La condición en la que vive un ser humano es la que le hace ser y vivir de acuerdo a tal condición. La condición de aquel hombre siego le hacía vivir conforme a eso, a su ceguera. Como ciego tenía que vivir necesitando la misericordia de los que le pasaban por el lado y se compadecían. Jesús pasó por su lado. Eso fue lo grandioso. Y Jesús le devolvió la vista. Así que el ciego pudo abrir sus ojos para ver a Jesús, ahora lo tenía cara a cara para mirarlo. Nosotros somos bienaventurados porque le hemos creído sin verlo. Juan 20: 29 Se escuchaba que por allí había un tal Jesús que tenía misericordia de los que sufrían, que sanaba, que tenía compasión. Y precisamente Jesús pasaba por allí, aquel era el día indicado y el ciego estaba allí para pedir limosna como de costumbre, pero Jesús no daba limosnas, quienes acostumbramos a dar limosnas somos nosotros. Jesús no le iba a dar limosna sino que se detuvo para sanarlo, para hacer un milagro. El sabía lo que le iba a dar a aquel hombre que estaba completamente inutilizado de la vista.
Lo más difícil para nosotros es obedecer. Somos tercos porque se nos dice que hagamos algo y hacemos lo contrario. Jesús probó a aquel ciego mandándole a lavarse a un estanque y lo sanó, lo libertó y al final glorificó al Padre. ¡Cuántas cosas ha hecho Jesús en nuestras vidas! Para el que le cree en Él está todo lo que se busca. Jesús llegó a la vida de aquel ciego para hacerlo todo en él. Para lo que nos hace falta tenemos que ir a Él. Sucede que se tienen malas costumbres y nos alejamos de Dios. En nuestra necesidad, lo más pronto que podamos digámosle que nos socorra. Jesús venía a hacer las obras del Padre, se detenía a tener compasión de los demás y eso tenemos que hacer nosotros. Todavía los discípulos no habían sacado de sí mismos lo que les estorbaba para hacer misericordias como las hacía Jesús. Somos discípulos y tenemos que sacar unas cosas de nosotros para ser como Jesús. Como Jesús se compadecía también nosotros nos tenemos que compadecer.
La obra de Dios ha de ser manifiesta en aquel que lo necesita. Juan 9: 3 Podemos tener muchas razones para no hacer, pero no podemos por eso dejar de ayudar porque tenemos que movernos y hacer mucho. Donde nosotros como individuos nos metemos a hacer bien el Padre se va a glorificar y habrá un pueblo que le adore. Si estamos dispuestos a ayudar movemos los milagros, la persona cree y va a adorar a Dios para el resto de su vida, pero se necesitan hombres y mujeres dispuestos. Miremos lo que es necesario que sea manifiesto. Nos es necesario que sea manifiesta la obra del Padre en medio nuestro. Jesús les aclaró muy bien a los discípulos, escupió en la tierra, hizo lodo y lo untó en los ojos de aquel ciego. Se tomó toda la molestia en detenerse. Aun con su palabra podía haberlo hecho, pero se inclino, tomó todos sus cuidados porque aquel ciego necesitaba el favor no de cualquiera sin interés, sino de un Jesús que lo amó con entrega.
Hoy día no se ama a quien se tiene que amar. Jesús vino a buscar al quebrantado, al humilde. Lucas 4: 18 Dios se iba a glorificar en aquella ceguera. Aquel ciego estuvo dispuesto a la obediencia, Jesús le dijo que se lavara en el estanque de Siloé y éste hizo lo que tenía que hacer, lo que se le había enviado a hacer porque necesitaba un milagro. Si Él nos manda tenemos que obedecer. Jesús le dijo que fuera al estanque, no que le iba a llevar y él fue y por su obediencia pudo ver. Jesús hizo un milagro y tenemos que depender de su poder cuando Él hace. Aquel hombre necesitaba un milagro entonces iba a hacer lo que fuera y cuando recobró la vista pudo agradecer, quedó libertado de todo conflicto así que pudo dar la gloria a Dios.
En algunos hay queja y lamento en vez de buscar a Jesús. Cuando Jesús llega cambia toda nuestra vida. En las circunstancias que estamos viviendo todo nuestro ser cambia para comenzar a vivir en la fe en quien hemos creído. A la gente que estaba allí le fue de duda y comenzaron a preguntar. En aquel hombre había sucedido el milagro de su vida. El no conocía bien a Jesús, pero sabía que alguien lo había sanado. Cuando Jesús habla las personas son transformadas porque es un camino de fe. Era aquella fe, aquel atrevimiento y obediencia de quien ahora su aspecto era diferente, era uno que creyó en Cristo por eso ya todo su hablar y su cuerpo habían cambiado. No había ninguna limitación dentro de él entonces florece en él virtud, milagro de un creyente. Fue un hombre que dejó que Jesús entrara y comenzó a creer.
