Dice en Romanos 6:12 "No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias…" Este versículo deja ver claro la maldad del pecado cuando reina en el cuerpo. El pecado en un hombre no es otra cosa sino un desafío a la autoridad; es el desafío a toda la autoridad que pueda estar por encima de él, como lo son los padres, el pastor, otros familiares, etc. El que peca comienza una guerra contra todos los que le redarguyen y lo quieren ayudar librándolo del mal. Se pregunta uno como pastora sobre tales personas: ¿Qué les he hecho? Solo lo que les he hecho es amarlos, protegerlos, cuidarlos, mimarlos, pero a ellos les parece que yo soy una fiera que estoy contra ellos. Sin embargo, la verdadera fiera es ese pecado que está enjaulado en su carne.
También en Romanos 6:6 dice: "…sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado." ¡El viejo hombre fue crucificado con Cristo! ¿Por qué fue así? Para no servirle a ese viejo hombre que éramos. Acuérdate, tienes una vieja criatura en ti que te separa del Padre; una vieja criatura muy propensa al pecado pero que fue clavado en la cruz juntamente con Jesús cuando creíste. Luego de haber creído algunos se descuidan y buscan apartarse. Entonces, como quiere pecar quisiera ya no estar crucificado con Cristo, quisieran dejar a un lado la cruz para volver a su antiguo camino de pecado. Pero, la verdad contundente a la cual nos debemos amarrar, es que en la cruz fue donde se anuló el viejo hombre y quedó reducido a la impotencia. Sucedió así para así no servir más al pecado. La tiranía del pecado sobre nosotros quedó quebrantada por medio de Cristo en la cruz. Ya no podemos ser los hombres y mujeres impotentes cautivos del pecado. No puedes carecer de fuerza para luchar en contra del pecado. ¡Tienes que realizar tu vida en Dios con poder y fuerzas porque donde se consigue es en la cruz con el Dios grande dándose por ti! Tú no puedes ser una persona imposibilitada para luchar contra el pecado, contra ese pecado que puede arruinar todo lo puro en tu vida. En el calvario fue donde concluyó el reinado del pecado sobre los hombres mediante la muerte expiatoria de nuestro Señor Jesucristo. Entonces, se precisa nuestra cooperación. Solo Dios puede hacernos santos, pero no lo hará si no nos involucramos de corazón. El corazón es engañoso y le gusta engañar a otros, por lo tanto acerquémonos a Dios con un corazón sincero. Hebreos 10:22 "…acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura."
Pablo, era muy conocedor del hombre. Por eso disciplinaba su cuerpo. No tan solo lo disciplinaba sino que lo ponía en servidumbre. I Corintios 9:27 "…sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado." Para mantenerse firme Pablo llevaba su cuerpo a una condición y trabajo propios de un sirviente. Es igual que una esclavitud, pero para el Señor. Conociendo la naturaleza humana y sabiendo el carácter del hombre, por ello Pablo sometía su cuerpo a servidumbre para Su Señor. A Pablo le preocupaba ser rechazado por Dios si fallaba y así fuera descalificado. Por tal razón luchaba poniendo en servidumbre su cuerpo. En nuestras vidas hay una gran necesidad de tener auto dominio, de tener templanza, de tener una disciplina. Debemos practicar el dominio de nosotros mismos. Pablo, nuestro gran apóstol, se daba cuenta de la terrible posibilidad de que después de haber proclamado el evangelio a otros, él mismo pudiera quedar descalificado. Por eso nos deja ver cuánto había que luchar en lo que es esta larga batalla. No son días ni horas sino que son largos los años en los que hay que llevar un cuidado de nuestras vidas para no ser entretenidos y traicionados por nuestros corazones para luego venir a ser eliminados.
Debemos sujetar nuestro egoísmo natural para poder consagrarnos enteramente a la gran obra de Cristo. Nuestro problema es: "mi cuerpo", "el viejo hombre." Es lo que te queda de los deseos carnales. Uno puede hacer de su cuerpo una de dos cosas: o llevarlo a que sea UN SIERVO BUENO para Dios o permitirle que sea UN MAL AMO de nosotros mismos. Pablo ponía su cuerpo en servidumbre, era como si fuera llevado a cautiverio. Lo hacía para que no fuera que habiendo predicado a otros llegara a ser eliminado. Pablo sigue pensando y describiendo su batalla como si estuviera en un campo deportivo. Los pregoneros eran los que llamaban a los corredores a la pista y colocaban la guirnalda en la cabeza de los ganadores, haciendo saber el nombre de ellos. Pablo deja ver claro que la Palabra anuncia las reglas de la carrera, las reglas del combate o lucha. Para él todo esto corresponde a su compromiso y tarea de la predicación del evangelio. Todo predicador cristiano también participa en la misma lucha.
