"Roca mía, no te desalientes de mí, para que no sea yo, dejándome tú, semejante a los que descienden al sepulcro." El rey David le decía a Dios: No me descuides, no me abandones, no me dejes a un lado. En Deuteronomio 32:4 dice: "Él es la Roca, cuya obra es perfecta…" Por eso David decía: "A ti clamaré, oh Jehová. Roca mía…" Es como decir: ¡Tú eres mi Roca! ¡Es a ti y solo a ti que clamo, oh Jehová! "Tú eres mi Roca", así es el Señor para David, con todo lo que esta palabra Roca implica en cuanto a seguridad, fuerza y estabilidad.
Consideremos estas tres cosas que representa la Roca que es nuestro Señor. Primero, el Señor como la Roca es SEGURIDAD, que es la ausencia de peligro o riesgo, es la sensación de total confianza que se tiene. Segundo, el Señor la Roca es la FUERZA, la capacidad para realizar un trabajo; es el poder. Por último, el Señor tiene ESTABILIDAD, significa que tiene equilibrio, que es estable para evitar la crisis, que no tiene altibajos. David clamaba a ese maravilloso Dios. "¡Qué tus oídos me escuchen porque de no ser así perezco!" "No me dejes para que no sea yo, dejándome tú, semejante a los que descienden al sepulcro." Si Dios nos deja es como perder la Roca e ir al sepulcro con los malos. "Que no llegue a ser como los malos, si tú me dejas."
¿Quién dice que somos fuertes, estables y seguros? ¡Eso viene tan solo de nuestra Roca! ¡De nuestro Señor! Hermano, dirás como David: "Dios, no sea que yo, dejándome tú, llegue al sepulcro." No quiero llegar como los malos a vivir en la oscuridad, en la maldad y odio, no quiero vivir en la envidia, en mentiras, en adulterio, llegando así entonces ¡al sepulcro! Igual que los malos. ¿Le dirás tú a la Roca: "No me abandones"? ¡No te alejes porque entonces seré yo uno que va camino al sepulcro! Porque, entonces ni fuerza, ni estabilidad, ni seguridad habrá en mí. ¡Oh, Dios!
Deuteronomio 32:4 "Él es la Roca…" Él es estabilidad, es firme, un Dios que no cambia, es refugio seguro, ¡el enemigo no le puede alcanzar! Los caminos de Dios son RECTITUD, PRUDENCIA y JUSTICIA para indicar que los objetivos de Dios son siempre rectos y que los medios de que se vale son sabios. De la forma que Dios se mueve es en rectitud. Su propio Ser Divino es rectitud, como también es verdad, es luz, es amor, es vida. Su obra es perfecta, la creación, la redención, todo es perfecto, Su obra no necesita reparación ni enmienda (arreglo). ¡Con un Dios tan grande y poderoso, tan sabio, justo y confiable estamos seguros!
Dios es verdad, cuyas palabras compilan plena garantía. Porque es que Dios es fiel a toda prueba, ni puede mentir, ni puede faltar a sus promesas. ¡Él nunca falla! No hay nada ni nadie que pueda impedirle cumplir lo que ha prometido, ya sea salvación para el que le obedece, ya sea condenación para el que lo rechace. ¡No hay ninguna iniquidad en Él! No hay injusticia en Dios; el Señor nunca engaña al que confía en Él, nunca perjudica al que apela a su justicia y nunca es duro para el que se refugia en su misericordia. Él es justo y recto. La justicia de Dios siempre está impregnada de misericordia hasta confundirse con ella. Dios siempre castiga por debajo de lo merecido y premia por encima de lo merecido (éste es un pensamiento de los teólogos medievales). ¡Dios es absolutamente la Roca en la cual confiar!
