El celo por Dios es tan poco entendido por los hombres del mundo que siempre atrae oposición (resistencia, oponerse) sobre los que son inspirados por Él; siempre están seguros de ser acusados por motivaciones siniestras, o de hipocresía, o de estar fuera de los sentidos.
Cuando el celo nos devora (comer su presa, tragar con ansia y apresuradamente, consumir, "destruir").
Los impíos procuran devorarnos también.
Este es de modo preminente (sobresalir) el caso de nuestro Señor, porque Su santo celo era preminente.
Esta es una expresión con la que se intenta dejar patente (memoria descriptiva dirigida a explicar, se compone de una descripción = "explicable"), que sobresalir, que el celo del Señor era lo que sobresalía en su pasión por el templo.
Lo más que Jesús amaba era el templo, razón, lo estableció Dios, para Él, lo adoraran y Su gloria descendiera era el único lugar de la tierra.
La nube arropaba y era el único lugar santo, porque debía estar santo.
Jesús lo hizo porque Él santificaba aquel lugar.
¡Qué diligente era Calvino en la viña del Señor!
Cuando sus amigos querían persuadirle de que, por causa de la salud, "aflojara" un poco en su trabajo, contestó: ¿quisiereis que el Señor me encontrara ocioso cuando venga?
Se dice que Lutero pasaba tres horas al día orando.
Se dice que el santo Bradford predicó, leyó y oró, y que esta era toda su vida. (fue mártir).
"Me gozo en que mi cuerpo esté exhausto en las labores de mi santa vocación", dijo el obispo B. Jerel (Yuril).
¡Qué enérgicos eran los santos mártires!
Llevaban sus cadenas como ornamentos (adorno), agarraban los "tormentos" como coronas y se abrazaban a las llamas con alegría, como Elías se subió al carro de fuego que fue a buscarle para llevarle al cielo.
"Que vengan potros, fuegos, poleas y toda clase de tormento, con tal de que pueda ganar a Cristo", dijo Ignacio.
Estas almas piadosas "resistían hasta la sangre."
¡Como debería estimularnos a celo esto a nosotros!
Trata de imitar estos ejemplos. Thomas Watson
Celo, reproches (es desenmascarar las falsas certezas, desarmar las razones falsas, protestar contra las excusas inadecuadas que están detrás de las conductas erróneas).
Recuerdo a Moulin, que, hablando de los protestantes franceses, dijo: "Cuando los papistas nos causaban daño por leer las Escrituras", "ardíamos de celo." Por leerlas más; pero ahora la "persecución ha terminado" y nuestras Biblias son como viejos almanaques."
En los tiempos de la mayor aflicción y persecución por causa de la santidad un cristiano tiene, primero, un gran Capitán que le guía y le anima; segundo, una causa justa para impulsarle y enardecerle (arribar, inflamar); tercero, un Dios misericordioso para aliviarle y socorrerle; cuatro, un cielo glorioso para recibirle y premiarle; y ciertamente, estas cosas no pueden por menos que levantarse y enardecerle bajo la mayor oposición y persecución. Thomas Brooks
(Juan 2:17) Cuando "sus discípulos" vieron lo que sucedía, recordaron el Salmos 69:9, donde se predecía que cuando viniese el Mesías, consumido (desaparición) por el "celo de" las cosas de Dios.
Ahora veían que Jesús manifestaba una intensa determinación de que la adoración a Dios "fuese pura", y se daban cuenta de que éste era Aquel de quien el salmista había hablado.
El (69:9) Señor Jesús fue consumido (destruir, terminar) con "celo por la casa" de Su Padre. Mi Amado tan dulce con el Padre."
Cuando escuchaba a los hombres hablar en términos insultantes acerca de Dios, Él lo tomaba como un insulto personal.
Aquel día en Jerusalén cuando Él ahuyentó a los cambistas (cambio de moneda) que estaban en el templo, Sus discípulos lo recuerdan que estaba en Salmos 69:9, "El celo de tu casa me consume"; Jesús es uno con Dios, pues conocía cual es Dios, entonces conocía tal profanación (irrespetuoso, falta respeto a algo sagrado) que aquellos hacían en el templo, porque la santidad está en Dios, como es Jesús, pues era conocedor de lo santificado.
