"¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad y estaremos allá un año y traficaremos y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere viviremos y haremos esto o aquello. Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala; y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado." Santiago 4:13-17 Si hay algo difícil en nuestras vidas es llegar a ser MANSOS. El que es manso no ataca ni actúa con agresividad, se deja ver dócil en compañía de otros, es tranquilo y apacible; obedece y cumple con lo que otro le manda. En el manso no existe el ser fiero como un salvaje, ni es inquieto ni bullicioso. Pero, fuimos acostumbramos a ser impulsivos, ¡a llevarnos todo de frente! Pensamos que estamos bien, y eso nos da derecho de decir y decir y no callar. Creemos que solo lo nuestro es lo mejor y como "es lo mejor", pues jactanciosamente hablamos y tomamos decisiones ¡como sumos generales! ¡Esto no debe ser así!
¡El vivir y actuar de esa manera Santiago lo ve como pecado! Planificar jactanciosamente y auto confiados en la independencia de Dios es pecado. Cuando se tiene un plan completo para el futuro, sin tomar en cuenta si Dios lo quiere así o no, es pecado. Es cuando se piensa en el tiempo al gusto propio ("…Hoy y mañana iremos a tal cuidad..."). Es cuando el tiempo lo establecemos como mejor creemos: (¡estaremos allá un año...!). Y decimos: Haremos negocio de tal o cual manera ("…traficaremos…"), lo planificamos bien y el resultado anticipado será que "ganaremos." Pero, lo que está mal en este pensamiento es que no se incluye a Dios. ¡EN LAS ACTIVIDADES DE ESTE PENSAMIENTO NO ESTÁ Dios! Se sabe que en la vida es necesario hacer algunos planes para el futuro, pero hacerlo de una manera voluntariosa ¡ES PECAMINOSO! Decir: "Haremos..." o "Haré…" (a mi antojo o a mis propias ideas o planes sin consultar a Dios) es la esencia del pecado.
En Isaías 14:13,14 se mencionan unas declaraciones categóricas de Lucifer: "…Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré y seré semejante al Altísimo." Así es cuando se habla por impulso, eso sale del pensamiento para hacerle fiero a otros. Se planifica y se habla como si mañana fuere cosa cierta (Vs.14). No sabemos lo que será el mañana (Proverbios 27:1 "No te jactes del día de mañana; porque no sabes que dará de sí el día.") Nuestras vidas son tan frágiles e impredecibles como el humo, como la neblina. ¡Hay que consultar en todo a Dios! (Vs.15) ¡Hay que consultarle para nuestros planes y contar con Su voluntad y Él nos guiará! Si somos mansos nos dejaremos llevar por el Señor. Debemos vivir y hablar con la conciencia de que nuestros destinos están en Sus manos. Debemos decir: "Si el Señor quiere viviremos y haremos esto o aquello." Y no creas que es tan fácil para tu boca decirlo, ¡porque la altivez está asentada en la vanidad del corazón!
Pablo dirigiéndose a los judíos de Efeso, les dice en Hechos 18:21 "…pero otra vez volveré a vosotros SI Dios QUIERE." También en I Corintios 4:19 dice: "Pero iré pronto a vosotros, SI EL SEÑOR QUIERE…" Aprendamos de Pablo y de Santiago; debemos vivir nuestras vidas: ¡Dios queriendo! Alguien lo expresó en latín con solo dos letras: D.V. Estas dos letras son las iniciales de dos palabras latinas: "Deo volente", que significan: ¡Dios queriendo! Es a veces, que algunos cristianos emplean estas letras D.V., pero deben hacerlo ¡TODOS LOS DÍAS DE SUS VIDAS AQUÍ EN LA TIERRA!
Santiago 4:16 "Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias..." La soberbia viene del orgullo, es sentirse por encima de todos. Es ser jactanciosos para el futuro. Santiago se dirige a los que por la arrogancia estaban muy confiados de que nada interferiría en su programación del tiempo. Se actúa como si fuésemos los dueños de nuestro propio destino. "Toda jactancia semejante es mala…" Porque excluye a Dios. No tropecemos más en esto.
Santiago 4:17 El pecado está, pues, en aquel que sabe hacer lo bueno y no lo hace. Así que para "hacer lo bueno" hay que incluir a Dios en cada aspecto de nuestras vidas, vivir cada momento en dependencia de Él. Si sabemos que debemos hacer algo y no lo hacemos, evidentemente estamos pecando. Dejar de hacer lo bueno es pecado contra Dios, contra todo prójimo y contra nosotros mismos. ¡Aprendamos! Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