Este es un cuadro claro del Dios divino. David clamaba y se aterraba solo de pensar que este Dios le dejara, por eso dice: "…para que no sea yo, dejándome tú, semejante a los que descienden al sepulcro." Eso queda para el que de Dios se olvida. Le queda caminar sin esperanza, ni fuerza, ni seguridad y tampoco estabilidad. Los que de Él se olvidan están muertos. ¡Si Dios nos deja hemos de saber que es lo mismo que ir al sepulcro lleno de muerte! ¡Nada de esperanza! Volveríamos a nuestra antigua vida de pecado, al odio, a la envidia, a la maldad, a las mentiras y a la contienda. ¡Que Dios no nos deje, porque entonces el camino será directo al sepulcro, directo al Infierno! Haz como David y clama siempre de todo corazón al Señor para conservar tu corazón limpio hacia Él, agradarle a Dios que es la Roca, amar al que te da vida. Amén.
Iglesia Cristiana Mega Zoe · Pastora Edith Cruz
Dios Es Mi Roca
Salmos 28:1
“A ti clamaré, oh Jehová. Roca mía, no te desentiendas de mí, para que no sea yo, dejándome tú, Semejante a los que descienden al sepulcro.”
David le clamaba a Dios como a su Roca, y se aterraba solo de pensar que Dios lo dejara. La Roca es seguridad, fuerza y estabilidad; sin ella no queda nada de eso, y el camino va directo al sepulcro. Estos son los puntos para la semana.
- David le decía a Dios: no me descuides, no me abandones, no me dejes a un lado. Es como decir: es a ti y solo a ti que clamo, oh Jehová, porque tú eres mi Roca.
- El Señor como Roca es seguridad: la ausencia de peligro y la total confianza. Es fuerza: el poder para realizar el trabajo. Y es estabilidad: equilibrio, sin altibajos, para evitar la crisis.
- ¿Quién dice que somos fuertes, estables y seguros? Eso viene tan solo de nuestra Roca. Si Dios nos deja, no habrá en nosotros ni fuerza, ni estabilidad, ni seguridad.
- «Él es la Roca, cuya obra es perfecta». Sus caminos son rectitud, prudencia y justicia, y su obra, la creación y la redención, no necesita reparación ni enmienda.
- Dios es fiel a toda prueba: no puede mentir ni faltar a sus promesas, sea salvación para el que le obedece o condenación para el que lo rechaza. Nunca engaña al que confía en Él.
- La justicia de Dios está impregnada de misericordia: castiga por debajo de lo merecido y premia por encima de lo merecido. Nunca es duro con el que se refugia en su misericordia.
- El que se olvida de Dios camina sin esperanza y vuelve a su antigua vida de pecado: al odio, a la envidia, a las mentiras y a la contienda. Ese camino va directo al sepulcro.
Haz como David: clama cada día de todo corazón al Señor y dile «no me abandones», para conservar tu corazón limpio hacia Él.
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
David Clama a su Roca
Salmos 28:1
Para leer en voz alta con los niños
“A ti clamaré, oh Jehová. Roca mía, no te desentiendas de mí, para que no sea yo, dejándome tú, Semejante a los que descienden al sepulcro.”
Así lo dice la Biblia. En palabras sencillas: David le pide a Dios, su Roca, que nunca lo deje solo, porque sin Él se muere por dentro. El rey David sabía que su fuerza no era suya: venía de Dios, firme como una roca grande.
- Una roca grande no se mueve con el viento ni con la lluvia. David decía que Dios es así: su Roca, firme y segura, que nunca cambia.
- La Roca te da tres cosas: seguridad, para no tener miedo; fuerza, para hacer lo que te toca; y estabilidad, para no caerte cuando las cosas se ponen difíciles.
- Tú no eres fuerte solito. Tu fuerza y tu seguridad vienen de Dios, y por eso David le hablaba y le clamaba con todo su corazón.
- Dios nunca miente y siempre cumple lo que promete. Todo lo que Él hace está bien hecho y no hay que arreglarlo.
- Pero cuidado: el que se olvida de Dios se queda sin su Roca y vuelve a lo malo: la mentira, la envidia y las peleas. Ese camino termina en muerte.
- Por eso David oraba: «No me dejes, Señor». Tú también puedes decírselo a Dios cada día, con un corazón limpio.
¿Qué cosa te da miedo o te hace sentir débil?
Esta semana, cada noche antes de dormir, dile a Dios: «Tú eres mi Roca, no me dejes».
Iglesia Cristiana Mega Zoé · Pastora Edermira Cruz
