El rey David, inspirado por Dios en este salmo, dice: "Venid, hijos, oídme; El temor de Jehová os enseñaré." Él les habla a los hijos. Se refiere a los pequeños. Es que feliz es aquel para quien la luz del conocimiento del Salvador le empieza a alumbrar desde su niñez. Bueno es que los niños de aquí de la iglesia comiencen a aprender y amar todo lo tocante a la salvación; que aprendan y conozcan del amor de Jesús, de todo el bien que tienen en el Señor; que aprendan a luchar por la verdad. Que nuestros niños amen la integridad y QUE LA VERDAD ESTÉ EN SUS BOCAS. Entre más joven sea la persona para comenzar a darse a Dios le será mejor, más grande será su bendición, porque le estará dando al Señor las primicias de sus años. Ese que comienza a amar y a buscar a Dios desde muy niño no tropezará como el que se enreda por las mañas que se aprenden y se pegan en el camino mundano. Por esta razón, es que a Dios se le llevan los niños cuando nacen para entregárselos como primicias; y así el niño vendrá a ganar desde ahí porque la luz del conocimiento del Señor le alumbrará desde los comienzos.
David, fue un hombre guerrero ungido rey de Israel. Este gran rey no pensaba que enseñar al niño y al joven estuviera por debajo de su dignidad. Aunque David como rey tenía la mente llena de tantos cuidados y asuntos podía hallar tiempo y tener el corazón dispuesto para dar buenos consejos a los niños y a los jóvenes usando su propia experiencia. "Oídme", les decía. "Dejen vuestros juegos y escuchen lo que tengo que decirles." "No tan solo, préstenme atención sino obsérvenme y obedézcanme." ¿Qué le enseñaría David a sus oyentes? ¡EL TEMOR DE JEHOVÁ, INCLUIDOS TODOS LOS DEBERES DE LA RELIGIÓN! David era un músico famoso, un hombre de estado, un soldado, pero no les dice a sus hijos: "Les ensenaré a tocar el arpa, o a manejar la espada o la lanza o a disparar el arco, o bien les enseñaré las máximas de la política de estado, sino que les dice: "¡LES INSTRUIRÉ EN EL TEMOR DE JEHOVÁ!" Lo que es mejor que todas las artes, que todas las ciencias y mejor que todos lo holocaustos y sacrificios. ¡En esto es que tendríamos nosotros que ser solícitos: en aprenderlo para nosotros mismos y enseñarlo a nuestros hijos!
"El temor de Jehová os enseñaré." La posición que toma el rey David es DE MAESTRO. Al que se le enseña se le ve como un hijo. Y el que escucha se hace discípulo. Lamentablemente hay quienes no quieren ser enseñados. Vemos que hoy día algunos en la iglesia se retuercen en el asiento para no oír. Así no aprenden del temor de Jehová. Otros no se callan y lo hacen para no oír; lo que quieren es hablar y hablar para no comprometerse a escuchar al que les quiere enseñar. Y PARA CRECER ¡HAY QUE APRENDER A CALLAR Y A OÍR! Eso es así para el que quiere larga vida ("¿Quién es el hombre que desea vida, que desea muchos días para ver el bien?" Salmos 34:12). Supone David que todos quieren larga vida para disfrutar de dicha y prosperidad mientras la vivan.
¿Cuál es el camino para obtener la felicidad? Es guardar tu lengua del mal; cosa difícil, pero necesaria ("Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño." Salmos 34:13). En su epístola el apóstol Santiago insiste mucho sobre esta materia: la lengua (Santiago 1:26 "El que se cree religioso Y NO REFRENA SU LENGUA sino que engaña a su corazón la religión del tal es vana."). (Santiago 3:2 "Porque todos ofrendemos muchas veces. SI ALGUNO NO OFENDE EN PALABRA este es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.") ("Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce." Santiago 3:11, 12) ("Hermanos no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano murmura de la ley y juzga a la ley, pero si tú juzgas a la ley no eres hacedor de la ley sino juez." Santiago 4:11) En vez de ser hermano juzgando te conviertes en juez. La ley regia del amor nos dice que debemos amar al hermano como a nosotros mismos. Hablar y juzgar es hablar contra esta ley y condenarla teniéndola como carente de valor. Quebrantar una ley deliberadamente es tratarla con menosprecio y desdén. ("Uno solo es el dador de la ley que puede salvar o perder, ¿pero tú quién eres para que juzgues a otro?" Santiago 4:12) Hay que temer a Dios antes que nada en la vida.
Es menester apartarse del mal, de las malas obras y de los malos ("Apártate del mal, y haz el bien; Busca la paz, y síguela." Salmos 34:14). Pero no basta con apartarse del mal, además ¡HAY QUE OBRAR EL BIEN! Hay que apartarse del mal y no es para estar ociosos sino que es para servirle a Dios y para servirles a nuestros hermanos. Hay que buscar la paz corriendo tras ella. Al correr tras ella se echa a ver el esfuerzo que con frecuencia se necesita para mantener la paz y evitar la guerras, las disputas y las disensiones.
¿Qué haces tú con tu vida? ¡Debe estar el temor de Jehová y haber el bien en ti! Si así es, ¡amarás! Y no te harás el juez de tu hermano. Cuando miras a tu hermano le amarás. Pero, cuando el amor se va de tu vida serás el juez de tu hermano y buscarás la mirada de tu hermano, el gesto que haga, lo que dijo y lo harás para juzgarlo. ¡No lo hagas! Porque ¿qué puedes saber tú más que el Creador para juzgar nada de otro? Porque cada vida la lleva Dios y es Él quien juzga y trata con toda persona.
Ama tú y no te hagas juez de tu hermano. El temor de Jehová apréndelo si no lo has aprendido y desde ahora dedícate solo al bien. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Venid Hijos, Oídme
Salmos 34:11-22
“Venid, hijos, oídme; El temor de Jehová os enseñaré.”
El rey David, con tantos asuntos de estado, se detuvo a enseñarles a los hijos lo que es mejor que todas las artes y las ciencias: el temor de Jehová. Ese temor se ve en guardar la lengua, apartarse del mal, hacer el bien y no hacerse juez del hermano. Estos son los puntos para la semana.
- Feliz es aquel a quien la luz del conocimiento del Salvador le alumbra desde la niñez. Mientras más joven se da uno a Dios, mayor es la bendición, porque le entrega las primicias de sus años.
- David era rey, músico y soldado, pero no ofreció enseñar el arpa ni la espada, sino el temor de Jehová. Eso es lo que tenemos que aprender para nosotros mismos y enseñar a nuestros hijos.
- El que escucha se hace discípulo, pero hay quienes no quieren ser enseñados: se retuercen en el asiento o hablan para no comprometerse a oír. Para crecer, ¡hay que aprender a callar y a oír!
- El camino para la vida buena es guardar la lengua del mal: cosa difícil, pero necesaria. El que se cree religioso y no refrena su lengua engaña su corazón, y su religión es vana.
- El que murmura y juzga a su hermano se hace juez y menosprecia la ley del amor. Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar o perder: ¿tú quién eres para juzgar a otro?
- No basta con apartarse del mal: hay que hacer el bien, servir a Dios y a los hermanos, y buscar la paz corriendo tras ella, aunque cueste esfuerzo evitar las disputas y las disensiones.
- Cuando el amor se va, uno se vuelve juez del hermano y le busca la mirada, el gesto y lo que dijo. ¡No lo hagas! Cada vida la lleva Dios, y es Él quien juzga.
Cada vez que te venga a la boca un juicio o una murmuración contra un hermano, cállalo y haz en cambio un bien por esa persona.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
El Rey y los Niños
Salmos 34:11-22
Para leer en voz alta con los niños
“Venid, hijos, oídme; El temor de Jehová os enseñaré.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: el rey David llamaba a los niños para que lo escucharan, porque les quería enseñar a respetar y obedecer a Dios. Aunque era rey, músico y soldado, no les enseñó a tocar el arpa ni a usar la espada, sino a temer a Dios.
- Qué bueno es conocer a Jesús desde pequeño. El que empieza a amar a Dios desde niño no se enreda después en las mañas malas del mundo.
- David les dijo a los niños: «Dejen sus juegos y escúchenme». Para aprender de Dios hay que callar y oír, no estar hablando ni retorciéndose en el asiento.
- Cuida tu lengua: no digas mentiras ni palabras feas. Una fuente no puede dar agua dulce y agua salada, y tu boca no debe hablar cosas buenas y cosas malas.
- No te hagas juez de nadie. No estés mirando lo que hace o dice otro niño para criticarlo. Dios conoce a cada uno, y Él es quien juzga.
- No basta con no hacer lo malo: hay que hacer lo bueno. Ayuda, comparte y, si hay pelea, busca la paz.
- Los ojos de Dios están sobre los que hacen el bien, y Él está en contra de los que hacen lo malo. Por eso, obedécele aunque nadie te esté mirando.
¿Te cuesta callarte para escuchar a tus papás o a tus maestros de la iglesia?
Esta semana, cuando te hablen, deja lo que estés haciendo, míralos y escucha hasta el final.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