Deberíamos recordar que el cuerpo de cada cristiano es también templo del Espíritu Santo.
Así como el Señor Jesús tenía afán porque el templo de "Jerusalén" "fuese mantenido puro", igualmente debemos ser solícitos para que nuestros cuerpos sean cedidos al Señor para una limpieza continua.
Cuidemos el templo para que sea puro y limpio, para que Dios more en él. Amén
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Porque Me Devora El Celo De Tu Casa
Salmos 69:9
“Porque me consumió el celo de tu casa; Y los denuestos de los que te vituperaban cayeron sobre mí.”
El celo por Dios es tan poco entendido por el mundo que siempre atrae oposición. En nuestro Señor ese celo sobresalía, y se vio cuando echó a los cambistas del templo; hoy nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo y hay que cuidarlo puro. Estos son los puntos para la semana.
- El celo por Dios siempre atrae oposición: al que lo tiene lo acusan de malas intenciones, de hipocresía o de estar fuera de sus sentidos. Cuando el celo nos devora, los impíos procuran devorarnos también.
- En nuestro Señor ese santo celo sobresalía. Jesús amaba el templo porque Dios lo estableció para ser adorado allí y para que Su gloria descendiera; era el lugar santo, y debía mantenerse santo.
- Cuando echó a los cambistas, Sus discípulos recordaron el Salmo 69:9. Jesús conocía la santidad de Dios y por eso reconocía aquella profanación; los insultos contra Dios los tomaba como un insulto personal.
- Los santos de otros tiempos fueron diligentes: Calvino no quería que el Señor lo encontrara ocioso, Lutero pasaba horas orando, y los mártires se abrazaban a las llamas con alegría con tal de ganar a Cristo. Tratemos de imitar esos ejemplos.
- Cuando leer la Escritura traía persecución, los creyentes ardían de celo por leerla más; terminada la persecución, las Biblias quedaron como viejos almanaques. Que la comodidad no apague lo que la oposición encendía.
- En la mayor aflicción el cristiano tiene un gran Capitán que lo guía, una causa justa que lo enardece, un Dios misericordioso que lo socorre y un cielo glorioso que lo espera para premiarle.
- El cuerpo de cada cristiano es templo del Espíritu Santo. Así como Jesús quiso puro el templo de Jerusalén, cedamos nuestro cuerpo al Señor para una limpieza continua, para que Dios more en él.
Revisa tu templo: identifica una sola cosa que lo está ensuciando y sácala de tu vida esta semana, como Jesús sacó a los cambistas.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Cambistas Salen del Templo
Salmos 69:9
Para leer en voz alta con los niños
“Porque me consumió el celo de tu casa; Y los denuestos de los que te vituperaban cayeron sobre mí.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: Jesús amaba tanto la casa de Dios que le dolía verla sucia, y cuando la gente insultaba a Dios, Él lo sentía como si se lo dijeran a Él. Un día entró al templo y sacó a los que cambiaban monedas, porque aquel lugar era santo.
- El templo era la casa donde Dios quería ser adorado y donde bajaba Su gloria. Por eso tenía que estar limpio y santo, no convertido en un mercado.
- Cuando Jesús sacó a los cambistas, Sus discípulos se acordaron de este versículo. Jesús sabía muy bien qué es santo, porque Él mismo es santo como el Padre.
- Amar a Dios con muchas ganas se llama celo. A veces la gente se burla del que ama a Dios así y dice que exagera. Pero Jesús no se avergonzó.
- Hace muchos años hubo cristianos que oraban horas cada día y no se rendían aunque los persiguieran. Tú puedes imitarlos orando y leyendo tu Biblia con ganas.
- Tu cuerpo también es templo del Espíritu Santo. Lo que miras, lo que dices y lo que haces puede ensuciarlo, aunque nadie te vea. Dios sí lo ve.
- Así como Jesús limpió el templo, pídele que limpie tu corazón cada día, para que Dios viva contento en ti.
¿Qué cosa ensucia tu templo: lo que ves, lo que oyes o lo que dices?
Escoge una sola y sácala de tu vida esta semana.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
