Mateo 28:1-20
Los discípulos hicieron cita para encontrarse con el Maestro en un monte en Galilea. Hoy también nosotros hacemos cita para encontrarnos con Dios en el Monte, en las alturas de una comunión espiritual. Pero, parece que muchos hacen cita no con Jesús, sino con sus problemas y enfermedades, con el cansancio y con todo lo vano que que les ocupa mucho tiempo en este mundo. La cita que hacemos deja dicho cual es nuestro mover y cuales son nuestras preferencias en la vida. Sucede que en nuestros oídos llegan muchas voces que nos invitan a citas, voces que se convierten en una música que nos dice, "¡Baila a este son que te estoy tocando!" Si no despertamos a la realidad, no nos daremos cuenta de con quién tiene que ser nuestra cita, que es con Dios, nuestro Señor y Salvador. Si no nos despertamos a la realidad nos pondremos a bailar al son que nos toquen y nuestros pies serán sacados del camino de la verdad y de la bendición. Abre tus ojos, no pierdas tus bendiciones por nada de este mundo. Triste de aquel que se deja llevar de esas voces y no sigue la voz del Maestro. La voz de su mandato. A veces porque alguien murmuró de ti, te tambaleas y te sales del camino. Entonces, nuestro pensar tiene que ser, que aunque nos quieran tocar la música que quieran, yo tengo una cita con Dios y no me voy a detener. Debemos ser capaces de administrar bien nuestra vida para llegar a la cita que tenemos con el Dios de los Cielos. Por eso padres, enseñen a sus hijos para que distingan entre lo de Dios y lo de este mundo, para que sepan admirar y escoger la bendición del Reino de Dios y no bailen el son de lo que es malo. Para que cuando les toque servir y ministrar en este Camino lo hagan con fuerzas y no sintiéndose atraídos por las corrientes de este mundo, porque nosotros somos los que conquistamos la Tierra. Porque nuestra bendición está en lo que Dios dice en su Palabra. Sus promesas son de gracia y de bendición obtenidas por el sacrifico de Cristo por nosotros. No son los hombres los que nos bendicen, sino nuestro Dios. Todo lo bueno que está en nuestro camino lo pone el Padre y lo que es estorbo Él lo quita. Es Dios el que nos bendice. Proverbios 10: 22 Él es el único que da vida y la puede quitar. El único que perfectamente me puede amar y ser justo, que me puede guiar a la verdad. Por eso mi cita es con Él. Según Mateo 28: 1 estas mujeres salieron con gran empeño para buscar el cuerpo del Maestro. Querían ver al Maestro pues Él hizo mucho por ellas. Sentían pasión por quien las había transformado, cambiado, limpiado y perdonado. En ellas había gratitud y tenían un gran deseo de encontrarse con el Señor. Por eso mismo tú puedes sacar tiempo de tu vida y agradecer lo que Jesús hizo por ti. Jesús había cambiado en ellas y sabían muy bien quién era el Señor. Aunque Él había muerto, ellas habían experimentado un cambio que ningún otro podía haber hecho. Jesús sabía todo de ellas. Su mirada era de libertad, su hablar era perdonador. Él había obrado en sus vidas y eso causaba en ellas una pasión que las llevó a aquella tumba que estaba vacía. Cuando logramos entender lo que Jesús ha hecho por nosotros entonces tenemos fuerzas y esas fuerzas demuestran gratitud. Reconocemos que tenemos una cita con el Maestro. Como ellas estaban tan agradecidas iban a buscar el cuerpo del Maestro. Les impulsaba a ir a esa cita la pasión y el amor. Pasión que a veces dejamos perder por ponernos a escuchar la música que otros tocan para robarnos el gozo y las fuerzas del espíritu. Cuando te das cuenta te has debilitado y te has convertido en el muñequito del que te toca esa música engañosa. Dice la narración bíblica en Mateo 28: 3,4 que cuando los guardias vieron el ángel temblaron y quedaron como muertos, porque era su aspecto como un relámpago. Ver resucitar a Jesús no era para ellos. Ese mensaje era para aquellas mujeres que fueron a la cita con el Maestro. Mateo 28:7 dice que el ángel les dijo: "...id pronto y decid a sus discípulos..." Les dijo que fueran a Galilea, pues Jesús había resucitado. Antes les parecía que no había esperanza, pero ¡Jesús resucitó! ¡Cristo había resucitado y muy felices estaban aquellas mujeres que le buscaron! ¿Y tu Cristo resucitó? ¿O le sirves a un Cristo que todavía está muerto en tu vida, un Cristo que no hace milagros, que está frío, rígido y que no hace nada en ti? Espero que no sea así. ¡Pues, nuestro Cristo resucitó, el Dios Soberano, el que vive! ¡Que así sea también para ti y para los tuyos! Lo importante es que tenemos una cita en el Monte de Galilea con nuestro Dios. Allí está Él, el refugio para nosotros, el camino. Tenemos que entender por completo quién es ese que nos libertó, nos lavó y nos perdonó. Ese que su tumba está vacía. Vemos en Mateo 28: 12,13 que a los soldados les ofrecieron dinero para que callaran y se vendieron diciendo que los discípulos se habían robado el cuerpo del Maestro. ¡Oh, si entendiéramos cuánto valemos y el respeto que tenemos que tenerle a las cosas de Dios! Dios envió lo mejor que tenía en el Cielo, a su Hijo. Que vino en forma de hombre y tuvo la peor muerte para quitar de nosotros toda la maldición, los juicios y la desgracia. Y sobre todo quitar la muerte eterna. Fue pobre para que nosotros fuéramos ricos, pagó con muerte llevando toda la maldad sobre sí mismo para que en nosotros no hubiera castigo. ¿Entonces, vamos a hacer como aquellos soldados que sabiendo que Él había resucitado, cogieron aquel dinero y se quedaron callados? Esos hombres vendieron la verdad y compraron la mentira. Por eso hermano, no podemos permitir que compren nuestra rectitud y vivamos en mentiras que sólo traen maldición, que acarrean toda desgracia. ¿Por qué no decir la verdad? ¿Por qué llenar los bolsillos para mentir? ¿Por qué no ser rectos y vivir en lo que el Padre quiere? Cuidado con lo que tomas de otros para mentir a sabiendas. ¿Por qué te convertirás en muñequito? Tienes que saber quién es ese que hace que tu corazón arda. Hubo un momento en que todos los discípulos se pusieron de acuerdo y subieron al Monte. Se desprendieron de lo que era su mal y de su pecado pues eran discípulos. Yo también quiero subir al Monte a mi cita con el Maestro. No buscaré primero quedar bien con los demás, porque primero es el Señor. Significa que me desprenderé de todo lo que me interrumpa esa cita. Cuando comenzamos a ser gente justa, gente separada para Dios, comenzamos a disciplinarnos evitando formas de vivir, estilos que nos destruyen que no son para el pueblo de Dios. Por lo tanto, busca a tu Amado y no lo dejes ir. Te llama Dios al Monte y te da una cita. Allí te encontrarás con un Jesús de Nazaret que resucitó y que le fue dado todo el poder. Mateo 28: 16,18 A la cita te llama Dios, encontrarás espinos, pero cuando llegues a lo alto del monte una sola luz brillará en ti. Haz compromiso, di: "No bailaré con el que me cante, sino que iré al Monte y ahí me encontraré con Dios." Tú decides si subes al Monte o no subes. Amén
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