Los fariseos estaban averiguando que había sucedido y aquel hombre puso punto final a aquella conversación contestándole que aquel que se llamaba Jesús lo sanó. ¿Desde cuando aquel ciego le importaba o interesaba a alguien? De pronto era muy importante para todo el mundo. Jesús lo había sanado un día de reposo y esa fue la causa por la que juzgaron a Jesús. Jesús no vino a perder tiempo y en un sábado había un ciego y tenía que sanarlo. Moisés había enseñado bien. Dios conoce la vida porque es un Dios vivo. A los Fariseos también le causó grande curiosidad la sanidad de aquel hombre, pero éste fue muy preciso a todas sus preguntas, no entró en muchos detalles con ellos, pero ya se estaba incomodando. El ciego quería ver y Jesús hizo el milagro. Se quebrantó entonces un sábado. Estaban en la lucha de que un pecador no podía hacer milagros, pero en Jesús está todo. A este hombre no le creen, mandan a llamar a sus padres quienes le confirmaron que era ciego de nacimiento y éste ya le había dicho claramente que ya se los había dicho.
La oveja escucha la voz de su pastor. Juan 10: 16 El discípulo sabe conocer la voz de Dios. Ellos no habían conocido la voz de Moisés. El que es oveja escucha y si ellos hubieran sido ovejas hubieran conocido al Maestro. Moisés era menos que Jesús. Ya aquel hombre tenía una convicción en todo su ser. La falta de amor nos expulsa de Dios. Cuando conozcamos lo que Dios ha hecho, cuando Jesús nos reclame si creemos en Él entonces es porque hemos tenido esa experiencia con el Señor. Aquel hombre llegó donde Jesús luego de ser expulsado de la sinagoga y le adoró porque entendió que el milagro había salido de Jesús. El diablo no quiere que adoremos a Dios. Se adora a Dios porque Él es poderoso y ha hecho muchas cosas en nosotros. Lo más que el diablo le gusta de nosotros es el silencio. Cuando hemos reconocido que Jesús ha hecho el milagro entonces le adoramos con todo nuestro ser. Él siempre está haciendo maravillas con nosotros. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Aprendo de Jesús a Tener Compasión y Vivir en Milagros
Juan 9:1-7
“Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.”
Jesús pasó al lado de un ciego de nacimiento que pedía limosna, y no le dio limosna: se detuvo, tuvo compasión y le hizo un milagro. Así tenemos que ser los discípulos, compasivos y obedientes, para que la obra de Dios se manifieste. Estos son los puntos para la semana.
- Aquel ciego vivía conforme a su condición, necesitando la misericordia de los que pasaban. Jesús pasó por su lado, y eso fue lo grandioso: no le dio limosna, se detuvo para sanarlo.
- Lo más difícil para nosotros es obedecer; somos tercos. Jesús probó al ciego mandándolo a lavarse al estanque, y él fue. Si Él nos manda, tenemos que obedecer: por su obediencia pudo ver.
- Los discípulos todavía no habían sacado de sí lo que les estorbaba para hacer misericordia como Jesús. Somos discípulos y tenemos que sacar cosas de nosotros; como Jesús se compadecía, nosotros también nos tenemos que compadecer.
- Podemos tener muchas razones para no hacer, pero no por eso dejemos de ayudar. Donde nos metemos a hacer bien, el Padre se glorifica, y la persona cree y adora a Dios el resto de su vida.
- Jesús pudo sanarlo con su palabra, pero se inclinó, hizo lodo y lo untó en sus ojos. Aquel ciego necesitaba el favor, no de cualquiera sin interés, sino de un Jesús que lo amó con entrega.
- En algunos hay queja y lamento en vez de buscar a Jesús. Cuando Jesús llega cambia toda la vida: aquel hombre no conocía bien a Jesús, pero sabía que alguien lo había sanado, y lo dijo.
- Expulsado de la sinagoga, aquel hombre llegó a Jesús y le adoró. Lo que más le gusta al diablo de nosotros es el silencio; cuando reconocemos que Jesús hizo el milagro, le adoramos con todo nuestro ser.
Detente ante una persona necesitada que normalmente pasarías por el lado, y ayúdala con amor y no por cumplir.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
Lodo en los Ojos
Juan 9:1-7
Para leer en voz alta con los niños
“Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: aquel hombre nació ciego para que todos vieran lo que Dios puede hacer. Jesús hizo lodo con tierra y saliva, se lo puso en los ojos y lo mandó a lavarse al estanque de Siloé; el ciego fue, se lavó y regresó viendo.
- El ciego pedía limosna todos los días. Jesús no le dio unas moneditas: se detuvo, lo miró con amor y le dio algo mucho mejor, la vista.
- Jesús le dijo: «Ve a lavarte». Él obedeció, aunque no entendía todo. A veces nos cuesta obedecer y hacemos lo contrario, y así nos perdemos lo que Dios quiere darnos.
- Jesús se tomó la molestia de detenerse y agacharse. Tú también puedes detenerte a ayudar a alguien que está triste, solo o necesitado.
- No busques excusas para no ayudar, como «estoy ocupado» o «no es mi problema». Cuando ayudas, la gente ve el amor de Dios.
- Unos hombres importantes no le creían al que había sido ciego y lo botaron de la sinagoga. Pero él no se calló: dijo que Jesús lo había sanado.
- Después fue donde Jesús y lo adoró. Al diablo le gusta que nos quedemos callados; cuando Dios hace algo bueno por ti, dale gracias y cuéntalo.
¿A quién has visto que necesita ayuda?
Esta semana, detente a ayudar a una persona con amor, como lo hizo Jesús.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
