Mega Zoé
Estudio #0677Iglesia en las casas

Cuando Buscamos Socorro Escondiéndonos En La Cueva y No En Dios

Cuando Buscamos Socorro Escondiéndonos En La Cueva y No En Dios llama a atender la Palabra de Dios y perseverar en la oración.

Antiguo Testamento1 Reyes6 min lectura

Elías estaba muy ocupado mentalmente por todo lo que había en su corazón. El profeta estaba lleno de coraje, de molestias y de muchos reproches. Aunque tenía compasión por el pueblo, la dureza de ellos lo llevó a que su corazón se llenara de mucho enojo. En la vida, a todos nos tocan vivir ciertas experiencias para poder crecer. Pero hay un problema cuando lo vivido nos llena de ira, de coraje provocando en nosotros el mal carácter. Entonces nos salen por la boca las respuestas groseras, nos ponemos ásperos y actuamos sin consideración a los demás. No hay nadie que pueda hacer cambiar todo esto en el hombre sino tan solo Dios.

Elías estaba molesto y luchando con sus miedos, eran mil cosas las que le atormentaban. El gran error es olvidar que Dios es el que nos llamó y es Él quien siempre saldrá a favor de nuestras vidas. En aquellas circunstancias Elías tenía su auto justificación. Denunció el mal en los hijos de Israel según lo que había visto y sabía. Sabía de los pecados del pueblo y los acusaba mientras defendía su propia fidelidad. Pero, el problema en la vida es que uno no lo puede saber todo, tan solo puede ver o entender hasta donde le alcanza la vista. Solo nuestro Dios conoce perfectamente mientras que nosotros no podemos ver y entender todo lo que Él hace. Por lo tanto, debemos actuar conforme a la fe en la cual confiamos en Dios y no por lo que la vista nos pueda dejar ver. Si no descansamos en nuestra fe en el Señor nos desesperaremos y actuaremos a lo ligero como hizo Elías.

Elías huyó de las amenazas y se metió en una cueva para esconderse. Se dice que también Moisés estuvo en aquella cueva cuando Dios le dejó ver sus espaldas. Éxodo 33: 15, 21, 22 Dios estaba buscando a Elías, pues Él era su hijo. Lo buscó y lo encontró en aquella cueva oscura. Entendamos que Elías por más que quisiera huir no podía esconderse de la Palabra de Dios sobre su vida. "¿Qué haces aquí, Elías?", le dijo Dios. Nadie puede esconderse del ojo, del brazo, ni de la Palabra de Dios. Y en el versículo 13 Dios le vuelve a preguntar lo mismo dos veces. Era como decirle: "Elías, este no es tu lugar." ¡Imagínate! Una cueva no es para ser la morada de un profeta. No era para Elías el papel de un hombre que vive escondido en un desierto solitario y en silencio. Elías era un profeta de Dios. Como profeta tenía que estar presente entre los hombres reprendiendo al pueblo, a la malvada Jezabel, al malvado rey Acab y a todos aquellos hombres perversos. También debía estar animando a los que no se habían apartado de Dios. Sin embargo, la realidad era que estaba huyendo de Jezabel y del pueblo. ¿Acaso Dios no era más poderoso que aquella mujer perversa y que cualquier turba humana?

Dios confrontó a Elías con aquellas palabras, "¿Qué haces aquí, Elías?" Cuando somos confrontados lo propio es que salgan las grandes excusas. Elías evaluó su trabajo diciendo que todo su esfuerzo había sido en vano. También se hizo el fiscal de aquellos hombres acusándolos cuando antes era el abogado de ellos. Alega que han dejado a Dios y los pactos. Así que Elías los dejaría a ellos. Así estaba de agotada la conciencia del profeta. Pero, Dios sabía muy bien el trabajo que él había hecho y que en aquella hora le faltaron las fuerzas para seguir hacia adelante. Al Elías huir y esconderse dejaba solo y a sus anchas a un enemigo que no tenía compasión con nadie o con cosa sagrada, a los malvados Acab y Jezabel y al pueblo que les seguía.

Elías acusaba, así son nuestras frustraciones. En verdad, los israelitas tenían la circuncisión que era la señal del pacto, pero habían abandonado el servicio y la adoración del verdadero Dios. Habían derribado los altares de Dios. Habían matado a espada a los profetas del Señor. Este era el motivo de Elías para esconderse, él se había quedado solo. Contra él estaban millares de hombres y entre ellos no se encontraba a salvo. Prefería conservar su vida huyendo a aquella soledad antes que reformar a los que aborrecían ser reformados.

Dijimos que también Moisés estuvo en la cueva. Dios quiso que Moisés entrara en la hendidura de la peña cuando la Gloria de Dios le sería mostrada. Pero, con Elías Dios trabajó de una manera diferente. Dios quiso que Elías saliera de la cueva no que se escondiera en ella. El Señor se le iba a revelar, así que Elías escuchó primero un viento tan fuerte que rompía los montes, después un terremoto, después un fuego, pero Dios no estaba en el viento, ni en el terremoto, ni en el fuego. El Señor llegó a Elías en medio de un silbo o susurro apacible y delicado. Con aquello Dios quiso dejarle ver al profeta que para poder vencer el mal no tenía que estar en la espera de constantes milagros de su poder divino. Sino que debía continuar con lo sencillo y habitual cada día, lo cual es fruto de la paciencia y de la fe en Dios. Eso fue lo que le faltó a Elías; la paciencia y la fe para creer que Dios siempre haría su obra como la había hecho hasta entonces.

¿Cuándo es que somos útiles? ¡Siempre! No somos útiles solo cuando las cosas están bien. Elías, como siervo de Dios, sufrió cuando adoptó una actitud de auto importancia. Nadie puede ser mayor en el reino de Dios, lo que todos damos es un servicio. Cuando Elías se dio cuenta de que en aquel susurro estaba la genuina presencia de Jehová se cubrió el rostro con el manto, sintió pavor ante el paso de la Gloria de Dios. Había escapado de su deber por cobardía ante la amenaza de Jezabel cuando tenía cerca de sí la Gloria del Dios Omnipotente. Ahora tenía que pararse frente a la entrada de la cueva, ahora tenía que estar listo bajo esa Gloria de Jehová para escuchar lo que Dios quería decirle. Dios volvió a preguntarle: ¿Qué haces aquí, Elías? Elías le contestó igual; que tenía un vivo celo por Jehová, "…los hijos de Israel han dejado tu pacto, derribado los altares, mataron a los profetas, solo yo he quedado." Pareciera que con la visión y revelación que Dios le dio aún todavía no entendía que tenía que continuar con su ministerio como siempre.

Elías tenía que seguir declarando la ley de Dios por el medio ordinario de la predicación. Elías buscaba un gran milagro que espantara a la gente, porque eso le llena al hombre por el momento. Pero, era un asunto de tan solo predicar, la fe les llegaría por el oír de la Palabra. Dios lo envió de nuevo por el desierto de Damasco a llevarle palabra al pueblo rebelde de Israel. Castigo de Dios querían y castigo le llegaría a aquel pueblo mediante los tres hombres que Elías pondría a gobernar según Dios le ordenó.

La lección para Elías fue fuerte y clara: cuando el mal nos amenaza no hay que huir para socorrerse en una cueva. Mejor es quedarse quieto en Dios y Dios saldrá por nosotros castigando al malo y al rebelde. Confiemos en Dios y actuemos mediante la fe y no corramos ni juzguemos según la vista y las emociones. Amén.

Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz