Mega Zoé
Estudio #1558Iglesia en las casas

Confianza en Dios

Perseverar en la oración y atender la Palabra de Dios sostienen el llamado central de este estudio.

Antiguo TestamentoSalmosMiercoles, 3 de diciembre de 20256 min lectura

"Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, porque Jehová sostiene su mano. Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan." Dos versículos, y un mensaje entero. Es el testimonio de un anciano al final de su vida: David había visto guerras, escasez, traiciones y persecuciones; lo único que nunca vio fue a Dios abandonando a los suyos. De ahí el estudio recorre las etapas de la vida hasta la vejez, define quién es el justo -no el perfecto, sino el que confía y camina rectamente- y expone las tres verdades eternas que el salmo afirma, cerrando en la promesa de que la caída no es el final.

I. Dios puede probar al justo, pero nunca lo abandona

A. Dios permite pruebas, y muchas: la vida se compone de pruebas. Pero nunca se ha visto un justo desamparado, lo cual significa que ninguna prueba te va a vencer.

B. Las pruebas no traen un libro: nos obligan a ejercitar la vida en Dios y a llevarlo todo en oración. Sin oración no hay quien se mantenga en pie.

C. En muchas ocasiones somos nosotros quienes damos pie, porque llevamos dentro una pizca de ser bien agalludos.

II. "Joven fui, y he envejecido": las etapas de la vida

A. El envejecer comienza desde que uno nace; lo que hay son etapas. La fuerza del joven se agota rapidito.

B. En la infancia y la niñez hay cosas que marcan, pero todo depende de uno. En la adolescencia hay mucha inmadurez y mucho pretender sin saber; por eso a un adolescente hay que aconsejarlo con su padre y su madre presentes.

C. En la adultez, lo conquistado trae orgullo y presunción; y sin embargo el dinero nunca alcanza.

D. La vejez desnuda todo lo que es el corazón y todo lo que es la mente. El sabio cuenta sus días, y contar es ir restando, cosa que nadie quiere hacer.

E. Si no superas una etapa, arrastras la siguiente. Por eso hay que adiestrarse en vivir cada una, para llegar a la vejez con el mejor proceso.

F. Lo único que hay que hablar con la vejez es cómo conocer a Dios más. Y no hay nada peor que la vanidad, porque en la tierra todo lo vano se va a terminar.

III. El versículo es una declaración de fidelidad divina

A. Es un recordatorio eterno de que Dios cuida, sostiene, respalda, apoya y protege al justo.

B. Por eso hay que ser fiel: porque mañana el día se hace malo, llega la mala noticia, se quita la fuerza, y se descubre lo que se llevaba escondido.

C. David escribe estas palabras al final de su vida. No es teoría ni un conjunto de ideas: es un testimonio, un relato de quien había visto guerras, enemigos, escasez, traiciones y persecuciones.

D. Lo único que David nunca vio fue a un justo abandonado por Dios.

E. Y como no se sabe cuándo vendrán a pedir tu alma, hay que estar al día: el cuerpo depende del alma y del espíritu, y hay solo dos destinos.

IV. Quién es el justo

A. Ser justo no es ser perfecto: es el que confía en Dios y busca caminar rectamente.

B. Caminar rectamente no admite el "es que me hicieron esto, y por eso yo…".

C. El justo sabe distinguir lo bueno de lo malo y honra al Señor. Abrimos la boca y hablamos sin examinar si lo que hablamos fue bueno o malo, y eso es peligroso.

D. Si no se nos antoja caminar rectamente, hay un cielo que no nos espera; y si caminamos rectamente, hay un cielo que sí.

V. Primera verdad: Dios nunca abandona lo suyo

A. Puedes pasar pruebas, pero no estarás solo.

B. Puedes atravesar escasez, pero no estarás sin provisión.

C. Puedes llorar, pero no serás desamparado. Nada de esto nos hace víctimas.

D. En lo que vivimos no nos toca pasarlo solos: Él envía ángeles en esos momentos, porque del cielo se mueve mucho bien hacia la tierra.

VI. Segunda verdad: Dios sostiene al justo aun cuando no se ve

A. En el día malo preguntamos "¿dónde está Dios en esto?", porque no se siente consuelo ni se ve la salida.

B. El salmo responde: Él sigue ahí, Él no abandona, Él sostiene, Él siempre está a tu lado.

C. Y quizá lo que falta es orar más, porque la oración del justo obra eficazmente.

D. Cuidado con el compañerismo con el mundo: si somos Iglesia de Cristo, hay que serlo absolutamente.

VII. Tercera verdad: la bendición alcanza a la descendencia

A. "Ni su descendencia que mendigue pan." La fidelidad del justo atrae misericordia sobre su familia, y eso está en nuestras manos.

B. No estamos en la tierra como personas de adorno, sino para bendecir, porque hemos sido bendecidos.

C. Dios no solo cuida al justo: cuida a sus hijos y a los hijos de sus hijos. Y lo que llega al corazón de Dios, Dios lo obra.

D. Tu fidelidad genera herencia espiritual y protección para las generaciones venideras. Pero exige oración, búsqueda y santificación: no se viene a la iglesia viviendo en pecado.

E. Lo que se siembra en fe hoy, los hijos lo cosechan mañana. No es decir que somos: es demostrar que somos, porque los ángeles escriben y en el cielo los libros se abrirán en el juicio.

VIII. "Cuando el hombre cayere, no quedará postrado"

A. La Biblia no dice "si cae": dice "cuando". Habrá tropiezos, momentos de debilidad, errores, temporadas de peso fuerte y carga violenta.

B. Dios sabe que somos humanos, y no exige perfección sino dependencia.

C. Postrado es derribado, derrotado, sin fuerza para levantarse. La promesa es: te puedes caer, pero no te quedarás caído.

D. La caída no es el final, la prueba no es el final, el dolor no es permanente, y el enemigo no tiene la última palabra.

E. "Porque Jehová sostiene su mano": no te levantas solo. Es como el padre que camina con su hijo: el niño tropieza, pero no cae del todo, porque va agarrado de la mano.

F. Lo que Dios sostiene nadie puede derribarlo: el que se mete contigo se mete con Dios.

G. Dios fue fiel en el pasado -mira atrás y verás su mano en cada temporada-, es fiel ahora aunque no lo pienses, y será fiel en tu futuro, que está bajo su control.

IX. Aplicación

A. Empieza el día en oración. Lo que sostiene en pie no es el temperamento ni la experiencia.

B. Escoge lo que escuchas y con quién hablas: mucha conversación solo alimenta la vanidad.

C. Vive bien la etapa que te toca, porque la etapa mal vivida se arrastra a la siguiente.

D. Mide tus palabras antes de soltarlas: el justo distingue lo bueno de lo malo también en lo que dice.

E. Siembra fidelidad pensando en tu descendencia; la misericordia que atraigas no se queda en ti.

F. Cuando caigas, no te quedes caído. Humíllate, y Dios te levanta de nuevo.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz