Mega Zoé
Estudio #0792Iglesia en las casas

El Viejo Hombre Crucificado

El Viejo Hombre Crucificado enseña a atender la Palabra de Dios y permanecer en la verdad.

Nuevo Testamento1 Corintios5 min lectura

Dice en Romanos 6:12 "No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias…" Este versículo deja ver claro la maldad del pecado cuando reina en el cuerpo. El pecado en un hombre no es otra cosa sino un desafío a la autoridad; es el desafío a toda la autoridad que pueda estar por encima de él, como lo son los padres, el pastor, otros familiares, etc. El que peca comienza una guerra contra todos los que le redarguyen y lo quieren ayudar librándolo del mal. Se pregunta uno como pastora sobre tales personas: ¿Qué les he hecho? Solo lo que les he hecho es amarlos, protegerlos, cuidarlos, mimarlos, pero a ellos les parece que yo soy una fiera que estoy contra ellos. Sin embargo, la verdadera fiera es ese pecado que está enjaulado en su carne.

También en Romanos 6:6 dice: "…sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado." ¡El viejo hombre fue crucificado con Cristo! ¿Por qué fue así? Para no servirle a ese viejo hombre que éramos. Acuérdate, tienes una vieja criatura en ti que te separa del Padre; una vieja criatura muy propensa al pecado pero que fue clavado en la cruz juntamente con Jesús cuando creíste. Luego de haber creído algunos se descuidan y buscan apartarse. Entonces, como quiere pecar quisiera ya no estar crucificado con Cristo, quisieran dejar a un lado la cruz para volver a su antiguo camino de pecado. Pero, la verdad contundente a la cual nos debemos amarrar, es que en la cruz fue donde se anuló el viejo hombre y quedó reducido a la impotencia. Sucedió así para así no servir más al pecado. La tiranía del pecado sobre nosotros quedó quebrantada por medio de Cristo en la cruz. Ya no podemos ser los hombres y mujeres impotentes cautivos del pecado. No puedes carecer de fuerza para luchar en contra del pecado. ¡Tienes que realizar tu vida en Dios con poder y fuerzas porque donde se consigue es en la cruz con el Dios grande dándose por ti! Tú no puedes ser una persona imposibilitada para luchar contra el pecado, contra ese pecado que puede arruinar todo lo puro en tu vida. En el calvario fue donde concluyó el reinado del pecado sobre los hombres mediante la muerte expiatoria de nuestro Señor Jesucristo. Entonces, se precisa nuestra cooperación. Solo Dios puede hacernos santos, pero no lo hará si no nos involucramos de corazón. El corazón es engañoso y le gusta engañar a otros, por lo tanto acerquémonos a Dios con un corazón sincero. Hebreos 10:22 "…acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura."

Pablo, era muy conocedor del hombre. Por eso disciplinaba su cuerpo. No tan solo lo disciplinaba sino que lo ponía en servidumbre. I Corintios 9:27 "…sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado." Para mantenerse firme Pablo llevaba su cuerpo a una condición y trabajo propios de un sirviente. Es igual que una esclavitud, pero para el Señor. Conociendo la naturaleza humana y sabiendo el carácter del hombre, por ello Pablo sometía su cuerpo a servidumbre para Su Señor. A Pablo le preocupaba ser rechazado por Dios si fallaba y así fuera descalificado. Por tal razón luchaba poniendo en servidumbre su cuerpo. En nuestras vidas hay una gran necesidad de tener auto dominio, de tener templanza, de tener una disciplina. Debemos practicar el dominio de nosotros mismos. Pablo, nuestro gran apóstol, se daba cuenta de la terrible posibilidad de que después de haber proclamado el evangelio a otros, él mismo pudiera quedar descalificado. Por eso nos deja ver cuánto había que luchar en lo que es esta larga batalla. No son días ni horas sino que son largos los años en los que hay que llevar un cuidado de nuestras vidas para no ser entretenidos y traicionados por nuestros corazones para luego venir a ser eliminados.

Debemos sujetar nuestro egoísmo natural para poder consagrarnos enteramente a la gran obra de Cristo. Nuestro problema es: "mi cuerpo", "el viejo hombre." Es lo que te queda de los deseos carnales. Uno puede hacer de su cuerpo una de dos cosas: o llevarlo a que sea UN SIERVO BUENO para Dios o permitirle que sea UN MAL AMO de nosotros mismos. Pablo ponía su cuerpo en servidumbre, era como si fuera llevado a cautiverio. Lo hacía para que no fuera que habiendo predicado a otros llegara a ser eliminado. Pablo sigue pensando y describiendo su batalla como si estuviera en un campo deportivo. Los pregoneros eran los que llamaban a los corredores a la pista y colocaban la guirnalda en la cabeza de los ganadores, haciendo saber el nombre de ellos. Pablo deja ver claro que la Palabra anuncia las reglas de la carrera, las reglas del combate o lucha. Para él todo esto corresponde a su compromiso y tarea de la predicación del evangelio. Todo predicador cristiano también participa en la misma lucha.

"Yo mismo venga a ser eliminado." Si nos descuidamos perderíamos con mucha pena lo que se nos ha dado, nos traería gran vergüenza. Sería muy triste que después de haber llamado a otros a la lucha, luego por descuido, viniéramos a ser rechazados por Dios, el juez de la carrera Cristiana. Pablo enseña que hace falta tal vigilancia abnegada y constante. Él lo hacía a la par con todas sus labores efectuadas a favor de otros. Así hacía más segura su propia vocación. ¡Cuánto más les hacía falta esa vigilancia personal a los hermanos corintios, quienes muy al contrario que Pablo, abusaban hasta el extremo de la libertad cristiana! Sucede igual hoy en día, el pueblo es el mismo siempre. Pablo pensaba y enseñaba a todos sobre la gran necesidad del dominio propio. Cuidémonos tal como él lo hacía. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz