Podemos ver aquí en acción la ambición mundana de dos de los discípulos. La madre de Santiago y Juan vino a Jesús haciendo una petición para sus hijos, la solicitud está en labios de ella más que en los de ellos mismos. Este es uno de los pasajes más reveladores del Nuevo Testamento. Todavía estaban pensando en términos de recompensas y de distinciones personales y en el éxito SIN EL SACRIFICIO PERSONAL. ¡Querían que Jesús por decreto real, les asegurara una vida de príncipes!
Todos tenemos que aprender que la verdadera grandeza reside NO EN EL DOMINIO QUE LOGREMOS SOBRE LOS DEMÁS SINO EN EL SERVICIO. También hay que saber que el precio de la grandeza ha de ser pagado. Al parecer Juan y Jacobo pensaron que esto era lo que el Señor debía hacer a favor de ellos por ser sus discípulos, pero había mucho más que a ellos le restaba por hacer. Los discípulos pensaban en la paga o recompensa que Jesús les debía dar; pero se les olvidaba lo que todavía tenían que pasar por ser llamados al servicio; no había nada que demostrar, había mucho que hacer en la obra del Padre.
Consideremos cuando se hizo esta petición. Se hizo después que Jesús anunciara repetidas veces que lo que había por delante era la inescapable cruz; se hizo en un momento en que el aire estaba sobrecargado en la atmósfera de la tragedia. Sin embargo, a pesar de eso, los discípulos estaban pensando en un Reino y en una posición. Es de la mayor significación el ver que aún en un mundo del que se iban apoderando las tinieblas los discípulos se negaban a abandonar la seguridad de que la victoria pertenecería a Jesús. Nada nos permita caer en la desesperación. Aunque les arropaba en este momento una ceguera de lo del Reino, tenían una fe inquebrantable.
Este pasaje arroja luz sobre la vida cristiana. Jesús dijo que los que quisieran compartir su triunfo DEBÍAN BEBER SU COPA. ¿Cuál era su copa? Jesús se estaba dirigiendo a Santiago y a Juan. La copa de sufrimiento y sacrificio la beberían según como la vida los trató, de manera diferente. Por un lado, la vida fue muy corta PARA SANTIAGO, pues fue el primer mártir de la banda apostólica (Hechos 12:2). Para él la copa que tendría que beber FUE EL MARTIRIO. Por la otra parte, JUAN llegó a vivir largos años, llegó a una bendita ancianidad en Éfeso y murió de muerte natural cuando ya tenía cerca de cien años. PARA ÉL, distinto a Santiago, la copa FUE LA CONSTANTE DISCIPLINA EN LA VIDA CRISTIANA A TRAVÉS DE LOS AÑOS.
Del ejemplo de estos dos discípulos de Jesús, podemos deducir que sería equivocado pensar que para el cristiano la copa siempre quiere decir la lucha breve, aguda, amarga y agonizante del martirio; pues la copa también puede muy bien ser la larga rutina de la vida cristiana, con todos los sacrificios cotidianos, su lucha diaria y sus quebrantos, desilusiones y lágrimas. Una vez se encontró una moneda romana con la efigie de un buey. El buey estaba entre dos cosas; un altar y un arado y la inscripción decía: "dispuesto para cualquiera de los dos" El buey tenía que estar listo ya fuera para el momento supremo del sacrificio en el altar o para la larga jornada del arado en la granja. No hay una sola copa para los cristianos. Puede que tengas que beber tu copa en un gran momento o puede que sea a lo largo de toda tu vida cristiana. Beber la copa quiere decir sencillamente seguir a Cristo donde quiera que Él guie y ser como Él en cualquier situación que la vida nos presente.
Este pasaje arroja luz sobre Jesús. Nos muestra su amabilidad. Lo maravilloso de Jesús es que nunca perdió la paciencia ni se alteró. Aquí estaban estos dos hombres y su madre todavía hablando de puestos de honor en un gobierno y un reino terrenal. Pero Jesús no se indignó ante su ceguera, ni se puso furioso con su necedad, ni se desesperó por su incomprensión. Los trató con amabilidad, con simpatía, con amor; nunca con una palabra impaciente. Él trató de conducirlos a la verdad y nos muestra su honradez. Él estaba seguro de que le esperaba una copa amarga que tenía que beber y no dudaba en decirles a ellos.
No habrá nunca nadie que pretenda haber empezado a seguir a Jesús con unas expectativas y que no las vea cumplidas. Jesús siempre dijo que aunque la vida cristiana termine con una corona es la cruz lo que hay que llevar constantemente. De esta manera, el Señor Jesús muestra su confianza en los hombres. Él nunca dudó que Santiago y Juan siguieran firmes en su lealtad. Tenían sus ambiciones equivocadas, pero Él nunca soñó con descartarlos porque no sirviesen. Jesús creía que ellos podían y habían de beber la copa y que al final todavía se encontrarían de su parte. Uno de los grandes hechos fundamentales a los que nos podemos aferrar es que aunque nos aborrezcamos y despreciemos a nosotros mismos Jesús siempre cree en nosotros. El cristiano es una persona en quien Cristo ha puesto su confianza. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
