El pueblo de Israel tenía que saber que había deberes y todo el peso del pueblo estaba sobre el rey. Nosotros tenemos una verdad y por tal razón no somos movidos por lo erróneo. Hay muchos enviados que vendrán para descubrir lo que Dios hará en medio nuestro y tenemos que abrir los ojos y ver porque éstos vienen a descubrir, pero solo podrán hacerlo si en nosotros se apodera el orgullo. A veces quien habla y habla es la voz del orgullo. El humilde reconoce que es Dios quien hace, por eso calla porque no es su fuerza sino que Jehová ha hecho abundantemente conforme a cómo lo hemos buscado. Si algo pide Jehová del que ha visto su gloria obrar es mucho silencio porque al que Dios quiere bendecir y dar abundantemente lo hace en silencio porque ahí es donde Dios hace. Cuando uno dice lo que Dios ha hecho es porque se está vendiendo.
Si algo nosotros debemos aprender es amar las vidas y por eso nos movemos. Todo lo que tenemos que hacer no es en voz alta sino en silencio para que el que quiera venir al Señor tenga mente clara de cómo llegar a su casa. Por amor es que llevamos a la gente a los pies del Señor. Aquí hay silencio para nosotros y gloria para Dios. El pide que le adoremos y le amemos. 2 Crónicas 32:31 Todas las cosas que suceden en la iglesia es porque Dios permite que sucedan y Él escoge todo el proceso en que nos va a someter. Muchas razones había para que Babilonia viniera al reino. Ezequías tenía al profeta Isaías a su lado en ese tiempo. La primera razón que movió a Babilonia a ver qué era lo que estaba sucediendo era que el poder de Dios se estaba manifestando fuertemente en el pueblo. No era que Ezequías era algo porque era un rey como los otros, ni que tenía ninguna fuerza natural sino que el poder venía de Dios. Cuando nosotros tenemos confianza en Dios y dependemos de Él nos ponemos en sus manos y descansamos completamente en Él, pero para eso hay que tener un corazón puro, con nada grande en el hombre sino que mientas más nos entregamos a Dios más Él va a hacer en nosotros. Veamos la intención del corazón de la gente. Los de Babilonia se enteraron que Ezequías había sino sanado y que el sol había retrocedido y vinieron a ver.
Procuremos que se hable del fruto de Mega Zoé. Hay muchas religiones que piensan que hay una obligación de mantenerse unido. Los de Babilonia adoraban al sol y entonces pensaron que su Dios había sanado a Ezequías. 2 Reyes 20:9 La otra razón por la que vinieron fue por interés político porque le convenía tener a Ezequías de su parte porque vieron que Jehová salía a su favor. Nuestra confianza no es en hombres ni en los caballos de Egipto sino en Dios. Ninguna victoria puede venir de ningún ser humano porque éste es débil. El que se levanta en contra nuestra no es para vida sino para muerte, entonces no son nuestras fuerzas sino un Dios poderoso en quien hemos puesto nuestra confianza. Al rey de Asiria le convenía tener amistad con Ezequías porque había un Dios poderoso que salía a favor del pueblo. A toda persona le conviene tener amistad con aquel que está cerca del Dios Todopoderoso. El rey recibió a Babilonia con alegría, se excedió. Nadie que sabe que Jehová es el que ha hecho las maravillas y que de Él viene el poder, le da honor a aquel que viene buscando con falsa intención como si fuera amigo. A veces nos olvidamos que Dios es el que hace. Muchos vienen para destruir. Nadie necesita de tanto honor que no nos pertenece, los cumplidos no son buenos.
Los de Babilonia eran idólatras y Ezequías estaba dispuesto a unirse a la idolatría. Las fuerzas del pueblo no están en las multitudes sino en Dios. Ezequías en su acto, en su comportar de vanagloria le enseña todo lo que tenía, lo que había en la casa. Toda esa información que soltamos en muchas ocasiones son actos de vanagloria. Lo mejor es quedarnos callados. El rey de Babilonia era un rey grande y rico y por mucho que Ezequías le enseñara no igualaría lo que tenía porque éste destruía y poseía de todo el mundo. Isaías le traía a Ezequías en muchas ocasiones consuelo y le hablaba de parte de Dios, pero ahora venía palabra de Dios con mucha fuerza en contra suya porque la vanagloria lleva reprensión y castigo de parte de Dios. Cerrémosle las puertas a la vanagloria porque ésta nos hace mucho sufrir porque trae castigo de parte de Dios.
Hoy día se vive en lo que son las costumbres de lo que es la Iglesia, un lugar donde se pasa bien, se dice algo de las Escrituras, pero cuando queremos entrar en la profundidad de ella debemos verla clara para que ésta nos enseñe y nos corrija. Al hombre y a la mujer de Dios nadie los debe comparar cuando éste mantiene integridad. A veces se le echa la culpa a cualquiera porque no hemos conocido a un Dios Santo, Santo, Santo. Hay cosas que comienzan a suceder para que conozcamos lo que hay dentro del corazón. Isaías estaba tranquilo y habló a Ezequías. Isaías pudo hablar porque mantenía su integridad. El entendía (2 Crónicas 32:3) que mientras más se le da al hombre más tentación de vanagloria va a tener, pero Dios le había dejado para probarle, para dejar conocer lo que había en su corazón. Las caídas son feas y hacen daño al que cae como al que está alrededor. A veces queremos pasar como torpes cuando conocemos y sabemos mucho.
No hubo cosas en su casa ni en sus dominios que Ezequías no le mostrase a los de Babilonia. Isaías mantuvo un diálogo con Ezequías y aunque lo sabía todo le pregunta qué habían visto aquellos en su casa y Ezequías le contestó que le había mostrado todo. Isaías era su profeta y le hablaba con sinceridad. El corazón de Ezequías había sido traicionado por la vanidad. Nuestro corazón nos traiciona y lo sabemos cada vez que hablamos por tal razón para no morir lo mejor es que Dios deje ver el mal que hay en él.
Nosotros representamos a Dios en esta tierra. Los tesoros que tanto nos enorgullecen serán pronto la prenda ajena. Los de Babilonia llegaron mirando, examinando, preguntando. Ezequías era un hombre bueno y prudente, pero cuando Dios comenzó a obrar el milagro a su favor le resultó difícil cuidar su corazón y le azotó el lazo de la soberbia. Dios demanda que el pueblo debe cuidarse. Sutil y venenoso es el orgullo y debemos humillarnos. Ezequías recibe un mensaje a fin de que se humillara y fuera convencido de su insensatez. Más adelante los de Babilonia tomaron a Jerusalén y la destruyeron. ¿De donde vamos a descansar de nuestros enemigos si lo que están buscando es destruirnos? El cuidar el corazón del orgullo es lo que nos librará hasta el fin y no hacer alianza con los farsantes creyentes ni idólatras sino hacer voto con Dios porque éste si sabe cómo conservarnos. No comamos el plato de nuestro enemigo. Lo que hay en nosotros Jehová nos lo va a dejar ver para probarnos. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