"Yo mismo venga a ser eliminado." Si nos descuidamos perderíamos con mucha pena lo que se nos ha dado, nos traería gran vergüenza. Sería muy triste que después de haber llamado a otros a la lucha, luego por descuido, viniéramos a ser rechazados por Dios, el juez de la carrera Cristiana. Pablo enseña que hace falta tal vigilancia abnegada y constante. Él lo hacía a la par con todas sus labores efectuadas a favor de otros. Así hacía más segura su propia vocación. ¡Cuánto más les hacía falta esa vigilancia personal a los hermanos corintios, quienes muy al contrario que Pablo, abusaban hasta el extremo de la libertad cristiana! Sucede igual hoy en día, el pueblo es el mismo siempre. Pablo pensaba y enseñaba a todos sobre la gran necesidad del dominio propio. Cuidémonos tal como él lo hacía. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
El Viejo Hombre Crucificado
1 Corintios 9:27
“sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.”
El viejo hombre fue crucificado con Cristo para que no sirvamos más al pecado, pero se precisa nuestra cooperación. Como Pablo, hay que poner el cuerpo en servidumbre, no sea que después de predicar a otros uno mismo venga a ser eliminado. Estos son los puntos para la semana.
- El pecado no debe reinar en el cuerpo mortal. El pecado es un desafío a toda autoridad, y el que peca le hace la guerra a quien lo redarguye; pero la verdadera fiera es el pecado enjaulado en su carne.
- Nuestro viejo hombre fue crucificado con Cristo cuando creímos. Algunos, cuando quieren pecar, quisieran dejar a un lado la cruz y volver al antiguo camino; pero en la cruz el viejo hombre quedó anulado e impotente.
- En el Calvario concluyó el reinado del pecado sobre los hombres. No puedes ser alguien sin fuerzas para luchar contra el pecado que arruina lo puro en tu vida: la fuerza se consigue en la cruz.
- Solo Dios puede hacernos santos, pero no lo hará si no nos involucramos de corazón. El corazón es engañoso; acerquémonos a Dios con corazón sincero, en plena certidumbre de fe.
- Pablo conocía la naturaleza humana, y por eso ponía su cuerpo en servidumbre para su Señor. Hay gran necesidad de dominio propio, templanza y disciplina, no por días ni horas, sino por largos años.
- Uno puede hacer de su cuerpo una de dos cosas: un siervo bueno para Dios o un mal amo de uno mismo. Hay que sujetar el egoísmo natural para consagrarse enteramente a la obra de Cristo.
- Sería muy triste que, después de llamar a otros a la carrera, por descuido fuéramos rechazados por Dios, el juez de la carrera. Hace falta vigilancia constante: cuidémonos como Pablo lo hacía.
Escoge esta semana un área donde tu cuerpo te gobierna, sea la boca, el apetito o el descanso, y ponla cada día en servidumbre al Señor.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Un Corredor en la Pista
1 Corintios 9:27
Para leer en voz alta con los niños
“sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: Pablo dominaba su cuerpo para que, después de enseñarles a otros, él mismo no quedara fuera de la carrera. Pablo veía la vida con Dios como una carrera en un estadio, donde al ganador le ponían una corona.
- Todos tenemos por dentro un «viejo hombre» que quiere hacer lo malo. Pero cuando creímos en Jesús, ese viejo hombre quedó clavado en la cruz con él.
- El pecado es como una fiera encerrada que quiere salir. Cuando alguien lo deja mandar, empieza a pelear con papá, con mamá y con todos los que lo corrigen.
- Jesús te da fuerzas para decirle que no al pecado. Pero tú también tienes que poner de tu parte y acercarte a Dios con un corazón sincero, sin trampas.
- Un corredor entrena todos los días, aunque no tenga ganas. Pablo hacía lo mismo con su cuerpo: no lo dejaba mandar, sino que lo ponía a servir a Dios.
- Tu cuerpo puede ser un buen ayudante para Dios o un mal jefe que te manda a ti. Si comes, hablas o te enojas sin control, él es el que está mandando.
- Cuidado: Pablo sabía que podía enseñar a otros y quedarse él mismo fuera por descuido. Esta carrera dura toda la vida, y hay que cuidarse cada día.
¿En qué cosa tu cuerpo te quiere mandar: la comida, el enojo o la pereza?
Escoge una y esta semana dile «no» cada vez que quiera mandar.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
