Mega Zoé
Estudio #1171Iglesia en las casas

Preservador De Los Hombres

Preservador De Los Hombres llama a perseverar en la oración y servir fielmente al Señor.

Antiguo TestamentoSalmos4 min lectura

Dios es el protector, defensor y cuidador. Nadie en la vida te puede cuidar más que Dios. No puedes depender de nadie, solo nuestro Dios es nuestro defensor.

¿En quién descansas en Dios o en el hombre?

Como un cuerpo de guardias que rodean a su monarca.

(Job 7:20) … ¿Qué puedo hacerte a ti, oh, Guarda de los hombres?

Este oficio de gracia del Padre se ejerce hacia nuestro Mediador y Representante.

(V. 3) Oh alma mía, dijiste a Jehová; Tú eres mi Señor.

En lo más íntimo de su corazón, el mismo Señor Jesús se inclinó para rendir servicio a su Padre celestial y ante el trono de Jehová su alma ofreció lealtad al Señor en favor nuestro. "Pasa de mí esta copa, pero sea hecha Tu voluntad."

Tú eres mi Señor, haré lo que Tú digas, por nuestras vidas.

Seré leal a Tu mandato.

No hay fuera de Ti ningún bien, "todo bien será de Ti."

De la muerte del Hijo se reflejó resplandor sobre cada uno de los atributos de Dios; con todo, el Dios bienaventurado infinitamente no tenía necesidad de la obediencia y muerte de su Hijo; fue por nuestra causa que la obra de redención fue emprendida y no por falta o necesidad en el Altísimo. ¡Con qué modestia estima aquí su propia bondad!

Debe entenderse respecto a lo que el Mesías hacía por los hombres.

¿Qué puedo entregarte a Ti, mi Dios, por todos tus beneficios hacia mí? ¿Cómo te pagaré?, no puedo hacer bien alguno porque mi bondad imperfecta no puede complacerte, pues eres perfecto y bueno esencialmente; el bien que hago no puede añadir a tu bien; mi maldad no puede perjudicarte.

Yo recibo todo el bien de Ti, pero no puedo devolverte ninguno. Tú estás muy lejos de tener necesidad de mí.

(V. 3) Los hijos de Dios participan todos de la naturaleza de su Padre celestial.

Para los santos que están en la tierra y para los íntegros, es toda mi complacencia.

Estos santificados, aunque están todavía sobre la tierra participan de los resultados de la obra mediadora y por Su bondad son hechos lo que son.

El pueblo peculiar, celoso para buenas obras y santificado para el servicio sagrado, está revestido de la justicia del Salvador y ha sido lavado en su sangre y por ello recibe de la bondad atesorada en Él; éstas son las personas que se benefician de la obra del Hombre Jesucristo.

(V. 4) Se multiplicarán los dolores de aquellos que sirven diligentes (mucho interés, eficacia, esmero, rapidez) a otro Dios.

Los creyentes de mera profesión con frecuencia son lentos en servir al verdadero Señor, pero los pecadores sirven diligentemente a otros dioses.

Corren como locos, en tanto, nosotros nos arrastramos como caracoles.

Que su celo sea un reproche para nuestra tardanza.

El que multiplica los dioses, multiplica sus propias aflicciones; porque el que cree que un Dios es demasiado poco, hallará que dos son demasiado y con todo, centenares no le bastarán.

(V.5) Jehová es la porción de mi herencia y de mí es la capacidad de alcanzar el efecto que espera o se desea tras la realización de una acción.

¡Con que confianza y gozo se vuelve a Jesús y Jehová, a quien posee su alma y en quien se deleita!

Contento sin medida con su porción en el Señor su Dios, "no tiene el menor deseo de ir en busca de otros dioses."

(V. 6) Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos y es hermosa la heredad que me ha tocado.

Jesús halló "que el camino de la obediencia guía a lugares deleitosos."

A pesar de todas las aflicciones que marcan su rostro exclama: He aquí he venido; "en el rollo del libro está escrito de mí," y me deleito en hacer tu voluntad, Dios mío; y tu ley está en mi corazón.

Aunque ningún otro hombre experimentó jamás tanto deleite en el servicio, porque ninguno ha servido tan fielmente "con tales resultados" a la vista de su recompensa.

(V.7) Mi conciencia me enseña de noche.

Los grandes generales pelean sus batallas en su mente mucho antes de que suene la trompeta y lo mismo hizo nuestro Señor para ganar nuestra batalla de rodillas antes de ganarla en la cruz.

La noche es la hora que el pecado escoge para sus pecados; y es la hora quieta cuando los creyentes escuchan las voces sosegadas (tranquilo, pacífico) del cielo y de la vida celestial dentro de sí.

Jesús supo dónde ir en lo que obedecía al Padre; oración, solo dependía de Dios; Jesús triunfó en Su entrega. ¿A quién vas en tus luchas? Tendrás victoria si vas a la oración.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz