Salmos 15:1 "Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo?" ¡El Monte Santo de Dios! Es allí donde los ángeles inclinan sus rostros ante Él. Es allí donde todo es pureza y santidad, donde todo es limpio. ¿Cómo podrá el hombre adorar en absoluto, de una manera ilimitada y al máximo? Solo lo podrá hacer el que anda en integridad, el que hace justicia y habla verdad en su corazón. (Vs.2) Miremos el andar, el obrar y el hablar del hombre que es aceptado para habitar en Su Tabernáculo, en Su Monte Santo. La manera de andar de una persona es de más importancia que su hablar. En el hablar hay engaño, pero en el caminar se va en realidad a donde se quiere ir. Es justo es el que anda en integridad, que vive en un estado completo de bien, que vive en rectitud y en honradez. Ese hace justicia, pues busca siempre la equidad, la rectitud, la honestidad y la igualdad. Vs.2 "El que anda en integridad y hace justicia y habla verdad en su corazón." Su fe se muestra mediante buenas obras, la fe del justo no es una fe muerta.
Podemos hacer una comparación de los justos con una colmena de abejas. Digamos que la casa de Dios es como una colmena de abejas obreras, trabajadoras. La casa de Dios no es un nido de abejas llamadas zánganos, pues son abejas que no producen miel y que carecen de aguijón. Los justos de Dios no son como ellas, sino que son como las obreras que trabajan produciendo dulce miel, así los justos producen obras fructíferas y justas. Cuando el corazón de un hombre es sano en su conversión, entonces la vida será hermosa en su profesión, en lo que profesa. Ese hombre sano en su conversión al Señor es el que hace justicia. Un justo hace obras justas porque en su interior hay y gobierna la justicia. No nos dejemos engañar cuando veamos a un injusto haciendo alguna obra justa, esa buena obra no puede hacerlo justo, el tal sigue siendo un injusto porque en su interior hay y gobierna la injusticia.
La escalera de Jacob tenía peldaños en los cuales nadie se mantenía quieto, sino que todos los ángeles ascendían o descendían por ella. (Génesis 28:12) Asciende tú, sube tú hasta el extremo de la escalera, de la misma manera que hacen los ángeles de Dios; sube hasta el Cielo y allí oirás a Uno que dice: "…Mi Padre hasta ahora trabaja y yo trabajo." (Juan 5:17) Dios trabaja (hace obra), así que de continuo hace justicia; no es que Él solo habla sobre la justicia o piensa u oye sobre ella, sino que la hace. Porque no son los oidores de la ley los que son justificados, sino LOS OBRADORES de la ley. La única obra que podemos esperar que sea considerada y tenida en cuenta es LA OBRA DE JUSTICIA.
"Y habla verdad en su corazón" (Vs.2) "El que no calumnia con su lengua, ni hace mal a su prójimo, ni admite reproche alguno contra su vecino." (Vs. 3) Hay que tener la convicción y el sentimiento para aborrecer la maldad que hay en la calumnia; el Señor aumentó nuestro aborrecimiento hacia el mal y hacia los reproches contra el prójimo. ¡Nunca habrá una lengua mortificada donde hay un corazón sin mortificar! El justo es el que no calumnia con su lengua ni hace mal a su prójimo ni hace agravio alguno a su vecino. Todos los calumniadores son el fuelle (instrumento para soplar recogiendo aire y lanzarlo en una dirección determinada) del diablo para aumentar la contienda, son hombres injustos y malos. De ahí el dicho: "El chismoso lleva al diablo en su lengua y los que le escuchan, al diablo en su oído." Decimos del borracho: "¡Echen fuera a este hombre!", pero es discutible si su mal comportamiento nos causará tanto daño como la historieta insinuante del chismoso. "¡Llama a la policía!", decimos cuando vemos a un ladrón haciendo de las suyas; pero, ¿no deberíamos sentir la misma indignación cuando oímos a un chismoso aplicado a su labor? "¡Perro rabioso, perro rabioso!", es el grito terrible que causa gran alboroto, pero hay pocos perros que muerden con tanta saña como las bocas de los que llevan murmuración. "¡Fuego, fuego!" es otro grito que nos alarma, pero la lengua del chismoso está encendida en el fuego del infierno y los que se ocupan en chismorrear harían mejor en cambiar, pues van a hallar que hay fuego en el infierno para sus lenguas desenfrenadas. La lengua calumniadora procede del malvado (Proverbios 14:32 'Por su maldad será lanzado el impío…"). ¡La lengua del malvado a escondidas mata y hiere más que un veneno! ¡Qué me importa ver a un hombre conmovido al escuchar un sermón si engaña y miente tan pronto como llega a su casa! Salmos 15:4 "Aquel a cuyos ojos el vil es menospreciado, pero honra a los que temen a Jehová. El que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia…" Dios no aborrece a nadie, pero no hay nada más que pueda yo aborrecer en el mundo que el pecado. Un NO para el falso que se hace pasar como si fuera justo.
Salmos 15:5 "Quien su dinero no dio a usura, ni contra el inocente admitió cohecho. El que hace estas cosas, no resbalará jamás." El verdadero justo no da su dinero a usura (al exceso del interés legal)." Nunca buscará ganancia por encima de lo que es legal (Levítico 25:35-37). El justo recibe al pobre con simpatía y con compasión. Mateo 7:12 es la Regla de Oro; es la regla de equidad. "Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos…" El que hace así no resbalará jamás. El que honrada y sinceramente hace estas cosas, permanecerá firme en la prueba.
No se es justo solo por ser el gran sabio, ni el gran predicador, ni el maestro laborioso, ni el hermano dotado, ni el que habla sin cesar. ¡Cuando se lleva puesto el traje de Cristo y no se le sirve en espíritu y en verdad se burla al Maestro! El aceptar a Cristo en nuestra profesión de fe y negarlo por la forma de andar en nuestra vida diaria es como el caso de Judas; que se le traiciona con un beso de homenaje; es hacer lo mismo que hacían los rudos soldados romanos que inclinaban la rodilla delante de Él y luego le golpeaban la sagrada cabeza con "el cetro" de una vara. Es ser un falso como Pilatos que mandó a escribir sobre la cabeza del Señor "Rey de los Judíos", pero a la misma vez lo coronó de espinas y lo mandó a crucificar. Es injuriarle dándole supuestos honores. Seamos verdaderos justos, no seamos falsos como los que perecen en su falsedad. El hablar de los preceptos del Señor y vivirlos cumpliéndolos en obediencia es lo propio de los justos, que entran y seguirán en la iglesia honrando a su Dios; los falsos que se hacen pasar por justos, después de todo, no tienen lugar en ella. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
