Mega Zoé
Estudio #0863Iglesia en las casas

Venid Hijos, Oídme

Venid Hijos, Oídme llama a cuidar la vida del hogar delante de Dios y permanecer como discípulos de Jesús.

Antiguo TestamentoSalmos5 min lectura

El rey David, inspirado por Dios en este salmo, dice: "Venid, hijos, oídme; El temor de Jehová os enseñaré." Él les habla a los hijos. Se refiere a los pequeños. Es que feliz es aquel para quien la luz del conocimiento del Salvador le empieza a alumbrar desde su niñez. Bueno es que los niños de aquí de la iglesia comiencen a aprender y amar todo lo tocante a la salvación; que aprendan y conozcan del amor de Jesús, de todo el bien que tienen en el Señor; que aprendan a luchar por la verdad. Que nuestros niños amen la integridad y QUE LA VERDAD ESTÉ EN SUS BOCAS. Entre más joven sea la persona para comenzar a darse a Dios le será mejor, más grande será su bendición, porque le estará dando al Señor las primicias de sus años. Ese que comienza a amar y a buscar a Dios desde muy niño no tropezará como el que se enreda por las mañas que se aprenden y se pegan en el camino mundano. Por esta razón, es que a Dios se le llevan los niños cuando nacen para entregárselos como primicias; y así el niño vendrá a ganar desde ahí porque la luz del conocimiento del Señor le alumbrará desde los comienzos.

David, fue un hombre guerrero ungido rey de Israel. Este gran rey no pensaba que enseñar al niño y al joven estuviera por debajo de su dignidad. Aunque David como rey tenía la mente llena de tantos cuidados y asuntos podía hallar tiempo y tener el corazón dispuesto para dar buenos consejos a los niños y a los jóvenes usando su propia experiencia. "Oídme", les decía. "Dejen vuestros juegos y escuchen lo que tengo que decirles." "No tan solo, préstenme atención sino obsérvenme y obedézcanme." ¿Qué le enseñaría David a sus oyentes? ¡EL TEMOR DE JEHOVÁ, INCLUIDOS TODOS LOS DEBERES DE LA RELIGIÓN! David era un músico famoso, un hombre de estado, un soldado, pero no les dice a sus hijos: "Les ensenaré a tocar el arpa, o a manejar la espada o la lanza o a disparar el arco, o bien les enseñaré las máximas de la política de estado, sino que les dice: "¡LES INSTRUIRÉ EN EL TEMOR DE JEHOVÁ!" Lo que es mejor que todas las artes, que todas las ciencias y mejor que todos lo holocaustos y sacrificios. ¡En esto es que tendríamos nosotros que ser solícitos: en aprenderlo para nosotros mismos y enseñarlo a nuestros hijos!

"El temor de Jehová os enseñaré." La posición que toma el rey David es DE MAESTRO. Al que se le enseña se le ve como un hijo. Y el que escucha se hace discípulo. Lamentablemente hay quienes no quieren ser enseñados. Vemos que hoy día algunos en la iglesia se retuercen en el asiento para no oír. Así no aprenden del temor de Jehová. Otros no se callan y lo hacen para no oír; lo que quieren es hablar y hablar para no comprometerse a escuchar al que les quiere enseñar. Y PARA CRECER ¡HAY QUE APRENDER A CALLAR Y A OÍR! Eso es así para el que quiere larga vida ("¿Quién es el hombre que desea vida, que desea muchos días para ver el bien?" Salmos 34:12). Supone David que todos quieren larga vida para disfrutar de dicha y prosperidad mientras la vivan.

¿Cuál es el camino para obtener la felicidad? Es guardar tu lengua del mal; cosa difícil, pero necesaria ("Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño." Salmos 34:13). En su epístola el apóstol Santiago insiste mucho sobre esta materia: la lengua (Santiago 1:26 "El que se cree religioso Y NO REFRENA SU LENGUA sino que engaña a su corazón la religión del tal es vana."). (Santiago 3:2 "Porque todos ofrendemos muchas veces. SI ALGUNO NO OFENDE EN PALABRA este es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.") ("Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce." Santiago 3:11, 12) ("Hermanos no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano murmura de la ley y juzga a la ley, pero si tú juzgas a la ley no eres hacedor de la ley sino juez." Santiago 4:11) En vez de ser hermano juzgando te conviertes en juez. La ley regia del amor nos dice que debemos amar al hermano como a nosotros mismos. Hablar y juzgar es hablar contra esta ley y condenarla teniéndola como carente de valor. Quebrantar una ley deliberadamente es tratarla con menosprecio y desdén. ("Uno solo es el dador de la ley que puede salvar o perder, ¿pero tú quién eres para que juzgues a otro?" Santiago 4:12) Hay que temer a Dios antes que nada en la vida.

Es menester apartarse del mal, de las malas obras y de los malos ("Apártate del mal, y haz el bien; Busca la paz, y síguela." Salmos 34:14). Pero no basta con apartarse del mal, además ¡HAY QUE OBRAR EL BIEN! Hay que apartarse del mal y no es para estar ociosos sino que es para servirle a Dios y para servirles a nuestros hermanos. Hay que buscar la paz corriendo tras ella. Al correr tras ella se echa a ver el esfuerzo que con frecuencia se necesita para mantener la paz y evitar la guerras, las disputas y las disensiones.

¿Qué haces tú con tu vida? ¡Debe estar el temor de Jehová y haber el bien en ti! Si así es, ¡amarás! Y no te harás el juez de tu hermano. Cuando miras a tu hermano le amarás. Pero, cuando el amor se va de tu vida serás el juez de tu hermano y buscarás la mirada de tu hermano, el gesto que haga, lo que dijo y lo harás para juzgarlo. ¡No lo hagas! Porque ¿qué puedes saber tú más que el Creador para juzgar nada de otro? Porque cada vida la lleva Dios y es Él quien juzga y trata con toda persona.

Ama tú y no te hagas juez de tu hermano. El temor de Jehová apréndelo si no lo has aprendido y desde ahora dedícate solo al bien. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz