías decidió apartarse del Señor ya no tenía quién lo protegiera, de los suyos propios empezó la conspiración contra él en Jerusalén. Al apartarse de Dios lo perdió todo, todo. Perdió para él el respeto y la fidelidad no solo de los grandes sino de sus súbditos. Aun allá donde escapó lo lograron encontrar y allí lo mataron. Esta es la realidad del que no busca a Dios de corazón sincero y perfecto. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
