Hay algo difícil para el ser humano: pretendemos en tantas ocasiones que tenemos el saber, y eso casi siempre nos lleva a actos de rebeldía. Si hay algo de mucho compromiso que tenemos con Dios es que hemos tenido una reconciliación con Él. Y la reconciliación no es una mera restauración: supone empezar de nuevo, y ofrece una relación con Dios que el ser humano nunca podría alcanzar con sus propias fuerzas. Aquí no se habla solamente de los que están en pecado, sino de cómo nos quedamos atrás cuando podríamos estar más adelante. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos.
I. Convertíos a mí con todo vuestro corazón... rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos (Joel 2:12-13).
A. El alma es la que domina por naturaleza.
1. Somos alma, cuerpo y espíritu. El niño tiene su alma manifiesta y no ha desarrollado el espíritu; el espíritu se desarrolla cuando comenzamos a conocer directamente a Dios.
2. El alma confunde, el alma aturde y el alma abate. ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios.
3. Por eso nuestra boca es muy sensible al alma; y según el alma nos pone, se aligera la boca a hablar. Es ausencia del conocimiento de ser persona espiritual.
4. Si observas el mensaje, te puedes evaluar y decir que automáticamente, por instinto, tú hablas. ¿Por qué? Por el alma; y el alma habla tanto que turba.
5. Ya yo he visto que en la tierra nada da contentamiento: lo que te contenta hoy, mañana un poquito de algo te va a frustrar. Nadie puede decir que tiene contentamiento permanente con los humanos.
B. Perdona nuestras deudas.
1. No es que Jesús necesitara esa oración: nosotros necesitamos esa oración. Y cada día, al llegar a esa parte, es algo que da dolor.
2. Cuando uno tiene que decir: Señor, perdona, porque no he hecho esto; Señor, perdona, porque no he amado como debía amar.
3. Eso no es automático: es una oración completamente disciplinada. Porque es fácil no orar; es más cómodo caer en las tonterías de la vida que llevar una oración.
4. Ni tú ni yo merecemos nada: merecemos castigo. Hoy pensamos bien y mañana mal; hoy amamos y mañana detestamos a la humanidad; hoy queremos hacer las cosas rectas y mañana nos llenamos de pasiones.
5. Porque hacer el bien y no hacerlo es pecado. Así de sencillo. Has podido hacerle bien a muchos y nunca lo has hecho, porque dices: cada cual haga lo suyo.
6. Y eso no es un impulso, ni es porque quiero o porque pretendo: es por una sola razón, porque amo.
II. La reconciliación no es una mera restauración: supone empezar de nuevo.
A. Una relación que no se alcanza con fuerzas propias.
1. Hacer lo bueno y no hacerlo es ausencia de una recompensa. Llegarás al cielo con una salvación, claro; pero la salvación la pagó Cristo completa.
2. Tú no has hecho nada para ser salvo ni para tener esa sangre. No llegaste al Señor porque querías: unos por problemas, otros por circunstancias, otros por enfermedad.
3. Hay rutinas de rezos, y hay que tener cuidado dónde caen los rezos; en esas rutinas lo que se hace es limpiar la conciencia que acusa. Porque para eso tenemos conciencia: la conciencia acusa. Pero tú la cauterizas.
4. El ser humano es bien orgulloso, y no es por el pelo que se hace: es adentro, en esa profundidad de un silencio que se nos hace compinche. Nadie te puede acabar: tu silencio es el que te acaba.
5. ¿Crees que un hijo puede hacer por ti alguna maravilla? ¿O que una madre puede hacer maravillas? Absolutamente no podemos; somos limitados. El que hace maravillas es Dios, y de nosotros mana sencillamente el servicio por amor.
B. Renacer por la fuerza del Espíritu.
1. El día que nos convertimos, si Jesús llegó y te lavó con su sangre preciosa, es para que llegue completamente el Espíritu Santo a nuestras vidas.
2. Y entran esas fuerzas, de modo que tú ya no eres común ni corriente: no hablas bobadas ni te mueves conforme a lo que tu antigua persona te dicta.
3. Porque tu personalidad se impone tanto que opaca completamente al Espíritu Santo en tu vida.
4. La persona que tiene el Espíritu Santo no es meramente la que viene a la iglesia: es la que sabe que es guiada por Él, que Él le revela las Escrituras y que Él es quien le redarguye.
5. El Espíritu Santo no puede estar donde hay manchas. Tu causa la puedes defender con otro mortal; pero ante el Espíritu Santo uno no se puede defender.
6. Reconciliación es desenojar, es quitar el enojo. Si Dios te quiere usar, y eres parte de su cuerpo, y estás viviendo una quinta parte en la carne, ahí no puede haber esa relación.
III. Ve a lavarte en el estanque de Siloé; fue entonces, y se lavó, y regresó viendo (Juan 9:7).
A. Jesús iba de camino a reconciliar consigo a un ciego.
1. ¿No podría Jesús haberlo sanado de inmediato allí? Pero un barro que sane no se asocia con medicina.
2. ¿Por qué llega Jesús a este ciego entre toda la multitud? Porque fue directamente a que él se reconciliara con Él. A Jesús le interesaba un pobre infeliz, maltrecho, burlado y despreciado.
3. Miren la sencillez del cielo: buscó al ciego para que se reconciliara con Él mediante un milagro. Ese es el trato de Dios cuando quiere reconciliar al ser humano.
4. Lo único es que, después que recibimos el bienestar que a Dios le plació darnos, damos la vuelta y nos vamos.
5. Ahí empezó la reconciliación, porque ahí se activó su fe: en el estanque está el milagro, allá voy, porque el que me lo dijo es el gran Yo Soy.
6. No se trata de que recobrase la vista: él nunca la había tenido. Dios inmediatamente le creó la vista. ¡Qué sorpresa ver por primera vez el mundo en el que había vivido tanto tiempo!
B. Señor, hedor despide ya (Juan 11:39).
1. No hay visión sin obediencia; no hay resurrección sin reconciliación.
2. Hiede ya es un rechazo, y el rechazo es a Jesús. Marta lo conocía y lo había visto hacer muchos milagros, y dudó: llegaste tarde, cuatro días.
3. Jesús mandó que quitaran la piedra. Podría haberlo hecho Él mismo ordenándolo de palabra, porque Él creó esa piedra; pero Dios no suele hacer por los hombres lo que ellos pueden hacer por sí mismos.
4. Aprenda usted esto: no le pidas a Dios lo que tú puedes hacer bien.
5. Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano: ahí también hay un reclamo. En la vida uno habla cosas por las que tiene que reconciliarse con Dios.
6. A la mujer adúltera nadie pudo tirarle la piedra; nadie puede tirarle piedras a nadie. Pero hay que demostrar una reconciliación con Dios. El cielo no tiene filtro: al cielo se va en pureza.
IV. Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas en la sangre del Cordero (Apocalipsis 7:13-14).
A. No hay entrada al cielo sin limpieza.
1. La conversación que Juan tiene aquí es en el cielo; fue en el espíritu, y a Juan se le reveló todo lo que era el final de los tiempos.
2. Para ser limpio de verdad es cuando el hermano se reconcilia con Dios.
3. Aquí el cuerpo de Cristo ya no está en la tierra. Son esos siete años violentos, en los que aún habrá oportunidad para la reconciliación.
4. Pero no será fácil convertirse en ese tiempo, porque todos se tienen que sellar en la frente o en la mano derecha; de esa forma se ha de pagar lo que se ha de comer.
5. ¿De qué forma llegan entonces los vestidos de blanco al trono? Aquellos que se dejaron ejecutar. De la única forma en que podemos ir al cielo es con la sangre del Cordero.
6. Las palmas que llevan no son solo de victoria, sino también de martirio: perdieron violentamente la vida en la persecución encendida por el anticristo, por causa de la Palabra de Dios.
B. El sexto sello y la ira del Cordero (Apocalipsis 6:10-17).
1. Los que moran en la tierra son los incrédulos que toman la tierra como su hogar. A los mártires se les da vestidura blanca como símbolo de su rectitud, y se les manda reposar hasta que se complete el número.
2. La apertura del sexto sello produjo enormes convulsiones de la naturaleza: un gran terremoto sacudió la tierra y el mar, y todo el globo se mueve.
3. El sol se puso negro y la luna como sangre; las estrellas cayeron como la higuera deja caer sus higos; y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla.
4. Todo monte y toda isla fueron removidos de su lugar. Las islas van a desaparecer, dicen las Escrituras; también esta, que es pequeñísima.
5. No es sorprendente que todas las clases de la sociedad se viesen sobrecogidas de pánico, reconociendo que Dios estaba derramando su ira. Se escondieron en las cuevas; no quisieron reconciliación.
6. Preferían ser aplastados por los montes antes que soportar el juicio de Dios y la ira del Cordero. Se dieron cuenta demasiado tarde de que ningún rebelde podrá sostenerse en pie. La reconciliación es ganar; estar lejos del Señor es la gran tragedia. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
